DE LA VIDA COTIDIANA: «Quitar cada día un pedacito a los problemas»

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DE LA VIDA COTIDIANA: «Quitar cada día un pedacito a los problemas»
Fecha de publicación: 
17 Junio 2019
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Al margen de las satisfacciones que traen consigo las inversiones que por estos días se realizan en La Habana por su aniversario 500 —en beneficio de diversas esferas y sectores—, hoy muchos capitalinos se preguntan qué ocurrirá con ellas una vez terminadas, temiendo quizás que con el tiempo puedan ser blanco del descuido y de las indisciplinas sociales.

Avanza programa por 500 años de La Habana.

Mucha gente se cuestiona desde ya: ¿cuánto durará una construcción recién pintada, una calle recién asfaltada, una ciudad totalmente remozada para celebrar su medio siglo?

Y es que, durante muchos años, los cubanos hemos convivido con conductas que dañan y afectan las imágenes de las ciudades, pero no solo desde el punto de vista físico y estructural, sino también desde el ámbito de la educación, la decencia y las buenas costumbres.

Este ha sido un tema abordado en más de una ocasión por el primer secretario del Comité Central del Partido, General de Ejército Raúl Castro Ruz, y también por el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, conscientes de que un país próspero y sostenible no puede construirse bajo el manto de lo mal hecho, de la chabacanería y de la vulgaridad.

Por ello, el presidente Díaz-Canel ha hecho suyas dos frases que —a mi modo de ver— tienen una extraordinaria importancia para cumplir los sueños y las aspiraciones que, como cubanos, nos merecemos.

De esta manera, trabajar en pos de «la cultura del detalle» y de «quitar todos los días un pedacito a los problemas» son una especie de guía, que a todos nos sirve, con independencia del trabajo que hagamos, la responsabilidad que tengamos, o el nivel que representemos.

Ambas ideas transversalizan el quehacer de una nación que cada día lucha por avanzar y satisfacer las necesidades de la población.

En cada visita gubernamental, asamblea de balance con los organismos de la Administración Central del Estado, encuentro con los estudiantes universitarios o con el pueblo, el Presidente insiste siempre en incorporar ambas filosofías a la práctica cotidiana.

¿Por qué hacer las cosas mal hechas, si el Estado y el Gobierno invierten enormes recursos (financieros, materiales y humanos) en una obra constructiva?, ¿por qué no velar porque la calidad y el buen gusto primen en todo lo que se hace?, ¿por qué no cumplir con el trabajo, y demás obligaciones, desde el pedacito que le toca a cada cual?, ¿por qué no luchar por alcanzar eficiencia y productividad?

Las respuestas podrían abarcar un abanico enorme de criterios, algunas más atinadas que otras, por supuesto. Pero lo que sí es veraz es que muchos dolores de cabeza nos evitaríamos si todos asumiéramos con responsabilidad lo que nos toca; una especie de salvavidas en medio de las dificultades que nos rodean. Al fin y al cabo, cuando incumplimos, nos estamos dañando y perjudicando unos y otros.
 
Si el chofer no para la guagua en la parada y la gente tiene que correr como caballos desbocados; si la enfermera no revisa la historia clínica para comprobar si ya están los análisis, y ya una vez en la consulta, usted percibe que ha perdido miserablemente el tiempo; si la farmacéutica no responde a tiempo su pregunta y ya en el mostrador le dice que no hay el medicamento; si la dependienta de la tienda no se dirige con amabilidad y franqueza; si el trabajador de Comunales no barre bien el frente de su casa... la lista sería interminable...; cuando todo eso pasa, a usted verdaderamente poco le queda para halarse los pelos.

La explotación de los microbuses con capacidad de 12 pasajeros de fabricación rusa, estará a cargo de la Empresa TAXICUBA

Por eso resulta fundamental hablar hoy de «cultura del detalle» y de «quitar todos los días un pedacito a los problemas». Ambas son tareas de todos y de todos los días.

Laborar en espacios confortables y limpios; ver que las construcciones (o reparaciones) recién concluidas tienen la calidad requerida; recibir buenos servicios cualesquiera que estos sean; vivir en ciudades bonitas donde primen el orden y la limpieza, ¿sería mucho pedir?

En el camino parar lograr la sostenibilidad y prosperidad de nuestro sistema influyen, inevitablemente, estas dos ideas que el Presidente ha hecho suyas y multiplica en cada ocasión, consciente de la importancia de tenerlas en cuenta para preservar lo logrado y avanzar en el camino hacia nuevos proyectos y sueños. No queda de otra. 

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