EN VERANO: Siempre atentos a los niños

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EN VERANO: Siempre atentos a los niños
Fecha de publicación: 
15 Julio 2019
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Aunque parezcan responsables, obedientes, tranquilitos, mejor no arriesgarse. Es preferible permanecer siempre atentos a lo que hacen los niños en vacaciones, que pasar un susto.

Sobre todo cuando se trata de espacios públicos como zoológico, acuario, playas, piscinas, grandes tiendas y otros, lo mejor es llevarlos de la mano o estar muy cerca de ellos; tanto, que se pueda atender a cuanto dicen, hacen o necesitan.

La modernidad ofrece en otras geografías la opción de localizadores y pulseras inteligentes para encontrarlos si se pierden. ¿Pero el terrible mal rato que pasarán ellos y sus familiares lo puede evitar la pulsera?

En Cuba nadie puede negar que los niños son lo primero. Hasta un desconocido se arriesga por ayudar o proteger a un menor. Ni balaceras ni secuestros.

Pero otros son los peligros:

- En playas, ríos, presas o piscinas, incluso si son plásticas y pequeñas. No hace falta que el agua sea profunda para que ocurra un accidente.

- Las alturas. Acompañar al hermano mayor a empinar papalote o darle comida a las palomas en la azotea nunca será buena idea.

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- Los objetos pequeños. Es verdad que se entretiene cantidad con las maquinitas que le regaló la tía, pero se desarman en piezas pequeñas que se lleva a la boca.

- El sol. No por gusto el pediatra ha insistido desde que era casi recién nacido en que los rayos ultravioletas y su delicada piel no eran amigos. Si no queda más remedio que exponerlo al sol en horarios perjudiciales, aplicarle protector solar y ponerle un sombrerito no estará de más.

- Muy altas temperaturas. Claro que las vacaciones son para pasear y jugar al aire libre, pero, además de protegerse del sol, hay que evitar la deshidratación. Por eso, mejor salir siempre con pomos con agua y estar atentos a la sudoración del niño y sus mucosas. Ingerir platanito fruta, por su alto contenido de potasio, es también buena idea.

- Artículos peligrosos a su alcance como tijeras, cuchillos y sustancias tóxicas. Después de tanto jugar, qué tranquilo está, ni se siente. No, porque está concentrado en alcanzar la filosa tijera.

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- Los espacios abiertos y concurridos. No lo hacen por fastidiar, sino porque son curiosos y quieren ver qué hay más allá. Por eso se apartan y, de pronto, ¿¡dónde está el niño!? Mejor no soltarles la mano en esos lugares.

- Demasiados dulces y chucherías. A casi todos les gustan los helados, chocolates, caramelos, el cake... pero si, queriendo complacerlos, no les ponemos límite en el cumpleaños o en el paseo, su barriguita les pasará la cuenta por los excesos; eso, sin hablar de dentadura ni de obesidad.

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