Atletismo olímpico: El sendero a la gloria calzando pinchos (II)

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Atletismo olímpico: El sendero a la gloria calzando pinchos (II)
Fecha de publicación: 
28 Junio 2020
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Osleidys Menéndez se tituló campeona olímpica en Atenas-2004, con record mundial en el lanzamiento de la jabalina.

El nuevo milenio me sorprendió en el aula de primer año de Periodismo, transcurría el año 2000 y la cita olímpica de Sydney calaría en mi gen más que otras, pues a la diferencia de horario con Australia y la necesidad de no ausentarme a clases, se añadía ese bichito de querer recrearlo todo como si ya vistiese los atuendos de la profesión.

Confieso que del recuerdo de la hazaña de Ana Fidelia, luego de que muy pocos auguraron que volvería a correr y mucho menos a tener rendimientos de talla mundial y olímpica luego de aquellas fatídicas quemaduras derivadas de un accidente doméstico; y los brincos del Chispa para patentar bajo los cinco aros toda una historia de tradición fraguada por nuestros saltamontes desde  los 17.40 metros Pedro Pérez Dueñas, y pasando por Lázaro Betancourt Jr y otros tantos estelares, pudiera decirse aún lo tenía impregnado en mi piel y mi genoma.

Pasar por la cita de la Isla Continente y no detenerse en dos finales de vértigo como las de salto de longitud y 110 c/v masculinos, ambas con marca registrada Cuba, sería sacrílego.

Todavía se habla, y se hablará por mucho tiempo de aquella definición entre Iván, “el terrible” Pedroso (8.55), y el ídolo local Jai Taurima (8.49).

Iván era el saltador más temido de entonces, diría que el mejor de la década 1990-2000 y uno de los ases de todos los tiempos en dicha especialidad. Taurima revistió sus pinchos con la euforia de la afición local y la irreverencia de quien no tenía nada que perder.

Así se lanzaron al ruedo en una secuencia de seis saltos que fue un verdadero pleito boxístico de me das y recibes…

Hasta que en el adiós, cuando Taurima y millones de aussies casi festejaban un triunfo hasta cierto punto inesperado, llegó Iván, impulsado por la mismísima Niké, con ese flow y elegancia al volar sobre el tanque de arena, pedaleando su bicicleta aérea al más puro estilo de esa escena legendaria de ET…

Sencillo, llegó Iván y mandó a parar.

Como también lo hizo Anier García, un león indomable, puro músculo desatado, con maestría al devorar las vallas, el toque innegable de Santiago Antúnez en rol de timonel. Anier, desafiante, intempestivo, como esos caballos que entran al bloque sedientos de derribar la valla del starter.

Anier, ese santiaguero capaz de destronar  con 13 segundos flat a la imponente legión estadounidense de Allen Jhonson, Terrence Trammell (13.16-plata), y Mark Crear (13.22-bronce).

El Anier que vimos cruzar la línea de meta golpeándose el pecho desafiante y volviendo su anatomía en señal de conquista… pese a perder centésimas en ese gesto, esas que luego quedarían en el plano de la añoranza por no haber podido rebajar los 13 segundos.

La impronta antillana en Sydney se redondeó con la plata de otros dos saltadores: Javier Sotomayor (2.32 metros-altura), y Yoel García (17.47-triple).

A eso le adicionamos el bronce de Osleidys Ménendez (66.18 metros) en la jabalina, lo que se convertiría en el preludio de lo que me gustaría denominar la era cubana de los lanzamientos.

Cerró el telón de rendimientos en Do Mayor el bronce de la posta corta que integraron Luis Alberto Pérez Rionda, Iván García, Freddy Mayola y josé Ángel  César. Sus 38.04 segundos clasifican como el segundo mejor registro de un relevo de 4x100 de la Mayor de las Antillas, además de convertirse en eléctricos de aquel certamen atlético.

La era de los lanzamientos

Si bien María Caridad Colón, Maritza Martén, Luis Mariano Delís, y Roberto Moya, habían colocado al área de lanzamientos en el foco de atención con anterioridad, pudiera decirse que de Atenas 2004 hasta nuestros días, ha sido la era de los lanzamientos.

Y es que nuestras féminas esencialmente han aupado esa área bajo los cinco aros, sin dejar de mencionar al jabalinista Guillermo Martínez, fuera de serie en ediciones mundialistas, pero que no navegó con igual suerte en magnas justas multideportivas.

Así desembarcamos en Atenas 2004, donde fue tal el poder de nuestras chicas, que cuatro lograron colgarse preseas, precisamente representantes del área de lanzamientos todas. Algo que me atrevería a asegurar ningún otro país pudo conseguir emular en dicha cita.

Hablamos de las reinas Yumileidis Cumbá (19.59 metros en impulsión de la bala), nada más y nada menos que en el mismísimo corazón de Olimpia, donde todas las miradas, incluso la de los mitológicos dioses, se posaron en su cuello y mano blanquecinas, su giro, y esa exhalación final al culminar su secuencia, una de victoria en definitiva.

Se unió a Cumbá Osleidys, la ídolo de Martí, Matanzas, por esas coincidencias del destino, la tierra de mi padre Jesús Manuel Iglesias. Podrán imaginar la dosis extra de orgullo que eso significó para mí, al ver su jabalina volar a territorio de nadie. En ese feudo de inalcanzables se inscribió la Menéndez, con récord olímpico de 71.53 metros.

A ellas las escoltarían con plata y bronce en el lanzamiento del martillo, respectivamente, Yipsi Moreno (73.36) y Yunaika Crawford (73.16).

Rompió el feliz matriarcado insular, Anier García, encumbrado nuevamente en los 110 c/v, ahora con bronce y registro de 13.20 segundos. Una presea que tanto él, como Antúnez, califican como  uno de los momentos más felices de sus carreras deportivas, por todo lo que rodeó a anier aquella temporada: lesiones, puesta en forma a sangre y fuego, y en consonancia, descartado en casi todos los pronósticos de podio.

Pero león al fin…

Si con vallas cortas y el legado de Antúnez vimos caer el telón de Atenas, con esa modalidad necesariamente hay que descorrer las cortinas de Beijing. Dayron Robles, la exquisitez sobre obstáculos, el poder estilizado, la potencia esculpida en amalgama cuasi perfecta con la técnica de cruce… sus 12.93 segundos dorados dan fe de semejante descripción. Como también la condición de plusmarquista universal absoluto que ostentó (12.87).

Se le unió en lo más alto, donde los dioses descansan sobre las nubes y está anclado el vocablo inolvidables, Yipsi (75.20 metros), con un martillo limpio, veloz al salir de la jaula, imponente en su vuelo. Esa alegría llegó con festejo tardío para la camagüeyana, pues su sempiterna rival, la rusa Olga kuzenkova, dio positivo a doping al ser analizada sus muestras años después.

En el plano de lo estelar culminaron igualmente la balista Misleydis González (19.50-plata), la triplista Yargeris Savigne (15.05-bronce), y el decatlonista Leonel Suárez (8 527 ptos-bronce) en lo que constituiría la irrupción de esa compleja especialidad en este escenario, de la mano del avezado Gabino Arzola.

Se ha convertido en un arte esto de encadenar ediciones de Juegos Olímpicos, o más bien nuestras estrellas se han encargado de encadenar rendimientos admirables.

Siguiendo esa cuerda el propio Leonel repetiría su metal bronceado del Nido de Pájaro en el Estadio Olímpico de Londres cuatro años más tarde, ahora con acumulado de 8 523.

De ese mismo color, y a tono con el legado de Martén, Hilda Elisa Ramos y Cristina Echevarría, se vestiría Yarelis Barrios (66.38).

Cerró nuestro palmarés, otra especialidad hasta ese momento sin mucha tradición en el más excelso nivel. Hablamos del salto con pértiga, evento en el cual Yarisley Silva deslumbró al culminar de plata y elevarse sobre 4.75 metros. La discípula de Alexander Navas coronó un ciclo de despegue definitivo, pues ya se había proclamado campeona en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011.

Nuestro viaje en el tiempo se detiene en Río de Janeiro. Corría el año 2016 y solo otra discóbola, en esta oportunidad Denia Caballero (65.34 metros), pudo salvar al campo y pista de irse sin preseas del estadio Olímpico.

Algo sin precedentes desde Tokio 1964. Pero su órbita, si bien no la deseada, bastó para mantenernos en la palestra de los grandes.

Justamente Denia es una de las principales cartas de triunfo del atletismo cubano de cara a Tokio 2021, pero eso amigos míos, será el plato fuerte de nuestra próxima entrega.

Iván se comportó como el verdadero "terrible" en la final de Sydney, oro y 8.55 en su último intento. Foto: Gettyimages.
Anier, un vewrdadero león sobre las vallas en Olimpiadas.
La Cumbá se vistió de grande en Olimpia al llevar su bala a territorio de nadie.
Dayron estampó 12.93 en el Nido de Pájaro. Maravillosa combinación la suya de técnica y potencia.
Yipsi puso su martillo en una órbita de 75.20 metros, y saboreó la gloria tras el dopaje de la Kuzenkova. Foto: Gettyimages.

Comentarios

No fue la rusa Olga Kutzenkova la que dio positivo en control antidoping en 2008 sino que fue una bielorrusa Aksana miankova

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