CRÓNICAS BIEN CORTAS: Pescador

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CRÓNICAS BIEN CORTAS: Pescador
Fecha de publicación: 
11 Septiembre 2018
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Una vez le pregunté a un pescador, eternizado en el muro del malecón habanero, cuántos pescados se llevaba todos los días para su casa. «A veces dos o tres; a veces ninguno; los buenos días, unos siete u ocho».

 
Estuve a su lado casi una hora y no pescó nada. El tiempo se le iba en lanzar el anzuelo (era hermosa y efímera la parábola que dibujaba la pita sobre el cielo) para quedarse mucho rato tranquilo, mirando el mar, como esperando.

—¿Usted vive de lo que pesca?

—Por supuesto que no, no alcanzaría ni para comprar los mandados de la bodega —y soltó una carcajada.

—O sea, que esto es un hobby.

—Más o menos, yo creo que más bien es una terapia. Yo antes me pasaba la vida fajado con mi mujer. Ahora llego a la casa después de pasarme cuatro horas aquí y me da lo mismo todo lo que me regañe... ¡Y de cuando en cuando le llevo un pargo!

—¿Y a qué se dedica usted? Disculpe la indiscreción…

—Soy custodio, trabajo de seis a seis. Y del trabajo vengo para acá. La mañana es la mejor hora. Estoy aquí casi todos los días, cada vez que tengo guardia, más o menos hasta las diez y media, cuando el sol empieza a picar.

—¿Y no se aburre?

—No, para nada. Converso conmigo mismo, que falta que me hace. Con este corre corre, con la locura de todos los días, a uno no le da tiempo ni escucharse.

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