Occidente, el culpable: Pasando factura

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Occidente, el culpable: Pasando factura
Fecha de publicación: 
10 Octubre 2023
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La escena después de un bombardeo israelí en el campamento de refugiados Rafah en la Franja de Gaza, el 9 de octubre de 2023. (Hatem Ali / Associated Press)

No recuerdo día alguno en que no se reportara el asesinato de un palestino a manos de los ocupantes israelíes en cualesquiera de las circunstancias, con o sin rebelión contra quienes les han estado haciendo sufrir sin razón alguna el Holocausto que los nazis le depararon a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Esta impunidad, permitida y acrecentada por Occidente, con Estados Unidos al frente, les ha permitido a los llamados hijos de Sión convertir en un infierno la tierra que les usurpó a los palestinos, como ahora, en represalia por la inédita acción de Hamás contra su territorio.

Mientras la VI Flota de Guerra estadounidense anclaba cerca de las costas de Israel, con el fin de apoyar a su principal aliado en el Medio Oriente -y en el mundo-, el régimen de Benjamín Netanyahu cortaba todo tipo de suministro a la Franja de Gaza y comenzó a realizar masivos bombardeos contra edificaciones civiles, lo cual ha causado miles de muertos y heridos y cerca de 200 000 desplazados hasta el momento.

Todo esto es parte del resultado de las burlas de Tel Aviv a las distintas resoluciones de la ONU, con el fin de que respetara los derechos inalienables del pueblo palestino a seguir viviendo, aunque sea compartido, en su territorio.

RESPUESTA AL ABUSO

Tanto continuado abuso tenía que tener algún tipo de respuesta, y esa se la dio la reciente ofensiva lanzada por el grupo Hamás contra Israel, tan sorpresivo como destructivo, afectando zonas rurales y urbanas, con fuertes daños a la esfera militar, mientras otros grupos de combatientes atacaban zonas ocupadas por los sionistas en el sur libanés.

Ahora se especula si el gobierno se distrajo, si no funcionó bien esa inteligencia que tantos crímenes ha cometido, si las armas de grueso calibre utilizadas por los atacantes procedían de desvíos de las enviadas por Occidente al régimen ucraniano, si Irán ayudó a la acción que tuvo un éxito inicial.

La represalia sionista, como apuntamos, no se ha hecho esperar, sin que nadie de Occidente se sienta aludido al respecto, como tampoco lo hizo cuando en ocasión anterior testaferros al servicio de Israel mataron a más de 5 000 niños, mujeres y ancianos en dos campamentos de refugiados palestinos en el Líbano.

Abuso que ha sido continuado con la destrucción de los sembrados palestinos y de sus viviendas en Jerusalén Este y Cisjordania, para que estas tierras e inmuebles fueron a las manos de miles de colonos integrantes de asentamientos que hacían desechables las resoluciones de Naciones Unidas.

Las voces que surgen ahora son para calificar de terroristas a los combatientes palestinos que llegaron a sorprender a tan vil ocupante, haciéndole el juego al doble rasero de Estados Unidos y Europa en el conflicto que ahora le está pasando factura a Tel Aviv, independientemente de lo que suceda en un futuro inmediato.

CREDIBLIDAD EROSIONADA

Esta erosión de la credibilidad de Occidente es más evidente en Oriente Próximo y el norte de África. En ningún otro lugar los dobles raseros occidentales han hecho más daño al llamado orden internacional liberal y al sistema más amplio de la ONU que en el contexto del conflicto israelo-palestino. 

El histórico sesgo a favor de Israel por Europa y EE.UU. –desde los tiempos del Mandato británico (y francés) en los años veinte hasta el triple veto de la administración de Joe Biden en el Consejo de Seguridad de la ONU para proteger a Israel de los llamamientos a un alto el fuego unilateral en mayo del 2021– demuestran cómo Washington y las principales capitales europeas han instrumentalizado los organismos multilaterales, impidiendo la acción cuando esta se consideraba contraria a los supuestos intereses estratégicos de Occidente.

El resultado es una pérdida de credibilidad y, en última instancia, de autoridad moral. Esto es cierto no solo para EE.UU. y sus aliados en Palestina, sino también –y más importante– para el sistema internacional, incluida la ONU y su papel como árbitro en cuestiones de paz y seguridad y la aplicabilidad universal del Derecho Internacional. 

Si EE.UU. y sus aliados pueden subvertir el trabajo de la ONU y sus agencias, vetando resoluciones e ignorando parámetros y recomendaciones legales internacionales, entonces otros Estados –incluidos Rusia y China– se sentirán menos limitados por esos mismos parámetros.

 

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