Pasajero: instrucciones para sobrevivir

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Pasajero: instrucciones para sobrevivir
Fecha de publicación: 
28 Septiembre 2016
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Asómbrese.

Observe la cantidad de personas. Ilusiónese. No estime aproximados. Abandone su cerebro al placer de las hipótesis: habrá una segunda parte de “Juan de los Muertos” y convocaron a un casting para extras en el papel de zombis (¡apúrese, al fin su oportunidad en el mundo del cine!); mejor aún: uno de los conciertos de Silvio por los barrios. (¿Será? No, no parece); acaso entre la muchedumbre anden Mayito, Haila o Pablito FG con los concursantes de “Sonando en Cuba”.

Salga de dudas, que usted no es la especulación de La Habana.

Pregunte.

Desilusiónese.

La muchedumbre está esperando dos ómnibus: el P-15 y la recién estrenada A-95.

Sepa usted que antes, cuando la A-95 era 195, en ese lugar de la Calle G solo paraba el P-15: la gran cosa amarilla que abarca una maratónica trayectoria: Alamar-Guanabacoa-Regla-La Habana-Vedado. Capturar un P-15 es más complejo que cazar un Pokemón. Antes de mutar, la 195 era esperada bajo la sombra del Quijote, en la calle J. Por tanto, a pesar de que en G nunca ha disminuido el número de personas, el riesgo de disociación era menor.  

Pida el último. Un ejercicio muy bueno para su memoria. Arriésguese. No le queda más remedio. Usted debe llegar a casa.

Esfuércese. Si es usted capaz de memorizar al instante nombres y apellidos de las personas y retenerlos milagrosamente hasta el fin de sus días, pero en cambio es un pésimo taxonomista –como yo- tendrá entonces que multiplicar su esfuerzo n veces para recordar:

a)    La persona que va delante de usted en la cola (Sujeto A).
b)    La persona que va delante del Sujeto A, por si el Sujeto A desaparece.
c)    La persona que va tras usted, en caso de resolver algún que otro dilema natural de las colas.

Ha dado usted el primer paso. Sienta que usted no es un aspirante a pasajero más: es miembro de un equipo y juntos conforman la cola perfecta.

Ahora respire y tenga paciencia. El tiempo… el tiempo es relativo.

Mire pasar dos A-95. Asómbrese. La cantidad de gente no disminuye. Tranquilo. No se desespere.

¡Al fin! Note que lentamente llega un ómnibus anaranjado. Dude. Usted espera uno amarillo. Tenga la certeza. La inspectora de transporte grita: “¡El P-15!”.

Experimente el incremento en la velocidad de los latidos de su corazón. (¡Cómo cuando le mandaban carticas de “sí o no” en la primaria!). Conténgase. No muera de la emoción. No se adelante a los acontecimientos que el derroche de adrenalina apenas comienza.

Despreocúpese. La cola lo arrastrará hasta la puerta. (¿Recuerda? Usted forma parte de un equipo y juntos…).
Suba.

Asómbrese. Nunca pierda esa capacidad. Escuche el parlamento del conductor del ómnibus en un tono muy lejos de lo amable y lo educado: “Miren a ver, que no hay guaguas. Bastante que los estamos llevando”.

Cuidado. Evite usted disgustarse pensando que el transporte es un SERVICIO PÚBLICO (no favor ni caridad de nadie), que además usted PAGA por necesidad y que muchas veces, como otras tantas personas, ha abonado un peso SIN RECIBIR EL VUELTO los 60 centavos de cambio.

No se aflija. Ahora usted es, oficialmente, un pasajero.

Camine. Vamos, usted puede, inténtelo. Constate la falta de tubos para sostenerse durante el viaje.

Su cerebro sigue preocupadísimo y un ligero humo sale todavía de sus orejas debido al parlamento del conductor. Respire.

A partir de ahora, deberá tener en cuenta que el espacio también es relativo. Sienta en su piel el sudor y la respiración de los otros. Alégrese: está usted fortaleciendo su sistema inmunológico.

Observe cómo un tipo fuerte ocupa el asiento de un afortunado que ya se baja, mientras queda de pie, frente a él, una muchacha con un bolso enorme. Mire cómo el tipo finge dormir. Sienta que hay valores caídos ya en el mismo agujero negro que absorbió a Ulises 31 (si es usted mayor de 25 años, tararee la canción, es inevitable). Note que, finalmente, se bajará usted en la próxima parada.

Pida permiso. No pierda usted jamás tal costumbre. Llegue a la puerta. Sienta cómo es bajado generosamente del ómnibus. El sentido de equipo presente hasta el final.

Está usted de vuelta en el asfalto. Quédese parado unos segundos para estabilizarse. Note que usted ha sobrevivido. Felicítese. Camine hasta su casa. Ya lo peor pasó. Ya pasó. Como todo en la vida y como la vida misma.

Llegue a su casa. Quítese los zapatos. Respire. Ponga los pies en el piso. Haga tierra. Cierre los ojos. Piense en el agujero negro, en que mañana será otro día, en que usted debería regalarse un instante sin pensar. Deje su mente en blanco.

Relájese.

Posdata: Todo lo anterior puede experimentarlo usted en cualquier ruta de ómnibus habanera.

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