MIRAR(NOS): Evitar el dolor

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MIRAR(NOS): Evitar el dolor
Fecha de publicación: 
5 Mayo 2017
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Basta que un soltero encuentre pareja para que le caiga encima un enjambre. No había reparado en semejante realidad y hoy, cuando la soltaron al lado mío caí en la cuenta de cuánta verdad encierra.

Al 99% de las mujeres que conozco les encanta el desafío, el sentirse centro de las miradas o por lo menos referencia para aquel muchacho.
 
Hay que ver como gustamos de complicarnos, o sea, de hacer las cosas más complicadas de lo que realmente son. Lo digo con plena certeza porque nos gusta el desafío, somos fanáticos a probarnos entre nosotros mismos cuán lejos podemos llegar o los niveles de resistencia, individualmente hablando.

Y no hay más, y no hay menos situaciones engorrosas que las que nosotros mismos nos buscamos. Nadie me negará que de algunos malos ratos podemos librarnos pero nos metemos solitos en la camisa de once varas como si en el empeño de enredar la pita se nos fuera la vida.

Ha de ser por aquello de que el mejor oro, el más puro se prueba en fuego, a altas temperaturas de calor. Pero, digo yo, no necesito probarme a mí para saber qué doy. Bastante tengo ya con las pruebas que caen solitas sin avisarme para sacar el paraguas, resguardarme lejos de tanta tormenta o incluso para salir huyendo. No porque corra frente a la adversidad sino porque algunas cosas hay que esquivarlas.

Por si es cierto aquello de la cuota de sufrimiento asignada a cada cual, procuro poner mejor cara a la hora de todo. Bastante con el que ya me toca, ¿necesito más?

“Lo que no te mata, te hace más fuerte”, no estoy de acuerdo abuela, con eso sí que no. Lo que no te mata al menos te lastima, y para heridas estamos en este mundo donde perder la tranquilidad es de lo más normal.

Prefiero evitar el dolor, obviar la parte de la enseñanza y todo eso. Siempre que pueda esquivo la bala, me voy por la tangente, tomo el camino o la vereda. Finalmente llego al destino, aunque me cueste, pero trato de ponerme a salvo aunque luego tenga menos riesgo que contar.

¡Y que me tilden de cobarde! Sobran los instantes de llantos en cada expediente de vivencias, nadie está exento del sufrimiento pero no hay un decreto universal que nos obligue a buscarlo como un fin en sí mismo.

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