PENSANDO Y PENSANDO: La «moda» de leer

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PENSANDO Y PENSANDO: La «moda» de leer
Fecha de publicación: 
10 Julio 2019
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El soporte no es lo principal, por más que los más románticos se aferren al libro de papel. Ojalá que los que ahora pasan horas completas frente a su celular dedicaran al menos una pequeña parte de ese tiempo a leer novelas, ensayos o poesía. Ahí mismo, en sus aparatos, que hace rato ofrecen la posibilidad de cambiar el tamaño de la letra y atenuar el brillo a su celular. La oferta de libros digitales resulta ahora mismo inagotable.

Hubo un tiempo que andar con un libro en la mano, sentarse en un parque a leerlo, era signo de prestigio. Las apariencias importan, claro: siempre hubo quien hacía como que leía… para hacerse el interesante. Pero ese mismo hecho, que la afición a leer constituyera un atractivo, hablaba de un sistema de valores que ahora mismo a unos cuantos les parece cosa del pasado, “superado” por la historia.

La cultura no es una moda, aunque ahora mismo —para tantos— no esté de moda. Son momentos en los que la imagen rápida, fácil y encantadora impera, marca la cotidianidad, se instaura como principal experiencia estética. La vida se ha acelerado: no todo el mundo tiene tiempo para sentarse a leer un libro.

Ahora, para las redes sociales sí hay tiempo. Hasta el punto de que algunos sustituyen las relaciones de toda la vida por experiencias virtuales. Los esquemas de acceso a la cultura han cambiado. Y aunque ese cambio no signifique necesariamente una simplificación de la experiencia (de hecho, en buena medida enriquece el espectro de posibilidades), a no pocos sí les ha reducido el horizonte.

No hay que pensar, no hay que escoger, no hay que comparar: basta con consumir “la papilla” que otros (muy inteligentes, por cierto) nos han preparado.

La paradoja es que nunca antes hubo más información y cultura a disposición del público. Incluso, las propias redes sociales pueden ser punto de partida para descubrirlo. Lástima que algunos no trasciendan la estrechez primaria de esos ámbitos.

Hace falta voluntad, que es aliada de la sensibilidad y el deseo de aprender. Porque los medios están.

Hacen falta también una guía, inspiración, maestros… Sería una pena (es una pena, de hecho) que no se aprovechara el inmenso potencial de las nuevas tecnologías como soporte del inmenso caudal de la cultura.

De cuando en cuando uno ve a personas en la calle con un libro en la mano. Muy de cuando en cuando se sientan a leerlos en los parques… Pero todos los días uno ve a muchos “conectados” con sus aparatos. Los primeros pueden llegar a parecer gente rara, anticuada. Los segundos (sobre todo si el celular es vistoso y de buena marca) pueden representar la idea del éxito.  

Media hora de lectura puede valer por horas “metidos” en Facebook, viendo y dando “likes” a las fotos de conocidos y desconocidos posando en playas de ensueño (y que conste que también habría que dedicarle tiempo a ver y compartir las fotos de nuestros amigos en la playa). El reto es que las “grandes mayorías” lo comprendan.

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