¿Dónde va la vida? Comparando las telenovelas

¿Dónde va la vida? Comparando las telenovelas
Fecha de publicación: 
22 Agosto 2017
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Lo que sucede conviene. Rara vez se puede seguir en todos sus detalles el desarrollo paralelo de dos telenovelas. La TVC nos dio por estos días el chance al poner ‘lado a lado’, la novela nacional con la extranjera.

 
A algunos les parecerá injusto comparar la cubana con la brasileña. Pero esta ‘injusticia’ nos la impusieron cuando decidieron volver a alternarlas.

 
Saliendo un día sí, un día no, es imposible no notar los baches que existen entre una y otra.  Más complicado aún es tolerar las fallas de la nuestra que, para variar, no ha conseguido equiparar la ‘competencia’.

En quince capítulos la brasileña vence en cantidad y calidad de peripecias por unidad dramática.

 
Para mes y medio no ha pasado tanto. Pero ha pasado más que en la cubana.

Mientras en Lado a lado, ha estallado su principal conflicto: el embarazo ilícito de Isabel, con varias líneas perfiladas, En tiempos… sigue sumergida en el letargo.

 
Supeditar todo el relato al coma fue una apuesta nada inteligente. Lo que funciona en cine o en un relato breve, no vale para una trama dilatada.

 
El coma le impuso una sombra depresiva y maniató a toda una familia que, como en la vida misma, se ve sujeta a una convalecencia desgastante.

 
Y con ellos, nosotros.

 
Llorar es un placer, dice el ‘poeta’. Pero para llorar sabroso tiene que pasar un mar de cosas. Sufrir pasivamente, en cama, difícil que conmueva a alguien…

En tiempos... es el reino de Elena. La antagonista omnipresente. Y aunque sus intereses muevan algo esta maquinaria poco engrasada, su superexposición es contrastante y excesiva. Más, cuando la protagonista casi no existe.

 
Si, al menos, fuera otra actriz…

Salvo los roces diarios y los chismes cotidianos, no ha habido avances sustanciales. Ninguna subtrama ha cuajado. Algunas ni se han presentado.

 
En una frase: no sabemos ‘dónde va la vida’.

 
La aparición del padre, nada aporta. No basta con que sea un ‘secreto trepidante del pasado’, para inscribirse en el torrente más clásico del melodrama.

 
Si vino a traer un cambio de equilibrio que favorezca a la heroína inmolada no se percibe porque, en realidad, hay poco en juego. Saliendo o no de casa da lo mismo, pues Manolito, su único conflicto en la concreta, sigue en cama.

 
Tendría que perderlo todo, como Isabel, para ser crucial y llevarla a una superación forzosa.

 
O, al menos, delinear un triángulo amoroso, para estimular la sintonía hasta el capítulo 80.  Estamos en La Novela. No en Nuestros hijos.

Si los guionistas no se dieron cuenta, debían reparar los asesores. Tan terminantes cuando de aprobar se trata. Pero ni unos, ni otros lo pensaron.

 
Tampoco calcularon que habría un actor yacente por una infinidad de episodios.

 
¿‘Resucitará’? Sabe Dios. Pero en otro país y otro esquema, sería algo imposible, a menos que sirviera para cubrir un hueco. Don Rafael del Junco fue un accidente.

 
Introducir un rol que se perderá de vista y sólo reaparecerá en los finales trae el riesgo de que el intérprete no pueda hacerlo y nos deje embarcados…

Son lados prácticos que no acaban de asumir los libretistas de esta isla…

La escritura diaria ya es un reto. La emisión alterna lo aumenta. ¡Escriban en función de ello! Pero aquí no. Seguimos con la TV por la libreta.

Quince capítulos suena poco, pero en Cuba son cinco semanas. Cinco semanas en una transmisión usual darían 25. No obstante, si fuera a diario En tiempos de amar tendría pocos triunfos. Es que no saben entrar de a lleno en materia.

 
No sólo la brasileña nos mete rápido en el ajo. Lo hace CSI, de vuelta en las madrugadas, Sinú, con su elenco acubanado lleno de acentos raros, incluso la japonesa Comer es vivir que, desde otra matriz narrativa, sabe contar historias.

La gran derrota de la cubana ante la brasileña no es de orden económico. No señor. Es de narrativa.

 
Lado a lado consigue dibujar, aunque a veces con trazos demasiados gruesos (calcados de los manuales de historia), un contexto, sin descuidar el drama.

La cubana, con su misión periodística, tiene que ser atemporal por la obligación de permanecer vigente, incluso tras años de archivada.

 
Su bosquejo de la sociedad se ha reducido a lo meramente delictivo. Un Tras la huella pasado por agua, los lunes, miércoles y viernes. Con Maikel Amelia y todo.

¿Hasta cuándo el agro, el hotel, los gerentes sin escrúpulos y el bajo mundo?

Lado… aunque tenga un humor pedante y no sea un folletín de altura, logra diálogos y situaciones inquietantes, con actuaciones que ni el doblaje mella.

 
Fastuosas, pero impersonales –al punto que todos los sets lucen iguales– las escenografías denotan un cuidado. Incluso, en esta fase industrial del diseño.

La dirección, discreta en todo aspecto, busca potenciar el texto para que dé todo lo que pueda a nivel de imagen.

 
De la cubana no esperes más que una cámara ora estática, clavada en los cojines blanquinegros de Zelma, para sacarle partido a su belleza, ora con Parkinson, en mano, para estar a tono con la moda.

 
Pero ni un plano más intencionado. Ni una composición más bella. La torpe secuencia de la playa y la bicicleta, fue un ejemplo. La locación del hotel otro.

Lo que podía servir para la descongestión visual, colirio de los sentidos, se muestra con austeridad espartana. Lo básico. TV por la libreta.

De los momentos dramáticos no hablamos porque sencillamente no los hay.

En música Lado… trae lo mejor de una etapa histórica del samba (O mundo é um moinho, A flor e o espinho). En tiempos… la lírica fatigante de Raúl Paz que no les da matices a los personajes, pues todo suena igual. Siempre.

 
Lógico, aunque las emitan de otro modo, los defectos de la cubana seguirían ahí. La solución nunca será suprimir la extranjera. Ni sabotearla, ninguneándola o reduciéndola a su expresión más mínima. Como a veces pasa.

 
La idea sería mejorar la nuestra. O por ahora quitarle el énfasis. Cuando las sirves en un mismo plato, las pones a competir… y la cubana no está lista.

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