Cuba en tiempos de Coronavirus

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Cuba en tiempos de Coronavirus
Fecha de publicación: 
16 Marzo 2020
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Inmunes no somos, pero entrenados estamos como los que más para enfrentar epidemias, catástrofes y desastres, naturales o provocados.

Tengo un amigo en Facebook (solo allí somos amigos), con el cual casi nunca estoy de acuerdo, pero resulta que en algo hemos coincidido por estos días: es una tranquilidad vivir en Cuba en tiempos de pandemia.

Inmunes no somos, pero entrenados estamos como los que más para enfrentar epidemias, catástrofes y desastres, naturales o provocados. Yo no había nacido cuando nos enviaron una de las primeras pruebas: el dengue hemorrágico.

Y no la mandó dios, ni el diablo. Fue la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA). En 1981 se reportaron más de 344 203 enfermos, con 10 312 casos graves y muy graves, y 158 fallecidos, de ellos 101 eran menores de 15 años, según un artículo de la Revista Cubana de Medicina Tropical.

Nadie sabía de dónde venía ni cómo tratar la enfermedad, pero la voluntad del estado, la capacitación y entrega de los médicos y la organización y disciplina de una sociedad y un sistema de salud sin Facebook ni twitter, nos permitió superar la crisis. Hoy nadie sabe más de dengue que cualquier cubano.

La eficaz respuesta de Cuba a ciclones, huracanes y situaciones de desastre ha sido reconocida más de una vez por diferentes organismos internacionales asociados a la ONU. Los niveles de información, protección de la vida humana y la capacidad de recuperación de la isla la han señalado como referente regional.

En 2018, la representante del Programa Mundial de Alimentos en la mayor de las Antillas,  valoró: “Cuba en torno a su Defensa Civil ha creado un sistema orgánico, integrado, de articulación nacional, del que forman parte todas las instituciones, a todos los niveles, en los gobiernos provinciales y locales, vinculados a la gestión de riesgos y desastres”. Así lo informó la Agencia Prensa Latina.

Los niños ingresados por el dengue hemorrágico en el 81 recibían en cualquier momento una visita muy especial: Fidel. Los ciclones, cuenta la leyenda, le huían, lo respetaban, de todo se cuenta sobre el Comandante que recorría de verde olivo el país en su jeep, antes, durante y después de los vientos.

Cuba estuvo en Haití. Así, como si pudiera viajar un país, nuestros médicos fueron a lidiar con la epidemia de cólera que cobró alrededor de diez mil vidas en aquel pedacito de tierra caribeña en 2010. Cuatro años más tarde, cientos de galenos cubanos le ganaron al ébola en África. Miembros de la Henry Reeve. Una brigada voluntaria que para entonces había cumplido misiones en alrededor de 18 países durante situaciones de emergencia.

Pero esas vueltas que da la vida, la Hery Reeve no la creó dios, ni el diablo, como el dengue hemorrágico del 81 en Cuba, fue una creación humana, una muestra de esos extremos en los que vivimos, esas paradojas: Fidel Castro la fundó para asistir al pueblo de New Orleans, Estados Unidos, luego del paso devastador del huracán Katrina, del cual los más pobres aún no terminan de recuperarse.

El coronavirus COVID-19 ha dejado ya más de ciento cuarenta mil casos de contagio en más de un centenar de países del mundo, era cuestión de tiempo que entrara a Cuba. Cuando llegó, ya el Presidente andaba recorriendo el país dando orientaciones, apoyando planes de contingencia, participando en cada detalle de la prevención. Cada Ministerio ya tenía previstas decisiones y medidas, sin histeria, sin racismo, basadas en la ciencia, en la organización de un país de guerreros sobrevivientes de tantas batallas y en la solidaridad.

En Cuba no se han cerrado escuelas, se han abierto canales de información, vías directas para consultar a los especialistas. No se ha sembrado el pánico, sino la educación, el conocimiento de lo que enfrentamos y cómo hacerlo. En Cuba, dice la canción, en cada cuadra un Comité y en cada barrio Revolución, pues sí, enhorabuena, porque si alguien tose otro lo escucha y lo lleva al Consultorio del Médico de la Familia, al Policlínico de la zona o al hospital más cercano, todo está inventado, todo está cuadrado.

No son estructuras de contingencia, son sistemas que se adaptan a la contingencia y funcionan contra el bloqueo, contra la guerra biológica, contra los temblores de tierra y las rachas huracanadas y ya están funcionando, también, contra el coronavirus Covid-19 que, por cierto, está por saber si lo mandó dios o el diablo.

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