Levanto una copa por Carilda y Desiderio

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Levanto una copa por Carilda y Desiderio
Fecha de publicación: 
11 Julio 2017
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A la matancera, por nacimiento y orgullo, le confirieron la Orden Félix Varela y recibió una carta de felicitación del presidente Raúl Castro por sus 95 años. Creo que si una intelectual merece ese reconocimiento, es la autora de poemas que han dejado de pertenecerle.

He tenido la suerte de entrevistar a Carilda en más de una oportunidad y alguna vez, hace muchos años, me dijo que le disgustaba lo que había sucedido con su poema Me desordeno, amor.

Estas son unas líneas que publiqué: “El 7 de septiembre de 1999, día que tuvo para mí un significado especial: más que realizar una entrevista, conversé largamente con Carilda Oliver Labra. Unos lustros atrás, cuando publicamos en la revista El Caimán Barbudo un comentario acerca de su obra, varios poemas y algunas fotos, yo, que no la conocía personalmente, pero había leído todos sus poemas, le insistí a un colega para que en la primera ocasión me la presentara, y esa oportunidad no demoró, pues semanas después, en el Palacio de las Convenciones, hubo un encuentro de intelectuales donde coincidimos los tres. Mi amigo apostó que yo vería a Carilda ruborizarse como una niña de 15 años y no le creí (actitud que me costó dos cervezas; por suerte transcurrían los 80…). La vimos en un receso y el Beny empezó a piropearla con toda su artillería; llegó otro poeta y subió la parada, mientras yo embobecía ante el cutis ya marchito que cambiaba del blanco a un rosado intenso, especialmente en las orejas. Percibí que aquella mujer casi septuagenaria, en el fondo, disfrutaba el desenfreno de sus admiradores, y de golpe entendí su poesía”.

Entonces escribí “Porque hay una poesía que se siente y no se entiende, aunque guste mucho, y hay otra, como la de Carilda, que, en mi caso, siento y entiendo. Para mí, los versos de esta matancera ilustre son los que mejor reflejan a la cubana, a pesar de que ella se queje porque la gran mayoría solo conoce el aspecto erótico de su lírica”.

Por supuesto, entendí a la mujer que ha conseguido tantos premios desde 1947, cuando obtuvo el segundo lugar en el Concurso Internacional de Poesía, organizado por la National Broadcasting Co. de Nueva York, Estados Unidos, siendo aún muy joven. En Madrid también ha recibido homenajes; en La Habana y, claro, en su Matanzas natal.

En esa ciudad ha amado como lo que es, una cubana raigal; ha abierto las puertas de su casa a los jóvenes; sufrió alguna injusticia, además de la lejanía de su madre, pero sobre todo, la Ciudad de los Puentes es el nido donde su hija ilustre escribió un poema a Fidel en 1957, con igual valentía que cuando desgranó sus versos Al sur de mi garganta a mediados del siglo veinte.

Desiderio Navarro, por su parte, recibió el grado de Doctor Honoris Causa del Instituto Superior de Arte, ISA, rodeado de personas que lo respetan.

Polémico, trasgresor desde su época de estudiante, en su natal Camagüey, según ha dicho: “Ese período inicial, sobre todo a partir de los seis años, fue, ante todo, el de la búsqueda ávida de libros y la lectura incesante —primero, de química, biología, psicología, filosofía y lingüística—. Fui un autodidacta nato: un día, mis padres descubrieron que había aprendido a leer solo, y desde entonces estimularon en mí el estudio y procuraron mi desarrollo intelectual en la medida de sus limitadas posibilidades económicas. Mi mejor regalo de Reyes Magos fue un escritorio, hecho por mi papá en calidad de Gaspar, Melchor o Baltasar. Gracias a una licencia del entonces Ministro de Educación, Armando Hart, a los quince años pude ingresar en la Universidad de Las Villas para estudiar Química, pero pronto me vi obligado a dejar la carrera”.

Agregó que “Con el Premio Literario de Cuento de la UNEAC Provincial en 1965, me descubro a mí mismo como escritor y mis lecturas se reorientan hacia la literatura, el teatro, el cine y las artes plásticas —sin abandonar la filosofía—. Poco tiempo después, la Dirección Provincial de Teatro me contrata como asesor del Conjunto Dramático de Camagüey en su período de oro, que transcurrió en un contexto nacional de luchas ideoestéticas entre ideas de vanguardia, de un lado, y realistas-socialistas, populistas, sovietizantes, cuyo desenlace, como es sabido, fue favorable a estas últimas. Hay que recordar que el primer ataque público contra Lezama Lima, publicado en Bohemia, provino de Camagüey, y el único ataque contra la extraordinaria puesta en escena de Vade retro por Pedro Castro, con actores de la talla de Héctor Echemendía, Yolanda Cuéllar, Mercedes Arnaiz y Rogelio Meneses, provino de un escritor del propio Camagüey. En ese tenso contexto también hacían sus obras los artistas plásticos Juan Vázquez, Santos Serpa y Gabriel Gutiérrez, así como los escritores Carlos Victoria, José Rodríguez Lastre y Francisco Garzón. Y por entonces escribí sobre algunos de ellos. En 1968 dejé Camagüey y poco tiempo después, también lo hicieron casi todos los creadores mencionados”.

Se ve desde entonces al intelectual polémico y a la vez, brillante. Creo que ni él mismo sabe cuántos idiomas conoce, y si los interesados en el marxismo y la estética hemos tenido acceso a diversos autores, en un período censurados, se debe a la labor de hormiga realizada por Desiderio.

Criterios es una joya desde que nació, en 1972, con una forma elemental, y que una década se convirtió en una revista vinculada a la Casa de las Américas desde 1983. En la época que no tuvo papel, Desiderio mandaba su revista vía e-mail o se la copiaba en una memoria a los interesados.

Por este hombre, a veces de hablar cáustico, se conocieron filósofos y estetas de la desaparecida Europa del Este y a la vez, él ofreció sus puntos de vista, que no siempre he compartido, pero que están signados por sinceridad, la sabiduría y la audacia.

Merecedor de numerosos premios en Cuba y otros países, a Desiderio se le deben textos antológicos en su doble significado: Cultura, ideología y sociedad (1975, 1983); Anatoli Lunacharski. Sobre cultura, arte y literatura (1981, 1985); Textos y contextos (t. I y II) (1986, 1989); Patrice Pavis. El teatro y su recepción. Semiología, cruce de culturas y postmodernismo (1994); y Luri Lotman. La semiosfera (t. I, II y III) (Madrid, 1996, 1998, 2000), entre otros valiosos libros.

Lo conocí en los ochenta, cuando las páginas de El caimán barbudo sirvieron de soporte a una de sus polémicas. Ya lo había leído y hasta hoy, lo mismo cuando enarbola la defensa de nuestra bandera, embate contra el racismo o circula un texto que para leerlo se necesita sosiego, Desiderio ha tenido todo mi respeto. De ahí que, en la distancia, brinde por su doctorado, y como no puedo beber mucho, esa misma copa sirve para alegrarme por la orden entregada a Carilda.

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