Osmany, el valiente chofer de la Ruta 21

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Osmany, el valiente chofer de la Ruta 21
Fecha de publicación: 
10 Julio 2020
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Desde que se declaró la Fase 2 para la provincia de Matanzas, Osmany ha vuelto a su cotidianidad en la ruta 21. A las cinco en punto sale de la base que está por el Combinado Lácteo, cerca de la salida que lleva al poblado  de Ceiba Mocha, colindante con el territorio de Mayabeque.

Al volante atraviesa la ciudad por la carretera central y, probablemente, no pueda evitar un suspiro medio nostálgico cuando hace la última parada muy cerca del Hospital Militar Dr. Mario Muñoz Monroy.

Y digo medio, y no completamente nostálgico, porque es una buena noticia que Osmany Rivera Rodríguez haya concluido sus servicios en ese centro de salud, pues significa que el último paciente positivo a la COVID 19 fue dado de alta. Sin embargo, es un sitio que se ha quedado para siempre en el corazón de este chofer con más de veinte años de experiencia:

“Para mí fue un honor tener la oportunidad de trabajar al lado de un equipo médico tan disciplinado como el del Hospital Militar y una dirección que, vaya, aquello fue lo máximo. Ver al Director del hospital como se paraba y le hablaba a los médicos que entraban y a los que salían, te digo que hasta alguna lagrimita se me fue.  Lo que más me conmovía a mí era ese momento en que salían los médicos para la cuarentena, había que ver a esos muchachos, tenían una cosa así, no sé… se sentía fuerte eso”.

No todos en la Base 26 de Julio,  de Ómnibus Urbanos de Matanzas estuvieron dispuestos a incorporarse a la tarea que se planteó “desde que empezó la COVID, tres meses atrás, con los primeros casos”. Por eso Osmany sintió más grande el deber de vencer el miedo a la posibilidad de enfermarse, aún cuando estaba en el umbral de la edad de riesgo:

“De verdad que me sentía con las facultades para cumplir la misión perfectamente y yo mismo pedí ir, porque da pena, hubo unos cuantos que no quisieron, tenían miedo, que esto y que lo otro, pero alguien tenía que hacerlo. Era necesario. Finalmente fuimos cuatro compañeros de la base”.

El 12 de junio, mientras la batalla contra el nuevo coronavirus en la ciudad de los puentes se iba  ganando, Osmany celebró su cumpleaños 60 sin dejar de trabajar:

“Nosotros hacíamos el traslado de todas las altas de pacientes que daban negativo, sacábamos todo el personal de zona roja al centro de aislamiento, con equipos médicos que los atendían, psicólogos, psiquiatras, pero la mayor parte del trabajo era con pacientes. Trabajamos con el laboratorio también, pero a lo que más nos vinculábamos era al traslado de pacientes, desde los distintos centros de aislamiento al hospital militar y cuando salían de alta”.

Tuvo suerte, ninguna de las personas que movió en su guagua resultó positiva y no fue necesario que cumpliera aislamiento. Regresaba diariamente a casa y hoy puede reírse del pánico que lo rodeó al principio:

“Imagínate, tenía que quitar a veces el letrero antes de llegar a mi casa, porque la gente me tenía hasta miedo. Mi familia no, mi familia me apoyo mucho, yo usaba siempre todos los medios de protección y me quitaba antes de entrar a la casa la ropa que había tenido puesta todo el día”.

Lo de “todo el día” es literal: de ocho de la mañana a diez de la noche permanecía habitualmente en función de los movimientos que demandara el sistema de salud, pero a veces les daban las dos de la mañana trabajando a Osmany y sus compañeros.

Sin embargo, valió la pena, me dice Osmany por teléfono. Descubrí que me hablaba desde la base por las voces de algunos colegas que no pueden evitar el más sano choteo: “vaya, te hiciste famoso”. Pero este cubano también se ríe, quizás porque sabe que detrás del “chucho” hay una buena dosis de orgullo y agradecimiento, así se lo han demostrado en todas partes:

"Nos recibieron de una forma extraordinaria, nos hicieron una actividad, vaya, por todo lo alto, nos hicieron un reconocimiento grandísimo. También en el trabajo nos han felicitado y la dirección del hospital nos hizo un reconocimiento muy especial. La medalla más bonita que a mí me pusieron fue, cuando nosotros entramos ahí el primer día, el Director se paró delante de nosotros y dijo estas palabras que no se me olvidan nunca:  bueno muchachos, esto es un equipo, aquí en este hospital todos somos un equipo”.

Por ahora, este valiente chofer vuelve a levantarse bien temprano para no fallar en el horario de abrir el turno. Este oficio es ya una parte imprescindible de su existencia y desde allí, desde el timón está dispuesto a regresar al Militar “todas las veces que sea necesario, si tengo salud para hacerlo, pueden contar conmigo para lo que haga falta”.

Ojalá que la vida premie a Osmany con mucha salud y nosotros con la tranquilidad de seguir conduciendo la ruta 21, pues de la disciplina de todos depende que el esfuerzo de hombre y mujeres como él no haya sido en vano.

 

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