Bohemian Rhapsody: Sin fecha de caducidad

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Bohemian Rhapsody: Sin fecha de caducidad
Fecha de publicación: 
27 Marzo 2019
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El siglo XXI debería volver la vista atrás y, desde la admiración y el asombro, reverenciar una y otra vez no pocas entregas de su antecesor, el viejo XX.

Pero pareciera que tanto Facebook y twitter, tanto celular y mundo virtual, tanta tecnología y reservaciones para hacer turismo espacial, andan emborronando acontecimientos de la pasada centuria que no deberían tener fecha de caducidad.

No hablo ahora de grandes pasajes del devenir universal, tampoco de inmensos logros o catástrofes, ni siquiera de huellas marcadas en la historia civilizatoria por una u otra nación.

Me refiero en esta oportunidad a acontecimientos muy acotados, de esos que son como picotazo de pájaro carpintero en la corteza, profundo y puntual, no derriba el árbol pero le deja su marca para siempre.

Hace poco terminé de ver Bohemian Rhapsody, la película dirigida por Bryan Singer y Dexter Fletcher, ganadora del mayor número de premios Oscars este año: al mejor actor (Rami Malek, de origen egipcio), al mejor montaje, a la mejor edición de sonido, y al mejor sonido.

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Rami Malek en la interpretación del líder de la mítica banda de rock.

Pero no escribo estas líneas por tales lauros, que bien los merece, sino por la música de Queen, muchos de cuyos números nunca podrán borrarse de esa lista, larguísima, de creaciones humanas que conmueven y estremecen hasta el tuétano.

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Al menos, así debería ser. Sin embargo, pregunté ayer al hijo adolescente de una amiga cuál canción de ese, el mejor grupo británico de todos los tiempos, le gustaba más y se quedó como si lo interrogaran sobre la teoría cuántica. Peor, le pregunté a renglón seguido si conocía a los Beatles, si había oído sus canciones, y me contestó con un “más o menos”.

Desde la candidez de sus 14 años, medio sonrió a modo de excusa y despedida, volvió a engancharse los audífonos y siguió parque abajo.

Aunque la película ha revivido la figura de Mercury 27 años después de su muerte, y a la banda toda, el hijo de mi amiga no sabe quiénes son. Tampoco sabe que un asteroide lleva el nombre del líder de la mítica agrupación de rock como el más singular homenaje brindado al cantante, quien cumpliría 73 años el venidero septiembre.

A todos los hijos de amigas que no han escuchado a Queen, que no saben que existió un Freddie Mercury, les dejo anotados aquí algunos puntos, para cuando vean la película inspirada en su biografía.

Al vocalista, nacido en Irak, durante su infancia no fueron aplausos sino burlas las que le acompañaron. Sus dientes eran los culpables.

Por una condición de origen embrionario, el niño -cuyo nombre de cuna no era Freddie Mercury sino Farrokh Bulsara, nacido en la isla africana de Zanzíbar (Tanzania)- padecía de dentición supernumeraria. Tenía cuatro dientes de más que le empujaban las piezas hacia afuera.

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Mercury atribuía a los cuatro dientes que le sobraban la genialidad de su registro vocal.

A pesar de no hacerle hermosa la sonrisa, ya famoso nunca quiso operarse. Mercury pensaba que sus dientes sobrantes eran los que le permitían su registro vocal inigualable.

Pero un estudio practicado por investigadores de Austria, República Checa y Suecia a grabaciones del cantante evidenció que el secreto de aquella voz nada tenía que ver con dientes, radicaba en sus cuerdas ventriculares.

El registro medio de su voz era de 117.3 Hz, algo casi inalcanzable por otros humanos según publicación de Logopedics Phoniatrics Vocology. Tal prodigio en los tonos no lo alcanzaba con la vibración de las cuerdas vocales, sino de las ventriculares o cuerdas vocales falsas, empleadas por los cantantes de ópera.

De todos modos, el estudio evidenció también que las cuerdas vocales del músico vibraban de un modo también extraordinario, más que el resto del común de los mortales. Lograba un vibrato perfecto, solo lo ha asemejado el alcanzado por Luciano Pavarotti.

Pero para entender esas genialidades, mejor escuchar a Freddie Mercury una vez más interpretando Bohemian Rhapsody -la canción que da nombre a la película multipremiada. Y quizás al hijo de mi amiga le guste, aunque sea un poquito.

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