USA: ¿Hasta cuándo sus crímenes raciales?
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Sucedió el sábado último, a manos de un oficial de la policía y con armas que le suministra el Pentágono a ese cuerpo represivo.
La nueva víctima se llamaba Michael Brown, de 18 años, quien, de acuerdo a la versión de testigos, recorría sin armas una calle.
Este jueves fue la cuarta manifestación consecutiva en Ferguson, donde numerosas personas exigieron a gritos el nombre del policía que lo ultimó.
Una versión inicial argumentó que el joven recibió disparos luego de forcejear con un oficial, pero espectadores del suceso afirman que estaba desarmado y con los brazos en alto.
La agencia noticiosa alemana DPA comentó desde Washington que el caso Brown hizo “aumentar la tensión racial en la pequeña localidad de Ferguson”.
Una publicación local, el St. Louis Post Dispach, informó que los manifestantes además piden formalizar una acusación de asesinato contra el agente.
El jefe de ese aparato represivo en el municipio, Louis Jon Belmar, anunció que el FBI hará una investigación paralela.
Lo confirmó el fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, cuando planteó: "el incidente en Ferguson merece una profunda revisión".
O sea, al menos teóricamente, habrá un proceso judicial que involucrará al FBI, el Departamento de Justicia y la Oficina del Fiscal Holder, a la vez que a la instancia local.
Sin embargo, ya hay señales que hacen dudar las posibilidades de alcanzar un resultado verdaderamente justo.
Al exponer en estos momentos su versión, el ya mencionado jefe policial Belmar insinuó que Brown, u otro hombre, pudo haber atacado a uno de sus oficiales.
Cuando abandonó su automóvil, planteó, alguno de ellos lo empujó de nuevo hacia adentro, hubo una disputa por el arma y la pelea continuó en la calle, “donde Brown recibio los disparos.
Según la edición de Diario Las Américas correspondientes a este jueves, tanto la policía como testigos coinciden en que Brown “estaba desarmado”.
Uno de los dirigentes de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, John Gaskin, declaró:
"Estamos indignados porque una vez más un joven afroamericano ha sido asesinado por la policía".
Colegas suyos recordaron el caso de George Zimerman, un auxiliar de los uniformados que en 2013 ultimó a un adolescente negro, Trayvon Martin, y luego lo liberaron alegando “defensa personal”.
Sin embargo, tanto Brown, como Martín representan solo dos ejemplos del largo collar de victimas que hace años cargan sobre sus hombros los herederos de sectas como el Ku-Klux-Klan.
Vale entonces recordar a una brillante figura de la sociedad estadounidense del siglo XX que se proyecta hacia el XXI: Martin Luther King Jr.
Pasó a la historia allí y en otras latitudes con su célebre discurso del 28 de agosto de 1963, I have a Dream (Yo tengo un sueño).
Hablando en el Monumento a Lincoln planteó su deseo de un futuro en el que la gente de tez negra y blanca pudiesen coexistir armoniosamente y como iguales.
Cuando el sábado Michael Brown caía abatido por armas que hizo llegar el Pentágono, demostró que el sueño de Luther King está aún muy lejos de empezar a concretarse.
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