MIRAR(NOS): Nuevos días

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MIRAR(NOS): Nuevos días
Fecha de publicación: 
24 Febrero 2017
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Dentro de una semana habrá llegado marzo, en un abrir y cerrar de ojos ya arribaremos al tercer mes de 2017. Se dice fácil después de casi 60 días de año nuevo, pero a algunos, estoy segura, jornadas especificas les resultaran muchísimo más largas.



En la más absoluta realidad nos han entregado 24 horas por cada lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado de nuestras vidas (no incluyo los domingos con toda la intención del mundo). Si se ponen ahora a calcular, es mucho mucho tiempo.



Quizás sin poner mucho asunto en ello, aunque empezó a caminar a los 10 meses y yo a los 13, ya nos hemos dado cruce debido al aprovechamiento individual.



No quiero repetir algún concepto de columnas anteriores. Caigo en la cuenta, no obstante, que siempre alguien está peor. En la más mala de las circunstancias que recuerde, sin miedo al demasiado optimismo, personas a mi alrededor estampaban una experiencia para el olvido.



Al cabo de los años me pondré a rememorar todas mis peripecias y a lo mejor, alguna editorial, urgida de materiales para estrenar en ferias del libro, publique esas memorias.



Ahora que duermo poco pienso en aprovecharme al máximo, pero sin tiempo para recapitular los sucesos diarios, caigo en los brazos de Morfeo por una o dos horas y así sucesivamente, me despierto, y luego... cae rendido en mis brazos un pequeño hombrecito bajo mi guarda y cuidado.



Llámeme egoísta, pero hace dos años, mi día preferido lo marcaba el de mi cumpleaños. Ni siquiera por los regalos, era no más aquella manía heredada de importarle a todos al menos una vez al año. De tantos que ya he cumplido me circunda la certeza de que no necesariamente les importo, a veces cumplen con el protocolo para ese tipo de celebración.



Así que ahora, aunque en el mismo mes, el día ha variado. La fecha del nacimiento de mi hijo vendrá también este 2017 para recordarme mi nublada y humanidad, y como si pudiera olvidarlo, para que prenda en mi memoria el día en que dejé de ser yo para ser de otro.



Ni el día de mi graduación tuvo tanta magnitud, ni cuando coloqué el punto final en la tesis obtuve mayor sosiego. Me veo ahora repetida en algunas de sus partes y trato de enmendar mis peores formas. Estoy absolutamente enamorada de mi hijo, sin miedo a gritarlo. Me sigue seduciendo con cada una de sus novedades en materia de aprendizaje y con esa gestualidad tan incontenible.



Disculpe usted si llegó hasta aquí esperando leer otra cosa, soy madre y mujer y más lo primero que lo segundo. Jamás estaré sola, en cualquier lugar del mundo me acompañan estos nuevos recuerdos.



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