MIRAR(NOS): Castillos inconclusos

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MIRAR(NOS): Castillos inconclusos
Fecha de publicación: 
21 Abril 2017
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Normalmente, la gente anda bastante apresurada. Obvian los buenos modales y el mundo se va haciendo más aburrido cada vez. Para no saludar, por ejemplo, la última tendencia es revisar el móvil, aunque de sobra sepan que nadie les escribe desde hace siglos, desde que el Morro era de palo.

 

Antes miraban el reloj y nadie tenía que enterarse de que estaba parado, nadie quería ni tenía por qué enterarse de que la prisa era por llegar a ningún lado. Y esa sí es una regla fija: quien se apura no llega a ningún lado.

 

Quemar etapas, en mis años mozos, tenía que ver con el hecho indiscutible y a simple vista comprobado de que las muchachitas jóvenes quisieran lucir tacones o andar pintadas sin llegar a la edad establecida. Adelantarse, en buen cubano, era el significado de esa metáfora tan popularizada, sobre todo en las voces de nuestros mayores.

 

Ya les he dicho otras veces. Siempre fui de las últimas para todo. En las asignaturas escolares no presentaba problemas ni dificultades serias (hago este aparte para las Matemáticas), pero la vida, sus adversidades y los contratiempos de tipo sentimental no eran un asunto que me robara «actividad neuronal».

 

A lo mejor por eso mismo siempre pienso y repienso las cosas, porque fui una desfasada en mi época, y tan desfasada, que no puedo creérmelo cuando converso con cualquiera de mis condiscípulas. Muchas de ellas ya van por la segunda vuelta de hijos, y a mí me sigue pareciendo que ser madre es el oficio más complicado, si bien el mejor remunerado, del mundo.

 

Comprendan que no me estoy quejando. Quien mucho se adelanta, mucho se pierde. No soy el mejor ejemplo, me encontraba literalmente en el otro extremo de la vanguardia... floreando, como decía mi abuela. Cada momento hay que vivirlo con la paciencia que requiere; las 24 horas no van a ser mejor aprovechadas porque no duermas o no comas, hay que tomarse tiempo para todo.

 

Claro, todas las personas que conozco duermen y comen. El asunto es cuando obvian el tiempo para conocerse, para vivir los momentos del romance y para amar; sobre todas las cosas, para amar.

 

En aprender a vivir, dijo alguien más adelantado que yo, se nos va la vida, pero no saber cómo hacerlo es apenas un pretexto. La premura es la antítesis de la cordura. Hay situaciones que requieren la paciencia de una oruga. Cada pequeño segundo resulta irrepetible y en esta galaxia mejor hacer las cosas con paciencia, para que no derrumben castillos que nunca llegaron a ser completamente construidos.

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