MIRAR(NOS): Mudanzas

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MIRAR(NOS): Mudanzas
Fecha de publicación: 
2 Junio 2017
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Hay una película cubana muy graciosa, protagonizada por Rosita Fornés, donde con algunos años de antelación su personaje se convierte en una gestora de permutas. Quienes la vieron sabrán que en Se permuta, como se nombra el filme, no en todos los intercambios ella resultó la más favorecida.

En todo caso, cuando se produce una mudanza, las posibilidades de ganar en todo resultan mínimas. Y la gente sabrá por qué lo hace. Si lo pensamos bien, a lo largo de la vida, incluso debido al crecimiento personal, vamos permutando resoluciones, credos y hasta sentimientos.

Con plena certidumbre, argumento que quien significó mucho en el pasado puede ser que ahora esté «muerto y enterrado», porque nos encargamos de borrar del mapa de nuestras vidas todo lo que hizo daño, o simplemente lo que nos viene en gana, que no todas las veces es perjudicial. Porque, ¿no le ha pasado que se arrepiente de una decisión, pero muchas veces teme volver sobre sus pasos? Tranquilo, si ha sentido esa profunda nostalgia por su pasado reciente, entérese de algo: ser humanos implica errores, retrocesos, vueltas en V hasta el punto de partida.

A algunos nos cuesta reconocernos culpables, y ni qué decir de los momentos de humillación, de pedir disculpas con el corazón en un puño. El orgullo carcome y se traga las palabras que quisimos decir. Culpamos al azar y a no encontrar la ocasión propicia, como si hiciera falta música de fondo para declarar afecto o arrepentimiento.

Me viene a la mente el recuerdo de una conocida que pedía disculpas a todos, incluso por lo que no había hecho. De un modo que entonces me parecía falsa humildad, pronunciaba cada letra frente a cualquier receptor: «Si hice algo que te molestó, te pido disculpas; si algo de lo que hice pudo causar que me trataras así, te pido disculpas».

No tendré que decirles que provocaba la risa en más de uno, nadie llegaba al total entendimiento de sus palabras, pero al menos el mal rato pasaba y los ánimos se calmaban. Han pasado los años, la madurez llegó igualmente a mi vida y ya no pido disculpas por cosas que no he hecho. Permuto odios, y eso no quiere decir que jamás me enfade o que mi obsesión sea todo el tiempo repartir amor. ¡Ya quisiera dedicar mis horas a tan noble propósito! El tiempo me apremia, y también permuto obligaciones tediosas; en la medida de lo posible las voy dejando para luego, y en primer lugar ubico aquellas que me satisfacen más, aunque debo reconocer que no siempre puedo hacerlo.

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