«El mío no puede ser menos»

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«El mío no puede ser menos»
Fecha de publicación: 
31 Agosto 2019
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«El mío no puede ser menos», le comentó la mamá del niño a su amiga mientras pagaba en la tienda el precio de dos libretas, cada una a 6.60 cuc.

El niño, que evidentemente no rebasaba el primero o segundo grado de la Primaria, ni miró las magníficas libretas, con carátula de pasta y hojas engargoladas; buenas para todo menos para un alumno que todavía no domina bien la escritura o está aprendiéndola.

Sucede que como les falta pericia en esas lides, al apoyar el canto de la mano van desprendiendo las hojas, que no están presilladas sino sujetas por la espiral plástica. Y cuando escriben en la hoja de la izquierda (en caso de ser derechos) entonces esa misma espiral les molesta al ir guiando el lápiz.

Pero a la mamá de esta historia esos asuntos evidentemente no le preocupaban y sí que su niño asistiera a la escuela con libretas bien caras, como si el precio o la calidad de las mismas fueran a determinar el éxito escolar del muchachito. Como si el brillo de la carátula fuera a garantizar que igual brillara el niño en su aprendizaje y su conducta.

Es innegable que hoy existen en Cuba diferencias sociales: hay quienes tienen mucho y quienes no. Bien atrás han quedado aquellos años en que todos los alumnos iban con los mismos zapatos escolares –así les llamaban-, o con iguales «kikos» plásticos, en el caso de las becas.

Como dice una colega, las desigualdades no se puede uniformar. Y es así que este septiembre en el aula  podrá verse compartir la misma mesa la niñita con brillante mochila de estreno y lunchera en combinación, junto a aquella otra que lleva la mochila que ya usó su hermana mayor durante dos cursos.

Tener dinero no es malo de por sí; de hecho, acaban de aumentarse los salarios en el sector presupuestado, y es verdad que las desigualdades es imposible uniformarlas.

Pero lo que sí resulta posible, necesario, imprescindible, es cultivar, sobre todo desde la familia, la ética, los valores y hasta el sentido común. Para que nadie se crea ni quiera hacer creer, que «ser más» viene dado por el grosor de las billeteras y, mucho menos, por la calidad de una libreta.

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