MIRAR(NOS): Mis prejuicios de suegra (con años de adelanto)

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MIRAR(NOS): Mis prejuicios de suegra (con años de adelanto)
Fecha de publicación: 
27 Octubre 2017
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Es probable, digo, en veinte años, que me siente con mi hijo a tener una conversación bien seria. Advierto desde ahora que será un monólogo y que, a lo mejor, tan sentimental como soy, rompa en sollozos ante la posibilidad nunca remota de que me presente a su novia.

Si ella tiene hijos, en lo que a mí respecta, no será un problema. Los demás, desde luego (y desde siempre), comentarán. La gente se toma esas atribuciones porque lleva siglos elaborando, con extremo cuidado, una extensa lista de las cosas que quiere para sus hijos.

Les da lo mismo que usted, en su función de padre (o madre), decida aceptar aquello que, en apariencia, pudiera ser inconveniente para una relación duradera y feliz (que no son sinónimos).

Pero el mío es varón. No quiero que vaya libando de flor en flor; me sirve de consuelo algo que he aprendido a lo largo de mis... años: equivocarse está bien. No deja de ser cierto que, en cuestiones sentimentales, a veces duele más de lo que quisiéramos, y reconozco que sus dolores, los de mi hijo, incluso los internos, van a doler en mi piel.

Una colega me señalaba el otro día que aún no he experimentado el amargo sabor de cuando un niño no quiera jugar con él o lo empuje a propósito, por cosas de infantes: un juguete o porque sí.

Aún esos sinsabores no me tocan y me empiezo a armar de valor para explicarle, de la manera más sencilla, que uno es libre de jugar con quien quiere, libre en sus elecciones como la cosa más simple. ¿Cómo le explico eso?

Y cuando lo empujen, mi yo egoísta querrá decirle: «no dejes que lo hagan, empuja tú también». Pero hay que sobreponerse a ese primer impulso. Estoy construyendo a un hombre, y ya es bastante que no pueda modificar algunos chips que vienen incorporados en sus cromosomas XY. No entender a las mujeres, el primero de todos ellos.

Me gustaría que mi hijo optara por una mujer sin hijos, que le dedicara lo mejor de sí; que emprendan todos los caminos juntos, si es posible. Si a algún lugar llega este pedido, que sea, por favor, una «novatica» como él, también en cuestiones de la pasión.

Cada día se vuelven más museables los que se inician tarde en las cuestiones del amor, por llamarles así, pero quisiera que desandaran juntos todos los senderos, y si sigo pidiendo, ya para terminar, me gustaría que él pueda leer esto.

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