Razones para querer a Elpidio Valdés

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Razones para querer a Elpidio Valdés
Fecha de publicación: 
25 Marzo 2020
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Elpidio Valdés, el más entrañable de nuestros personajes animados, ha quedado huérfano. La muerte del inmenso Juan Padrón, su creador, deja un vacío enorme en el cine cubano, que solo se alivia con la contundencia de su legado.

¿Por qué este simpático coronel mambí ha marcado a millones de cubanos, hasta el punto de que lo consideran símbolo indiscutible de nuestra identidad?

He aquí algunas razones:

Era —sigue siendo— un héroe con los pies en la tierra. Valiente como los héroes, pero perfectamente reconocible, más humano en la ficción que muchos humanos en la pura y dura realidad. Elpidio Valdés es simpático, pero puede llegar a ser irritable. Es apuesto y por momentos marcial, pero puede ser puesto en situaciones risibles. En algún que otro momento llega a ser temerario, desobedece órdenes y después se arrepiente. No es un héroe intachable. Como no lo son los héroes de la cotidianidad.

Las aventuras que vive están perfectamente contextualizadas en la historia nacional. Es un mambí, un luchador por la independencia nacional, alguien que cumple con su deber. Pero todo está narrado sin demagogia, sin didactismo, sin alardes propagandísticos. Nunca se pierde de vista que un animado para niños, primero que todo, tiene que divertir.

Lo queremos también gracias a sus personajes acompañantes. A Palmiche, a María Silvia, a Pepito y Eutelia, a todos los mambises, bien construidos, empáticos. Y gracias, sobre todo, a sus oponentes, a los villanos, esos españoles tan graciosos en su desgracia (Resóplez, el Andaluz, Cetáceo…), esos voluntarios cubanos tan ridículos en su indignidad: Media Cara, el Borracho… Juan Padrón siempre tuvo claro que para que un héroe brillara hacían falta villanos de altura.

Y lo hicimos nuestro por su omnipresencia. Había, claro, otros personajes infantiles. Pero Elpidio Valdés estaba en todas partes: en la televisión, en las revistas, en las mochilas para la escuela, en las carátulas de las libretas, en los parques infantiles, en los pulóveres, en los carteles… Sigue estando, aunque ahora mismo comparte protagonismo con muchos otros, cubanos y extranjeros.

Juan Padrón ha muerto, pero garantizó la inmortalidad de su personaje más querido. Desde hace tiempo es patrimonio de una nación. Con Elpidio Valdés y su tropa seguiremos cargando al machete.

 

Comentarios

Le faltó decir que lo queremos por esa voz inigualable de otro Frank. Frank González le dió al personaje todo el carisma necesario como para que sea casi irremplazable. También, casi hemos perdido a este Frank...
Es difícil preguntarle a un cubano, de cualquiera de las tres generaciones que hoy convivimos en esta isla, incluso algunos hoy en otras tierras, si no conoce a Elpidio Valdés. Razones sobran, por su cubanía, por su patriotismo, por su valentía, por la comicidad de cualquiera de los muñes en los semanarios, películas, cortos; pero sobre todo, por ser un héroe asimilable por todos, humano con virtudes y defectos, que parece salido de cualquier esquina para conquistar la gloria a golpes de machete al clarín de !A deguello!. Es tal su impronta, que algunos hasta lo han considerado real, lo han buscado en libros de Historia e incluso algunos pillos lo han utilizado como protagonista de anécdotas en sus roles de animadores por cuenta propia. Incluso, a varios años del estreno y de una menor (incomprensible) difusión de los animados que protagonizó, sigue gozando de excelente vida en la memoria popular.
energetico@blauvaradero.tur.cu

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