Barranquilla 2018: Las pautas de la actuación cubana

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Barranquilla 2018: Las pautas de la actuación cubana
Fecha de publicación: 
4 Agosto 2018
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Es cierto que cedimos la hegemonía regional que ostentábamos desde Panamá 1970 ante México (132-118-91) por (102-72-68) nuestra armada, y eso para muchos es una estocada al orgullo e identidad de la nación en lo sensorial.

Cuba puedo decir desde mi perspectiva, rindió una buena actuación en los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla. Es cierto que cedimos la hegemonía regional que ostentábamos desde Panamá 1970 ante México (132-118-91) por (102-72-68) nuestra armada, y eso para muchos significaría una debacle, a la vez que una estocada al orgullo e identidad de la nación en lo sensorial.

Pero no, hay que analizar todo el entramado que presentaron estos Juegos en su justa medida, desde el calendario diseñado para generales presión a los atletas antillanos y no verlos despuntar hasta las últimas cuatro jornadas, pasando por las 92 pruebas en las cuales dejamos de inscribirnos de antemano, como también fluctuaciones en los rendimientos de varias disciplinas, y el desarrollo de las demás naciones, especialmente aquellas catalogadas como principales contendientes, (los aztecas, Colombia y Venezuela).

Cayó el telón de una justa con el protagonismo de los deportes de combate, tradicionales horcones de nuestro movimiento, a tono con el espíritu de lucha del cubano, sea cual sea el nivel y escenario.

Esas disciplinas atesoraron 41 cetros, encabezados por la lucha (13-2-3), el boxeo (6-1-0 de siete opciones), el judo (8-3-6), la esgrima con su endemoniada efectividad de touchés (7-0-4), el taekwondo (6-1-2), y el karate (1-2-4).

Detrás de estas poderosas de siempre recalaron el tiro deportivo (12-10-5), el atletismo (10-8-9), el ciclismo (5-4-2), la gimnasia artística (6-7-2), el canotaje (6-1-2), el remo (5-5-1), el levantamiento de pesas (3-10-4), Bádminton (2-5-2), tenis de mesa (2-1-5) y la natación (0-3-3) que si bien no alcanzó ningún oro, merece todo el reconocimiento por el performance de sus exponentes.

Esa fue justamente una de las disciplinas en las cuales los aztecas arrollaron (15-18-10), como también en el clavados (6-4-3), la gimnasia rítmica (7-5-0), el taekwondo (8-7-5), el propio tiro (13-8-6), y el tiro con arco (6-3-3), por solo mencionar algunas.  

Una vez reflejados los números toca profundizar. Entre los deportes individuales que estuvieron por debajo de lo previsto, encontramos al campo y pista, el propio judo, fundamentalmente el femenino, el remo, y el levantamiento de pesas, por solo mencionar los más notables.

Sucede que en más de una ocasión durante los Juegos me pregunté, sin afán de justificar nada, si esta cita no tenía un matiz de rendimiento con la huella de Cuba en buena parte de los países en concurso.

En más de medio centenar se contaron los entrenadores de la Mayor de las Antillas que de una forma u otra brindaron sus saberes con presencia o vínculo directo en la llamada Puerta de Oro de Colombia, en aras de elevar cualitativamente el nivel de la actividad del músculo del área centro-caribeña.

Si a eso le sumamos cuestiones asociadas a financiamiento, infraestructura y escenarios de confrontación para los deportistas inscritos, los cubanos largaron con desventaja.

Con las disciplinas colectivas, independientemente de que solo computen una vez sus preseas, sucedió algo parecido.

La pelota zozobró, al igual que el voleibol de sala y el baloncesto entre las damas. En cambio balonmano y baloncesto masculino, los elencos de hockey, el polo acuático femenil, y el softbol para hombres sacaron la cara y nos brindaron alegrías, en ocasiones inesperadas según los vaticinios.  

No se trata de ser justificativos en lo absoluto, sí de reflejar todos los factores de incidencia para movernos sobre niveles de objetividad más acertados y no generar falsas expectativas en la fiel afición, amantes de la actividad del músculo y hasta conocedores.

Cuando usted los coloca a todos en una balanza, yo me atrevería a seguir afirmando que el deportista cubano es de los mejores del mundo.

Más que un análisis, estas líneas incitan a una reflexión colectiva, pues a la vuelta de un año tocarán a nuestras puertas los Panamericanos de Lima, y no me gustaría que, al igual que en Toronto 2015, las predicciones distaran de la realidad sobre los distintos terrenos de juego.

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