Sobre las lámparas: ¡Prendamos una luz!

Sobre las lámparas: ¡Prendamos una luz!
Fecha de publicación: 
26 Febrero 2017
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Fotos: Annaly Sánchez/CubaSí

Manos prodigiosas las de Eduardo Avilés Menéndez, y no dejemos de mencionar su inteligencia, pasión y dedicación por lo que hace. Bajo el nombre de Vitralamp exhibe lámparas, vitrales, apliques, mosaicos y todo tipo de faroles.

alt                                                                      Eduardo Avilés Menéndez

 

Con una producción sorprendente y maravillosa, Avilés pretende cautivar a un público que cada vez más aprecia el arte de trabajar el cristal y convertirlo en artículos para embellecer nuestra cotidianidad.

Técnico medio en Economía, Avilés ha dedicado prácticamente todo su quehacer laboral a la artesanía, y en la actualidad es miembro de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA).

Comentó a CubaSí que cuando él puede, participa en las ferias más importantes que se organizan en la capital —ya sea la Internacional de Artesanía, FIART, o Arte para Mamá—, «pues son lugares ideales, con condiciones», aseguró. 

 

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No obstante, señaló que años atrás afrontó dificultades con el vidrio (la materia prima esencial). Esto ya ha sido superado y le ha permitido mantener su presencia en los recintos expositivos. «Siempre que tengo oportunidad de llenar un stand, lo hago».

Resaltó la durabilidad de sus producciones, donde, además del vidrio, utiliza láminas de cobre y estaño, de ahí la calidad y el precio, que varía según el tamaño y oscila entre 60 y 300 CUC.

Demoro alrededor de dos semanas en hacer una pieza —comentó—, pues no es un proceso artesanal-industrial, no se hace de un día para otro, sino me lleva mucho tiempo; hay que cortar, limar, soldar.

«Mis producciones tienen una terminación determinada, me esfuerzo por lograr calidad. De ahí el precio que establezco».

En la actualidad, se apoya en dos de sus familiares, pero ha enseñado a varias personas, quienes —una vez que aprenden— van buscando su propio camino y hasta le hacen competencia.

En este oficio le acompaña Abdelazi Escobar, amigo y vecino (del reparto Versalles, en el municipio habanero de La Lisa), quien, además del vidrio triturado, trabaja la herrería artística y todo tipo de mosaicos.  

altAbdelazi Escobar

Empezó con muchos deseos, pero sin conocimiento alguno. Anhelaba confeccionar un vitral, pero no conseguía los cristales. Así, entre «ensayos y ensayos», logró hacer uno, con una imagen de una cotorra que todavía tiene guardada.

Tan solo con 12 grado vencido, Abdelazi confecciona piezas únicas, en una gama de mesitas, soportes (para televisión) y bases para filtros de agua, entre otras, a lo cual se suman los mosaicos y los faroles.

No tenía experiencia alguna —contó—, pero me apasionan las artes. Por eso en mis piezas yo lo hago todo, es decir, mezclo herrería, vidrio, electricidad. Incursiono en varios oficios.

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«En mi barrio soy una especie de handyman, la gente me pide ayuda para arreglar todo tipo de cosas: lo mismo pongo cristales, yales, hago algún tipo de electricidad o pinto».

Solo una observación…

«Arte es arte», me decía recientemente un fabricante de muebles, cuando le cuestionaba los altos precios de sus producciones. En este caso ocurre lo mismo.

En aquel momento, cuando el reportaje se publicó en este propio espacio —«Muebles cubanos: ¿atractivos y a buenos precios?»—, un forista precisaba un detalle interesante que, de alguna manera, guarda relación con este dedicado a las lámparas. Me atrevo a reseñar algunas líneas:

«Hermosos muebles, son muy caros, eso es cierto. Pero les diré una cosa: soy hijo de carpintero y en mi casa hay una carpintería. ¿A cuánto está el pie de madera? ¿A cuánto está la libra de puntillas, si las consigues? ¿Cuánto vale la cola, el pliego de lija, el barniz, la goma laca? Solo por mencionar algunas cosas que hacen falta para hacer esos muebles».

Este es un caso similar: bellas piezas, pero muy caras, incomprables para quienes viven de un salario honrado. Pero tal y como decía Ricardo Rivero en el anterior trabajo periodístico:

«Esto es una opción más, no es una obligación comprarlo; al que le guste y lo pueda comprar, que lo haga; el que no, se puede buscar otros muebles baratos, que también los hay. Lo que es difícil de entender es que no haya por falta de opciones». Yo coincido con Ricardo, ¿y usted?

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