Díaz-Canel: Pensar como país

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Díaz-Canel: Pensar como país
Fecha de publicación: 
1 Agosto 2019
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Ante un enemigo que no es virtual, ni mucho menos un fantasma, que ciertamente está ahí, esperando cada chance político e incluso alguna metedura de pata (por sencilla que sea) los cubanos hemos tenido que sortear las más difíciles pruebas para salir adelante.

Y no son pocos los que reconocen que muchos de los problemas nacen, crecen y se desarrollan al amparo y a la vista de todos, sin que medie alguna influencia externa. Y menciono —por ejemplo— la esfera de los servicios que tanto malestar causa en la población.

El Presidente Miguel Díaz-Canel, con el oído pegado al pueblo, lección aprendida de sus antecesores, es sensible (y lo demuestra) ante las dificultades que afronta el pueblo. Y eso, lógicamente, le ha permitido ganarse un lugarcito muy especial en el corazón y en los sentimientos de los cubanos.

Ya sea sobre la entrega de subsidios, la situación de la reparación de las viviendas, u otros temas, el Presidente coloca el dedo sobre la llaga (perdonen por el empleo de esta frase) cuando pronuncia un discurso o interviene en una reunión de trabajo.

“Muy poco se le escapa”, “toca asuntos meridianos”, “ese es mi Presidente”, son algunas de las frases recurrentes que salen a la luz pública luego de alguna de sus intervenciones. Y es que el pueblo se siente identificado con sus planteamientos; sencillamente se ve reflejado.

Cada palabra suya es un llamado a la acción, a hacer bien las cosas, a trabajar conscientemente en pos de un mejor país. ¡Y sí, un mejor país es una obra de todos!

Primero la unidad (sin esta no es posible llevar a cabo algún propósito o sueño), y luego todo lo demás.

El pasado 26 de Julio, en el acto central por el aniversario 66 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y luego de abordar elementos históricos de gran trascendencia, el Presidente reconoció: “Hay demasiados desafíos que vencer y vamos a concentrarnos en ellos: en primerísimo lugar, la invulnerabilidad económica y militar del país, el ordenamiento jurídico, la derrota de cuanto obstáculo interno o externo persista: sea el burocratismo, la insensibilidad o la corrupción, que no pueden aceptarse en el socialismo.

“Dejemos de creer y afirmar que la culpa es del otro sin mirar antes qué estamos haciendo, creando, aportando cada uno de nosotros”.

En eso radica, precisamente, algo que ha repetido en varias ocasiones sobre “quitarle cada día un pedacito a los problemas”, lo cual significa que cada cual cumpla con la responsabilidad que le toca, hacer las cosas bien hechas.

Pensemos entonces en la vida cotidiana, en los espacios habituales que nos rodean: la bodega, la tienda, el policlínico, la escuela y, por supuesto, en los sujetos que allí laboran, y que la mayor parte de las veces, por actitudes y conductas, provocan quejas y malestares en la población.

No resulta necesario poner ejemplos, mencionar anécdotas, porque todos tenemos criterios desafortunados al respecto. ¿Qué hace falta para brindar un buen trato, una orientación adecuada, una respuesta objetiva? ¿Quién duda que la transformación en los modos de actuar no es una simple utopía?

Díaz-Canel coloca siempre al pueblo, y sus reservas morales, ante cada disyuntiva. Sabe que con tal apoyo todo es posible. Convence con argumentos, exhorta con principios y exige con la moral de quien coloca todo el esfuerzo, entusiasmo e inteligencia en función de sus compatriotas, de su Patria.

En honor a ello, los cubanos estamos en deber de cumplir con lo orientado, con su programa de gobierno que, sin duda alguna, está concebido en beneficio de cada uno de nosotros, justo, equitativo y, sobre todo, humano. 

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