Bola de Nieve: Voz de persona

Solapas principales

Bola de Nieve: Voz de persona
Fecha de publicación: 
11 Septiembre 2019
0
Imagen principal: 

Dicen que al principio, muy al principio, cuando era todavía un muchacho, a Ignacio Jacinto Villa Fernández (1911-1971) le molestaba mucho su apodo: Bola de Nieve. Dicen también que fue Rita Montaner la que inmortalizó el mote, cuando presentó de esa manera a aquel singular pianista y cantante ante un público mexicano. Ignacio terminó por resignarse. Lo cierto fue que como Bola de Nieve fue conocido en Cuba y en varios países de América y Europa donde presentó, para regocijo de muchos, un repertorio cuidadosamente escogido, que él asumía como si contara la historia de su vida.

A muchos les dijo que no se sabía un virtuoso del canto, y no había que saber mucho de música para comprobarlo. El poeta Miguel Barnet habló de su “ronquera ancestral”, un timbre áspero que desconcertó a más de uno, pero que le sirvió para encarnar, gracias a una fuerza, una personalidad y una gracia inimitables, el espíritu de hermosísimas canciones. Yo tengo voz de persona, cuentan que afirmaba. Pero no era la voz, no solo la voz: era su actitud ante una letra y una melodía. Bola de Nieve era un hombre espectáculo. Y era también capaz de apreciar y recrear sutilezas. Pudo descubrirles insospechadas resonancias a composiciones aparentemente inocuas.  

En el celebérrimo Carnegie Hall de Nueva York —escribe Ciro Bianchi— tuvo que salir nueve veces a escena para saludar al público después de su presentación. Grandes figuras de la cultura iberoamericana lo aclamaron como exponente prodigioso de una sensibilidad al mismo tiempo refinada y popular. Eran cubanísimas sus interpretaciones, aunque cantara y tocara una canción de otro país. Les puso voz definitiva a letras emblemáticas de la inmensa tradición musical de este país. Hay temas que se han cantado muchas veces por muchas personas, y hasta muy bien, pero siguen siendo, indiscutiblemente, los temas del Bola.

Brilló en grandes escenarios, se hizo famoso por sus actuaciones en el cine y la radio, pero en sus noches en el restaurante Monseñor se prodigaba, en contacto mucho más íntimo con su público. Eran él y su piano, como si fueran una sola criatura.

No alcanzó a disfrutar el gran homenaje que le iba a tributar Chabuca Granda en Perú; murió en el camino, en México, un país que amó como propio. Pero había pedido que lo sepultaran en su tierra, en Cuba, junto a los suyos. Su arte no conoció fronteras, pero el artista siempre tuvo conciencia de la fuerza de su raíz.  

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.

Galería de imágenes

Infografía

Video