“Quiero casarme con un robot chino de última generación”

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“Quiero casarme con un robot chino de última generación”
Fecha de publicación: 
1 Agosto 2017
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Elegir siempre resulta difícil, más si se trata de una pareja, y mucho más —perdónenme los adverbios— si es cuestión de “seleccionar” una madre para nuestros hijos. El tema, abordado, días atrás en estas páginas despertó algunos comentarios, en los cuales me detendré en algún momento.

Como verán tomé prestada la frase final de un forista llamado Jorge Alfonso, quien tiene razón en su análisis. No crean que por sentirme madre no comprendo a la otra parte del universo.

“¿Por qué no se habla de lo difícil que es para el hombre elegir a la mujer correcta para madre de tus hijos y para que te haga feliz. Si tú eres muy bueno ella terminará por subestimarte y aburrirse y luego viene la infidelidad y pierdes todo lo que construiste”, fueron algunas de las opiniones brindadas por él.  

Es cierto. Tanto para un hombre como para una mujer la elección no resulta fácil, porque hay un sinnúmero de factores que inciden en ello. Además, al margen de lo que pudiera suceder, siempre existe la posibilidad de equivocación. En estos temas nadie es dueño de la última palabra.  

Sin embargo, si alguna frase me inspiró su relectura fue esta: “(…) igual derecho debe tener el hombre que la mujer en tener la custodia de sus hijos, no quieran saber ustedes los chantajes que sufre un buen padre cuando la mujer utiliza a tus hijos para controlarte. Yo quiero casarme con un robot chino de última generación”.

Por sus palabras, creo que la experiencia de Jorge no ha sido la más feliz, y ello lo llevado a tener cierta actitud pesimista respecto al amor y la familia. No obstante, aunque las vivencias son esenciales,  no hay que dejarse llevar solo por ellas, ni colocar el pasado en un altar.

Interesante el criterio de Gordy:  “Los padres son una cajita de sorpresa, pero como hay buenas madres hay buenos padres, yo conozco uno que es mi yerno Arnaldo, cuando mi hija lo conoció y decidió vivir con él ya tenía una niña, yo pensé que no era lo  idóneo pero después aprendí a valorar qué clase de padre es, cuando vi sus cualidades le dije a mi hija: `Ese es el hombre para tus hijos`. Hoy lo quiero como a un hijo pues es el mejor padre del mundo”.

Una buena compañía para la vida

Escoger una madre para nuestros hijos debe corresponderse con el hecho de pensar en una buena compañía para la vida. Eso ocurre primero; la descendencia viene después. Entonces, ello presupone ante todo amor, la atracción del uno por el otro, la correlación de  intereses, gustos, inquietudes.

Como dice el refrán popular,  “primero la carreta y después los bueyes”. Entonces no se puede pensar en tener familia, si ante todo no pensamos en la pareja.

Interrogado sobre el tema, mi amigo Gabino apuntó: “Yo nunca me cuestioné cómo escoger una madre para mis hijos. Mi primera preocupación era que fuera una buena esposa; en eso es lo primero que piensa el hombre respecto a una mujer. Luego, a medida que se van solidificando esos lazos, es que surgen las ideas para la vida futura”.

El tiempo y las circunstancias son determinantes para conocer a las personas, y aunque esta ecuación no siempre da el resultado esperado sí pudiera ser una buena fórmula para tratar de equivocarnos lo menos posible.

En momentos en que se exacerba lo material —incluso por encima de sentimientos y valores—, tanto para unos como para otras resulta complejo el panorama de la familia. Preservarla y mantener en pie las raíces que la sostienen es hoy un lujo.

Tener la experiencia y luego contar lo sucedido

A mi modo de ver los hombres deben seguir el consejo de la psicóloga colombiana  Isabel Cristina Bettín cuando dice que a la hora de elegir a esa persona se deje a un lado el corazón y se analice con la razón para poder evaluar objetivamente al compañero. “Si miramos a la pareja con los ‘ojos del amor’ es más difícil ver sus imperfecciones. Ello sirve en ambas direcciones”.

Estudios realizados por la doctora Patricia Arés, especialista en el tema familia, apuntan que Cuba ostenta la mayor tasa de divorcio de América Latina y el Caribe y que la duración promedio del primer matrimonio es de cinco años.

Tales datos quizás pudieran verse un tanto alejados del asunto. Sin embargo, ello apunta a que en esta cuestión las cosas no andan muy bien, al margen de que un alto por ciento de las cubanas y los cubanos prefieren las uniones consensuales, antes que legalizar el matrimonio.

Entonces, podemos tener una imagen de que elegir una madre/padre tampoco debe resultar cómodo. Pero tanto en esto, como respecto a la crianza de los hijos, hay que —necesariamente— pasar por la experiencia para luego contar lo sucedido.

César, un fotorreportero de profesión, dio en el blanco cuando al respecto afirmó: “Encontrar una mujer que se compenetre con uno; que sus sentimientos se puedan ajustar a una familia, esos son cálculos que no lo puede hacer ningún científico. Con un poco de suerte, una buena mujer siempre es un regalo de la vida”.

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