El imperio en modo descaro
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Donald Trump no es un excéntrico inmoral únicamente, es sobre todo el tipo de presidente que la plutocracia necesita, para enfrentar el colosal e ineludible desafío implícito en el proceso de renovado multilateralismo vs decadente unilateralismo.
Está por terminar este muy complicado año 2025. Si algo fue evidente fue el desenfado, para usar una palabra amable, conque ha actuado el imperio estadounidense.
Ya se conocían los modales de Trump y todavía muchos creen que es un loco pintoresco; especie de caso aislado, de anomalía dentro del sistema político estadounidense; claro también muchos lo tildan de desalmado con 34 causas judiciales y además pedófilo.
Pero sin negar todo lo anterior, Trump en rigor encarna la demostración más genuina de en qué momento está el imperio, y cuáles son las preocupaciones de la plutocracia imperial al respecto, es decir, la que no se ve pero son los verdaderos dueños de ese país, que contempla con asombro que el mundo está siendo remodelado.
Por tanto Donald Trump no es un excéntrico inmoral únicamente, es sobre todo el tipo de presidente que esa plutocracia necesita, para enfrentar el colosal e ineludible desafío implícito en el proceso de renovado multilateralismo vs decadente unilateralismo.
Consecuente con lo anterior, el inquilino de la Casa Blanca se ha rodeado de un grupo de colaboradores, catalogados de incapaces pero leales. Sin embargo, eso no es lo importante, sino que simplemente están dispuesto a saltarse cualquier límite, incluso las propias tradiciones políticas y normas de funcionamiento, con tal de cumplir con el mandato recibido: preservar los privilegios de esa plutocracia.
La personalidad del jefe Trump encaja perfectamente en estas demandas; es capaz de fingir permanentes cambios de políticas, mostrarse impredecible, ducho en manipular mediante la amenaza y el incentivo, evocando aquello del garrote y la zanahoria; y todo ello desplegando un rebuscado culto a la personalidad, con tufillo dictatorial.
En el fondo de todo esto, donde la realidad acumula frustraciones y desencantos, se multiplican en EEUU amplios sectores de capas medias y asalariados otrora bien remunerados, literalmente desplazados a un estatus social menor, o en peligro evidente de serlo, gracias a la ineludible concentración de la riqueza.
Para contener cualquier rebeldía surgió el trumpismo y se inventó MAGA, que incluye culpar a otros de esta debacle, un tipo de enemigo interno, por caso la migración tercermundista, palabra usada despectivamente que de por si dice mucho. Y claro se intenta demostrar que la responsabilidad no es del famoso 1%, que acumula dicen el 45% de la riqueza en aquel país y sumando.
La National Security Strategy
Es en este contexto que se desarrolla la actual política exterior imperial, explícitamente expuesta en la llamada National Security Strategy (Estrategia de Seguridad Nacional), el documento líder en materia geopolítica, recién publicado el pasado 5 de diciembre, donde también se evidencia la relativa decadencia del imperio en los tiempos que corren.
De esta estrategia o doctrina de seguridad nacional, como también se le conoce, se pueden decir muchas cosas pero prácticamente salta a la vista algo, curiosamente evadido en los principales enfoques de prensa: ya EEUU no tiene musculo, no tiene capacidad para seguir fingiendo que es el policía de mundo; que los europeos y los asiáticos se las arreglen, se puede leer entre líneas.
Previo a ello, Trump presume de imponer la paz en todas partes, hasta la FIFA, en un gesto surrealista le da un premio nobel de la paz, en modo futbolístico. Pero no es que el mandatario estadounidense tenga una repentina vocación al mejor estilo de Gandhi, no, es que no puede garantizar supremacía en tantos conflictos bélicos.
Por tanto, el designado Trump opta por una retirada mediáticamente manipulada de Europa, de Asía y de África, mostrando fingidos acuerdos de paz, que suelen asomar sus hilachas como el publicitado para terminar con el genocidio en Gaza, cuyo conflicto muy probablemente no se resuelva porque donde manda capitán, no manda soldado, es decir, donde manda el sionismo, no manda la Casa Blanca.
La National Security Strategy revive la decimonónica Doctrina Monroe, modernizada con el rimbombante título de Corolario Trump, porque al jefe hay que ponerle su nombre a todo, explican en el Departamento de Estado. Es decir, el imperio a partir de ahora se concentrará en el espacio más cercano a su territorio, América.
Claro, para convencer hay que enarbolar varios fantasmas como la amenaza china, rusa o iraní porque es menester cerrar filas contra ellos; desde luego, no importa mucho si estos países naturalmente interactúan desde el punto de vista económico, comercial y político con Nuestra América, generalmente sin distingo ideológico, basado en las leyes internacionales.
También están otros demonios como los carteles de la droga, si algunos de ellos no existen, como el de los Soles, eso es irrelevante; incluso para justificar mínimamente la exhibición de hormonas militares, se les apellida como narcoterroristas, buscando aceptación domestica a sus tropelías bélicas.
Según el Colorario Trump, América les pertenece; allí están suficientes reservas de minerales raros, disimiles materias primas y un océano subterráneo del oro negro, no solo en Venezuela. Nada de esto es nuevo, pero la forma de acceder a este tesoro se modifica, se simplifica.
Si se pudiera disponer libremente de esos recursos, se puede soñar con reconstruir el entramado industrial estadounidense, garantizando una cadena de suministros a pocos kilómetros, bajar los costos y con ello la inflación, y así todos volverán a estar felices y contentos, promesa que sustenta el credo MAGA.
Y en este punto asoma su pequeña figura Mr. Rubio. En estos meses se ha insistido en su proverbial mediocridad, nulo sentido de lo ético, hasta se recuerda a su cuñado Cicilia, celebre narcotraficante, y se lleva un registro de las mentiras que dice por minuto, cuando le ponen un micrófono delante y probablemente en privado.
Pero el ahora secretario de Estado tiene a los ojos del Jefe Trump una particular virtud: como lobista en su calidad de senador durante los últimos 14 años, Rubio cuenta con una importante experiencia en temas latinoamericanos, por las peores razones si se quiere. Por tanto es el tipo para este reacomodo de prioridades.
Sumado a lo anterior se devela otra peculiaridad, el imperio actúa en modo descaro y se ufana de ello, no lo esconde, no opera con sutilezas; hacer otra cosa requiere de paciencia y más tiempo, justo el que creen no tener.
Es decir, estas acciones son evidentemente violatorias del derecho internacional, descarnadamente se entrometen en asuntos internos de otros países, pero a diferencia de otros momentos ya no lo ocultan.
Su lógica es: si, es ilegal, si es inaceptable, pero este descaro es para mostrar que puede hacer lo que quiere cuando y donde decida. ¡Soy un descarado y qué!, charlatanea Rubio (canciller), también Pete Hegseth (secretario de Guerra) o Scott Bessent (secretario del Tesoro) y todo el tiempo Trump, y al que no le guste que se vaya acostumbrando, rematan.
Ya se sabe, tampoco es una novedad tanta soberbia, aquello de que los estadounidenses (los que mandan valga la aclaración) son auténticamente prepotentes siempre fue así, pero en buena lid funcionaban con cierto nivel de eficiencia en el arte de engañar, de hacer una cosa y decir y convencer de que es todo lo contrario.
El Corolario Trump está presente en los más recientes procesos electorales como los de Honduras y Argentina.
En el primer país conjugan la comisión de fraude cibernético sin barnices, con el chantaje contra migrantes hondureños migrantes y corte de remesas hacia su país y el empleo de pandillas criminales para amenazar a votantes.
Como se conoce, en modo descaro, Trump participó personalmente en las elecciones hondureñas, votando simbólicamente por el candidato del Partido Nacional, y para el que tiene dudas, liberó a Juan Orlando Hernández, el principal líder de dicha agrupación, con probada capacidad de cohesión interna, sancionado por narco tráfico con 47 años de cárceles.
Otro descaro, la mayor justificación de la bravuconería estadounidense en el Caribe es enfrentar el narcotráfico, pero atendiendo a imperiales necesidades políticas, liberan tranquilamente a quien el propio sistema judicial local acusa de haber enviado 400 tn de cocaína a EEUU.
Mientras, unos meses atrás a los argentinos se les prometió desde Washington unos 20 mil millones de usd, si apoyaban al oficialista La Libertad Avanza, que trataba de aumentar su representación en el Congreso, en unas elecciones que se percibían como virtual referéndum sobre la continuidad del gobierno.
Aquí el inquilino de la Casa Blanca también fue obvio, advirtiendo que sencillamente si no votan con Milei, no se les manda los 20 mil millones; peor, semanas después la promesa quedó en nada.
El terrorismo psicológico aplicado contra Venezuela, como bien lo describió Maduro, es tal vez el hecho de mayor relieve. Incluyese en esto, el nuevo y macabro “deporte” de los marines, hundir lanchas indefensas en aguas internacionales.
La asociación entre Doctrina Monroe, o Corolario Trump con el despliegue de cañoneras es prácticamente innecesario explicarlo, es su carta de presentación; es decir, sin portaviones y resto de los buques hiper armados en el Caribe, no sería funcional el tal Corolario.
Así las cosas, hasta puede inferirse que ni siquiera hace falta usar estos dispositivos aeronavales; conque estén ahí, por estos próximos 3 años, es suficiente. Mientras, el imperio espera que la revolución bolivariana se desintegre sola, claro con ayuda de la CIA, también Trump lo informó, y con una vasta batería de sanciones, nuevas presiones y demás del conocido arsenal estadounidense.
Pero, siempre hay un pero, el primer problema para desplegar el Corolario Trump se manifiesta en la propia sociedad estadounidense. Muchos allí comienzan a reaccionar al estilo Trump, a generar obstáculos y a cuestionar al mandatario, que por estos días rompe record de impopularidad. Hasta desde el seno del Partido Republicano e incluso de la tropa de MAGA, emerge resistencia para muchas de las cosas del injerencista Corolario Trump.
Trump y su sicario de ocasión, Mr. Rubio, deben entender que allí donde la izquierda y el progresismo enfrentan eventuales derrotas políticas, cuando parece que las oportunidades se han cancelado, siempre, obstinadamente están las demandas de los pueblos, basta con hacerles caso, organizarlos y disponerlos para enfrentar al imperio.
En última instancia los que mandan en Washington no deben olvidar la historia. Ya la Doctrina Monroe fue derrotada; la misma existencia de la Revolución cubana, es una aleccionadora evidencia.












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