Historias de Coronavirus: Llevar la escuela a la casa

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Historias de Coronavirus: Llevar la escuela a la casa
Fecha de publicación: 
7 Abril 2020
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Admirable el gesto de los padres que desde sus hogares festejaron el 4 de Abril e hicieron felices a sus hijos-pioneros. Foto: Tomada del Facebook de Giusette León

“A Daniela le estamos poniendo las teleclases y a diario le dedicamos dos horas al estudio entre semana”… “Renata se ha portado bastante bien, mejor de lo que yo esperaba, incluso con las teleclases”…

“Anakin me mira con cara de como diciendo: Mamá, ¡otra vez repaso!...

Esas son algunas de las historias de mis amigos de la Lenin, todos con la enorme responsabilidad de convertirse en maestros por estos días de Coronavirus y cuarentena, además de la perenne cruzada de ser padres.

Y digo maestros porque la realidad que nos compete supera la cotidianeidad, donde nos hacemos partícipes o nos involucramos en el sistema educacional cubano, tareas, trabajos prácticos, o sencillamente estudios de nuestros hijos.

Por eso, al igual que esos que visten batas blancas o verdes y que velan a diario por nuestra salud, la labor de los educadores no tiene precio, es invaluable y merecedora de todos los aplausos y la gloria del mundo, aunque estos quepan en un grano de maíz.

Por estos días nuevamente nuestro Ministerio de Educación y su hermano de Educación Superior hacen esfuerzos para trasladar la escuela a cada uno de nuestros hogares.

Se trata de que, mientras quedarnos en casa se convierte en una máxima crucial, de vida o muerte incluso para algunos, nuestros infantes o estudiantes no se desvinculen del estudio, tengan teleclases que les permitan refrescar y avanzar en sus niveles de conocimiento, no acusar el impasse y el “olvido” que un mes o más, fuera de las aulas acarrea consigo, e incluso puedan calificarse aptos para encarar los exámenes de ingreso a la Lenin o a la Educación Superior.

Un diseño bien estructurado por edades, grados, días de la semana y materias. Un esquema que nos permite incluso, tener o disponer de doble sesión, conjugar materias de ciencias y humanidades, hallar un intermedio de ocio o relajación y retomar con bríos el sendero del conocimiento.

Un esfuerzo que me atrevería a decir que casi ninguna nación en medio de este “apocalipsis” de pandemia ha instrumentado.

Tal es la magnitud del programa de contingencia educativo diseñado, que hasta para la educación preescolar, los lunes a las dos de la tarde, tiene su espacio frente a los televisores de cada cubano.

Y estoy convencido, por esas cuestiones de la vida y la diversidad de la especie humana, que unos cuantos desecharán esta oportunidad casi única.

A mí me gustaría pensar que la mayoría de los padres empuña tiza y borrador, bolígrafo y papel, libreta y lápiz, y con ese amor entrañable que los caracteriza, sigan el ejemplo de mis amigos de la Lenin, que ya desterraron la adolescencia y cargan la mochila llena de la paternidad, o como mi amiga y colega Giusette, que como una María Silvia estoica viste roles de madre y padre con sus Amanda Sofía y Javier Luis.

Yo, con un control muscular de espanto y habilidades casi en plano negativo para las manualidades, me he descubierto haciendo disímiles actividades con mi pequeño Enzo Samuel. Aún no va a la escuela, pero a sus tres años en estos 17 días no le han faltado actividades de dibujo, modelaje con plastilina, recorte y rellenado de figuras geométricas…

Sin tamaños recursos o desgaste el círculo infantil también podemos acercarlo a casa.

En medio de este estado de confinamiento necesario estas líneas son de agradecimiento. El saber nunca estorba, y si por voluntad de nuestro gobierno tenemos la privilegiada posibilidad de que toque a diario nuestras puertas, entonces cubanos: aprovechémoslo.

Tengamos otro motivo de peso para aplaudir cada noche a las 9:00 en punto. Uno que pasa por la entrega de muchos que de súbito reajustaron programas de estudio de cada materia para hacerlo accesible en nuestros receptores.

Me gustaría darles el hasta luego o hasta la próxima historia de Coronavirus pensando en mucho niños y sus padres, que el pasado 4 de abril no dejaron pasar una fecha tan significativa para los pioneros y jóvenes cubanos y desde sus hogares estimularon el saber, incluso vistiendo de uniforme, para que en medio de la adversidad pudiéramos asestarle una estocada de conocimiento e ideología a la Covid-19.

El conocimiento y aprender a leer es una de las maravillas en el proceso de aprendizaje de niños de primer grado. Foto: Cortesía del papá de Daniela.
Padres y niños celebran en casa con orgullo el día de los Pioneros. Foto: Tomada del facebook de Isabel Cristina López Hamze.

Comentarios

Muy bellas historias, Harold, como nos tienes acostumbrados. Gracias!
janecastle@gmail.com

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