MIRAR(NOS): Irma y yo, enfrentamiento personal

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MIRAR(NOS): Irma y yo, enfrentamiento personal
Fecha de publicación: 
18 Septiembre 2017
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Es sábado, ya no sé si ocho o nueve, creo que es nueve. Mientras el huracán golpea la ventana de la casa donde me encontraba autoevacuada (vivimos en un cuarto piso y no quise tentar a la suerte), pienso en mi pequeño. Por lo general pienso en él. Me siento mal, pienso en él. Me siento bien, pienso en él. No es mi porqué de consuelo, es mi hijo y lo sabrán los padres, ellos suelen convertirse en nuestros héroes y heroínas.

Bueno, sigo, dormido él en mis brazos, me empiezan a temblar las ideas de tanto que Irma bufa allá afuera. La siento arrastrando zines, la siento zarandeando puertas, pero como dicen que lo que siento se lo paso a mi hijo, decido sin más... ser valiente, valiente por él que no sabe lo que está pasando, ni remotamente.

Cuando alguien piensa de sí mismo, en la mayoría de los casos se eleva, se hincha porque las hazañas personales parecen la gran cosa. Nunca me había autoproclamado cobarde pero ahora estoy dando un ejemplo, los niños son esponjas... ahora menos que menos. No puedo rajarme, me digo mil veces mientras Irma abre una ventana en la casa de enfrente. El niño se despierta y nos acercamos desde la nuestra a mirar lo que se puede mirar.

Es probable que de aquí a unos meses él no recuerde nada. No sé si sea conveniente refrescar su memoria cuando ya pueda entenderme. Quizás sería inoportuno que cosa en sus vivencias también esta, su primer ciclón. Acaso ¿le hará más grande? ¿mejor persona?

A sus nueve meses poco le importan las experiencias de ese calibre. Lo suyo es jugar, inventar palabras a las que procuramos un significado coherente. “Dada” por ejemplo, sin una acepción exacta en el diccionario parece ser por ahora su manera más limpia de pedirnos agua, casi constantemente debido a los calores de septiembre.

Este chiquito evidentemente tiene poderes sobre mí. No hay forma de que pueda evitar sonreír si él lo hace. Me preocupo in extremis porque Irma le está afectando el apetito. Tan glotón como es, esta puede ser la única respuesta posible. Los vientos allá afuera a lo mejor lo están atormentando, no es que me lo haya dicho. Ni siquiera porque lo aparente. Se nota sereno pero aprieta la boca, se resiste a probar bocado.

“Bastante ha comido, no lo fuerces”.- me aconseja mi tía, experta cuidadora de los tres suyos y luego tres nietos.

Y bueno pasa el ciclón, seguimos sin servicio eléctrico. Esto puede tardar días pero en la mañana del domingo, como un rayito de luz… allí en la boca de mi hijo asoma el primer diente.

p.d: En el momento que se escribió ya teníamos servicio eléctrico y mi hijo dos dientes.

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