David Sánchez, recta al medio frente a la Covid-19

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David Sánchez, recta al medio frente a la Covid-19
Fecha de publicación: 
2 Junio 2020
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Me habría gustado entrevistarlo cuando fuera líder de los lanzadores en la Serie Nacional, o cuando hiciera equipo Cuba… en fin, por alguno de los muchos logros que, estoy segura, va a tener David Sánchez Martínez en su carrera deportiva.

Pero este muchacho no solo es guapo en el montículo; en la vida también sabe tirar la recta al medio cuando hace falta, así que cuando lo llamaron de la universidad para incorporarse como voluntario a trabajar en un centro de aislamiento, la respuesta no demoró el inning: sí.

El equipo de la Covadonga

Su equipo, con el que entrena disciplinadamente, aunque tenga que recorrer muchos kilómetros, es el de Artemisa. Sin embargo, en este campeonato que va ganando Cuba frente a la epidemia, le tocó el equipo del hospital capitalino La Covadonga, en el Cerro.

«Somos un grupo de estudiantes, profesores y trabajadores recién graduados, todos muy jóvenes, de diferentes carreras y universidades: la Cujae, del ISRI, UCCFD, y de la Universidad Agraria de La Habana. A cargo de nosotros estaba un profesor de la facultad de Ingeniería Civil de la Cujae».

Aunque ya David lleva varios días en el aislamiento preventivo, para comprobar que permanece libre del virus, me habla en presente sobre el equipo, como si algo los mantuviera unidos definitivamente:

«Nuestra relación es excelente. La primera vez que nos vimos fue cuando nos hicimos el PCR, dos días antes de entrar a la Covadonga. No conocía a ninguno de ellos, ni siquiera al del Fajardo. Muchos solamente conocían al que venía de su carrera. Aun así, rápidamente nació una bonita amistad y compañerismo. Nos apoyamos unos a los otros en todo. Vivimos una experiencia que estoy seguro que ninguno nunca olvidará.

«Sabíamos que no era una tarea sencilla, pero no pensamos en eso. Compartimos las mismas ideas y todos estábamos allí por lo mismo... ayudar. Era nuestro deber, sencillamente. Y eso nos hacía felices. La Covadonga fue una escuela para todos nosotros, crecimos como personas. Pero lo más importante y satisfactorio para todos siempre fue el poder ayudar y atender a quien más lo necesita.

«Muchos nos quedamos con bonitas anécdotas de los pacientes, nos agradecían por nuestra manera de tratarlos, de atenderlos. Fue muy reconfortante para nosotros que nuestra ayuda haya sido tan bien agradecida por ellos».

14 innings, play by play

Como si cada día fuera el inning decisivo, David y sus compañeros de equipo se levantaban a las seis y media de la mañana para poner manos a la obra en las diferentes tareas.

Los destinados a la higienización se ocupaban de la limpieza de las salas y habitaciones. Los de la farmacia hacían turnos de 24 por 24 horas y eran responsables de distribuir los medicamentos en las diferentes salas del hospital. El trabajo de David comenzaba cuando otro grupo, los repartidores, llegaba con la camioneta que trasladaba la comida desde la cocina hasta las salas.

En la Rubén Martínez Villena los esperaba David, de pitcher a pantrista: «Éramos los encargados de recibir las seis comidas del día (desayuno, merienda, almuerzo, merienda, comida y merienda, en este orden), servirla y llevársela a los pacientes a las habitaciones, también a los enfermeros y los médicos. Posteriormente a esto, fregábamos los cuadrantes de comida, bandejas, pozuelos, cubiertos, etc.».

Después de dejar bien limpiecitos los últimos cacharros, entre las 7:00 y las 8:30 de la noche, comenzaba el descanso para el equipo de la Covadonga.

Ni balk, ni robos de base

Un buen pitcher no se confía nunca. Ningún movimiento indebido podía comprometer este partido por la vida. Allí el contrario era invisible y si le «cogía el tiempo» a los envíos, una base podía costar la salud de muchos. Así que David y sus compañeros tenían que cumplir, al pie de la letra, las reglas del juego:

«Los protocolos de seguridad eran bastante sencillos, pero muy importantes todos. Nunca podíamos confiarnos ni creernos que no iba a pasar nada. Para nosotros, todo lo que no era limpio, era coronavirus en nuestra cabeza; fuimos con esa mentalidad.

«Todos los días nos cambiaban las sábanas, nos daban un pijama limpio para trasladarnos por el hospital, de la habitación a la sala y de la sala a la habitación. Al llegar a la sala, nos quitábamos el pijama y nos poníamos la ropa establecida para trabajar en ella: un pantalón verde de enfermero, una camisa de faena, una bata que iba por encima de la camisa de faena, gorro, guantes, nasobuco, botas de plástico o de cirujano y una careta o gafas.

«Todo esto tenía un orden de seguridad a la hora de colocarse y de retirarse. Al concluir la faena, lo desechábamos en un tanque de bioseguridad y nos poníamos el pijama. Al llegar al edificio de los dormitorios, nos quitábamos el pijama y lo desechábamos en otro tanque de bioseguridad que se encontraba a la entrada del edificio y nos íbamos a bañar. A todo esto, súmale el lavado de manos constantemente: agua, jabón y mucho cloro. Cada cinco minutos nos lavábamos las manos. Esta era la medida más importante de todas».

Jugar como si no hubiera mañana

Como en una estructura de muerte súbita, convencido de que hay que ganar este juego para pensar en los que vendrán, David no pensó en las consecuencias que podían tener para su carrera tantos días sin entrenar o la posibilidad de enfermarse. Algo estaba por encima del atleta:

«Soy deportista, sí, pero por encima de todo soy humano. En ese momento no pensé en el deporte. Estar allí era mi deber, no podía quedarme en mi casa cuando el país necesitaba ayuda por la situación en que estamos. Eso fue lo que me enseñaron, así me educaron y son las ideas que sigo como cubano y como persona. Ya habrá tiempo para prepararme en el deporte.

«Mi entrenador, Ebris Pablo, está enterado de todo. Cuando le comenté dónde estaba, se emocionó mucho. Me dijo que se sentía orgulloso, me aplaudió y me felicitó por mi acción, y que no hay nada más emocionante que servir a la Patria. Él es una excelente persona, inteligente, para mí es más que un entrenador, y lo admiro mucho. He aprendido mucho de él, y no solo en el deporte. Es un gran maestro de vida».

Como a cualquiera que lanza un buen juego, el profe lo ha abrazado desde la distancia y el muchacho responde con más compromiso:

«Ahora estoy aprovechando los 14 días de aislamiento, que tengo tiempo para hacer ejercicios —planchas, abdominales, fuerza de piernas, movimientos de pitcheo y estiramientos—, y así mantengo la capacidad física lo más que pueda».

Falta poco para que el derecho de 22 años regrese a casa. Cuando comenzaron las medidas de distanciamiento social, entrenaba con la preselección sub 23 y cursaba el segundo año de Cultura Física en la modalidad para trabajadores. Ahora vuelve con las pilas cargadas y el brazo caliente, dispuesto a no parar hasta el out 27 y ansioso por abrazar, con todas sus fuerzas, a la familia y los amigos que lo han apoyado inning tras inning en todos los partidos de su vida.

Comentarios

¡Gracias, Giusette! ¡Gracias, Cubasí!
Vivacuba@gmail.com
David es un muchacho super bueno, tuve el privilegio de compartir cuarto con él y confieso que aprendí cantidad de literatura, política, música, etc. Si por mí fuera lo pondría de 1er pitcher del team Cuba porque si él trabaja en "la lomita" como tiró allá en la Covadonga les aseguro a los rivales que no van a tener la más mínima oportunidad, vamos que sería un clásico juego de "no hit no run". Honestamente le deseo lo mejor del mundo y sólo me resta decirle que con mi amistad siempre va a contar sin tener que dar nada a cambio.
tartufo2019@gmail.com.cu
David...es un chico maravilloso en todos los sentidos...un gran deportista, gran amigo y por su puesto un ser humano maravilloso...!!! No lo conozco de hace mucho...pero el tiempo que llevo tratándolo se ha ganado un corazón completo de este lado...!!! Tiene un corazón Mexicano latiendo...!!! Cubanooooo odioso...!!! Te quiero mares...!!!!

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