DE CUBA, SU GENTE: La belleza es un concepto

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DE CUBA, SU GENTE: La belleza es un concepto
Fecha de publicación: 
14 Noviembre 2019
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A cada rato me dan espasmos faciales. Una parte de la boca casi toca la mandíbula cuando pasa. Por suerte, es algo temporal: no me ha quedado nada definitivo aún.

La mayoría de las personas con enfermedad de Lyme, cuando tienen la parálisis facial, dejan de salir a la calle. Yo no. Lo que hice fue ajustar mi sentido de belleza. (La belleza es un concepto, como todo). Quién dice que tengo que tener la boca en su sitio exacto para ser bella. Es más, quién dice que hay un sitio exacto para la boca.

Cuando los problemas de memoria empezaron, me di cuenta de que tenía que ser mucho peor para los demás que para mí. Yo solo pestañeaba y me veía del otro lado del puente y no recordaba ni por qué lo había cruzado ni hacía cuánto. Buscaba entonces en mi mochila algo que me dijera qué estaba haciendo ahí. A veces encontraba notas a mí misma: «Diana, recuerda que tienes reunión a las 11 a.m. en la editorial». Y me sorprendía, a duras penas recordaba en cuál editorial.

Pero en los lugares, la gente sí se acordaba. Y se quedaban esperándome. En las editoriales, en las salidas de los puentes, en las citas de amor.

Dejaron de confiar en mi palabra. Me empezaron a llamar loca, arrebatada, desmemoriada,  falsa. Pasé a ser una persona impredecible, con la cual no se podía hacer el más mínimo plan. Pensaron que jugaba los días que no reconocía sus nombres.

Porque a nadie le dije lo del Lyme, ni de la garrapata que me mordió la pierna hace un año. Ni de mi decisión de vivir sin tratamiento hasta el último instante. No creo que, de haber compartido mi decisión, hubiera cambiado demasiado el escenario. Sospecho que si hubiera dicho: «la tasa de mortalidad del Lyme es alta y me da alrededor de un año de vida sin tratamiento, pero igual he decidido no tratarme», me habrían tildado de loca, de todas maneras.

Nadie lo hubiera entendido: la Lyme me presenta la relación conmigo misma como algo urgente, inmediato. Están ahí, todo el tiempo, los dolores en las articulaciones, las parálisis faciales, la falta de memoria, las crisis nerviosas, el dolor de cabeza y los sangramientos nasales. No permiten que me ignore. Soy yo viviendo conmigo, por primera vez.

Y no me asusta que Lyme pueda, con el tiempo, matarme. ¿Acaso la muerte es una novedad? ¿Acaso no la he tenido siempre sobre mi espaldita amedrentada?

Ahora mismo estoy viva. Eso es todo lo que importa.

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