DE LA TELEVISIÓN: ¡Qué gente, caballero, pero qué gente!

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DE LA TELEVISIÓN: ¡Qué gente, caballero, pero qué gente!
Fecha de publicación: 
28 Agosto 2019
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Durante décadas, Alberto Luberta escribió día tras día el libreto de Alegrías de sobremesa, el más popular de los espacios de Radio Progreso. Se dice fácil, pero concretar tantos personajes y situaciones humorísticas por tanto tiempo fue uno de los más esforzados ejercicios profesionales del dramatizado radial cubano de todas las épocas. Había oficio, por supuesto, pero también mucho talento. Y una sensibilidad privilegiada, que pudo conectarse con el caudal de la creatividad popular, con eso que algunos llaman el “gracejo cubano”, que se expresa con una naturalidad que asombra a visitantes extranjeros.

Alberto Luberta (lo confesó él mismo más de una vez) fue, más que comediante, cronista de la cotidianidad del cubano, tan marcada por ese humor raigal. Tuvo la capacidad de recrear personajes tipos, y al mismo tiempo, muy verosímiles, de manera que bastaba la personalidad de cada uno de ellos para encauzar cualquier situación. El resto fue honrar una tradición costumbrista, con salero pero sin groserías, en diálogo permanente con las circunstancias del momento.

Luberta fue maestro del doble sentido, de las frases sugerentes y pegajosas, de la picardía y el contrapunteo ágil… Y contó con un elenco de primerísimo nivel: actores que le pusieron tanta verdad a sus interpretaciones que llegó el momento en que persona y personaje confluyeron, a ojos del público, en una sola entidad.

El material que se conserva de las miles de emisiones de Alegrías de sobremesa es patrimonio de la cultura cubana. Toda manera de socializarlo contribuirá a enaltecer valores de la identidad nacional. Por eso es tan plausible la versión para dibujos animados de algunas de esas grabaciones históricas que ha producido y transmite el Canal Habana (viernes, 8:30 p.m.). Puede que algunos de los oyentes prefieran quedarse con el recuerdo de los programas originales, pero otros agradecen el reencuentro con personajes que “visitaron” por tantos años muchos hogares cubanos.

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Rita, Paco, Estelvina, Simeón, Melesio, Leo, Sócrates, Sarría, Juanca, Magui… formaron parte del círculo íntimo de cientos de miles de familias cubanas. Y ahora es perfectamente posible identificarlos en un diseño visual que tributa al aspecto de los actores que los encarnaron, pero también a las características de sus creaciones.

Tantos años después, ese humor funciona. Hemos cambiado mucho, pero seguimos siendo los mismos. Más allá de los imperativos del contexto, ese vecindario es muy contemporáneo. Ahí está la genialidad de Luberta y los actores.

Sin grandes alardes técnicos, la versión animada está a la altura de los sketchs que homenajea.

Pero por Alegrías de sobremesa se puede hacer más: editar en discos y otros formatos los programas salvados. Sería un regalo para generaciones de cubanos que crecieron al tanto de los dimes y diretes, de los conflictos y las alegrías, de los malentendidos y celebraciones que encontraron escenario en el apartamento de Rita y Paco.

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