Kike Quiñones: «En el humor cubano de hoy todo se puede tocar»

Kike Quiñones: «En el humor cubano de hoy todo se puede tocar»
Fecha de publicación: 
29 Agosto 2016
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El humor en Cuba no es un lujo, el derecho a reírse debe estar escrito en algún libro sagrado de esta isla. Aquí nos reímos de cualquier cosa, hasta de uno mismo, si faltan temas; en los peores momentos tanto como en los buenos, así que el humor en Cuba es una necesidad. Quizás por eso la más reciente edición del Festival Aquelarre se preguntaba: ¿Piensas ya en el humor? Porque una cosa es hacer reír y otra, ser un profesional del campo. Sobre los caminos del humor cubano de hoy nos pusimos a pensar con el director del Centro Promotor del Humor, Kike Quiñones:

«Hay que hablar de diferentes vertientes o visiones del humor: no es lo mismo el que se trabaja para la sala teatral que el que se hace en un centro nocturno, que va a estar marcado sobre todo por el mercado, o sea, ahí hay una demanda que tiende a ser llevada por personas que no tienen mucho que ver con el diseño de la política cultural y de desarrollo artístico del centro, se guían por los más mediáticos, los más conocidos, los que ya tienen un espacio hecho, más que por la elaboración o la búsqueda interesante dentro de la creación.

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«Ya cuando vienes a la escena es otra cosa, te encuentras varias ramas del humor, trabajadas sobre todo a partir de la inmediatez. El humor cubano desde los bufos habaneros hasta hoy, pasando por el vernáculo de principios del siglo XX, era eso: tomar lo más inmediato, lo que estaba en el candelero, y llevarlo a escena, convertirlo en arte, mostrárselo a la gente, sobredimensionarlo para que la gente lo vea, y yo creo que esa es una de las cosas que está pasando, que se sigue haciendo, no es algo que sea nuevo dentro de la escena cubana».

—Pero a veces se extrañan otras temáticas no menos cubanas, pero más universales…

«Yo creo que eso es un proceso complejo, porque en los 90, sobre todo, se gestó una manera de hacer humor que se acercaba más al vernáculo. Antes, se había estado haciendo un humor un poco más universal: el trabajo de La Seña (del Humor), por ejemplo; lo que hacía Virulo con el Conjunto Nacional; ese tipo de propuestas. Como hubo un boom en los 90 y el Centro se crea con la influencia de todos esos jóvenes que les interesaba representar lo más inmediato, que ya te decía, no es nuevo en el humor cubano, pues yo creo que hubo una etapa de unos 15 años donde se hizo mucho humor partiendo de una tradición, pero se enfatiza, se hace muy presente en esos años. En estos momentos, hay otras búsquedas y otras maneras de representar. Está Etcétera, que tiene espectáculo, por ejemplo, que habla del kish, de cómo la banalidad se va apropiando de diferentes espacios; en el stand-up comedy, por ejemplo, hay una búsqueda hacia la universalidad a partir de las cosas más esenciales del ser humano y de los propios artistas, de sus vivencias. Pero siempre va a seguir estando en el humor cubano, y a eso no le podemos temer: hacer una representación de la vida inmediata, de lo que está pasando. Lo que yo creo que tiene que ganar y para que sea más universal es la manera, el cómo represento esa realidad para que los diferentes públicos, que no tienen que ser los cubanos solamente, puedan entender de qué va la cosa».

—¿Entonces es posible en Cuba hablar de todos los temas de la inmediatez social y política del país?  

«Lo que en Cuba se le dice sátira social, se le da cualquier nombre, pero eso es humor político; en Cuba se hace humor político, siempre se ha hecho; el Centro Promotor del Humor, desde que surgió, lo ha hecho y se hizo en los 80, en los 70, en los 60, antes del triunfo de la Revolución, el bufo hacía humor político. La sátira, precisamente, es el arma fundamental, y en Cuba, cuando se dice sátira social, estás trabajando con la política, así que en el humor cubano hoy yo creo que todo se puede tocar, todo es lícito, a todos los lugares se puede llegar; el problema es cómo, o sea, dónde está la inteligencia del creador, en el cómo, eso es lo determinante, cómo usted habla de tal fenómeno, cómo toca tal problema, cómo representa tal situación; si usted es inteligente y puede elaborarlo y lograrlo, todo el mundo, especialmente el público, lo va a aceptar».

—¿Cuáles son las características de ese público?

«El público cubano no es tolerante ni permisivo con las cosas burdas, no me refiero solo a decir malas palabras, sino a ser burdo a la hora de tratar un tema determinado, eso el público cubano no lo perdona. Usted trabaja a partir de lo subyacente, de lo sugerido, y la gente cae por su propio peso en un lugar y lo disfruta muchísimo. Basta con que usted ponga un panfleto, dándoselas de muy gracioso, que no va a funcionar, porque para eso nosotros tenemos en Cuba espacios que están muy bien diseñados; la política se trabaja muy bien y está muy bien diseñada. ¡Ah!, desde el arte usted tiene que hacer arte y no es darle la espalda a los fenómenos, porque la política está diseñada para que usted pueda tratarlo todo con la inteligencia, la responsabilidad y la calidad artística que lleva, o sea, a cada creador lo defiende su obra. Mira, si tú no eres capaz de elaborar, si no eres capaz de pensar e inteligentemente llevar las cosas, pues no eres artista, no eres creador. Nosotros vivimos en una sociedad donde hay un gran nivel de instrucción y la gente sigue el humor no por gusto, sino porque es un público, además de heterogéneo, muy inteligente y capaz de darse cuenta de dónde están los referentes, a pesar de que hoy en Cuba hay muy poca crítica alrededor del humor».

—¿Crítica especializada, periodística…?

«Sí, falta un ejercicio de la crítica especializada que de verdad sea contundente, constructiva, reveladora para el espectador, porque los gustos se forman también a partir de este trabajo; el artista va adecuando su obra. El ejercicio de la crítica puede ayudar a la formación de esa percepción del público y de la creación desde el punto de vista del artista, porque a veces un buen creador puede estar equivocado y creer que lo que está haciendo es bueno, entonces esa ausencia de crítica no ayuda ni al género, ni a los creadores, ni al público».

—Me hablabas del teatro, pero cada vez hay menos grupos en el humor cubano. ¿Eso no va contra la existencia de puestas en escena más complejas?

«El tema de los grupos está condicionado también por el factor económico; no es lo mismo organizar presentaciones, giras a provincias, para un solista que para un grupo. De todas formas, hay algunos que se mantienen como La Leña del Humor, de Santa Clara, y otros nuevos que se han creado. Lo que nosotros estamos tratando como institución es precisamente potenciar el desarrollo o la producción de espectáculos que impliquen varios proyectos, solistas o grupos, que es lo que puede dimensionar mucho más ese trabajo en la búsqueda precisamente de puestas en escena. Pero sin dudas, sí, hoy el humor adolece de propuestas de grupo, quizás como La Seña del Humor o Salamanca, en sus buenos tiempos, que muestren una estética, una línea de trabajo que sea defendible. Hay que decir también que hemos estado buscando en las propias universidades, en los eventos que hacemos en las provincias, nuevos talentos, porque es lo que hace que no se vicie la creación dentro del humor; buscamos ciertos talentos que van dinamizando, van apareciendo textos nuevos…»

—Los textos… ¿coincidimos en que nos faltan también buenos escritores de humor?

«Lo más difícil en el humor es escribir; usted puede tener una muy buena idea y escribirla muy mal, y puede tener una idea no tan buena, pero estar escrita de una manera genial y funcionar muy bien; o sea, el tema en el humor del guionista es esencial. Hoy también la tendencia está más marcada porque cada proyecto, generalmente, tiene alguien bien preparado que escribe. Es el caso de Miguel Moreno en Komotú, por ejemplo, porque hay que ver también la procedencia; en La Seña del Humor todos eran universitarios, tenían un nivel y una cultura general muy vasta y eso enriquece el trabajo, porque el humor es de personas inteligentes. Para generar humor, hay que tener cierta inteligencia y saber ponerla en función de lo que tú quieres. Usted puede ser muy bueno sacando cálculos, pero no ser inteligente a la hora de expresar una idea y hacerlo con agudeza y con limpieza, eso es complejo.

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Kike Quiñones (D) junto a Andy Vázquez (I) como Facundo Correcto, durante la gala de clausura del III Festival Nacional del Humor Satiricón, en el Teatro Eddy Suñol, de la ciudad de Holguín, Cuba.

«Sin dudas, es un problema grave que mucha gente también cree que hacer humor es subirse al escenario y ser simpático y ya, ser chistoso; ahí es donde está el problema muchas veces con el tema de los guiones, de los temas, de la manera en que se tratan: que la gente no sabe dilucidar. En el humor, hasta lo escatológico se puede trabajar, siempre que sea con inteligencia y siempre que haya detrás un propósito bien diseñado, bien pensado, porque el humor se piensa, se diseña y después es que se lleva a la escena. Hoy uno de los graves problemas es que existen pocos guionistas que se dediquen solo a escribir para que otros representen, porque también los hubo, Zumbado es un ejemplo, pero eso ya casi no existe, son muy pocos, la mayoría de la gente escribe sus propios textos y muchas veces no es feliz el resultado».

—Hubo un premio de audiovisuales en el Aquelarre. ¿Es una estrategia para promoverlos?

«Eso realmente es una intención muy marcada del Centro de impulsar la creación audiovisual humorística, porque realmente es muy pobre. Si en los años 80 y 90 en Cuba se hacía mucha comedia en el cine, hoy la tendencia es lo contrario, hacer mucho drama; o sea, hay una tendencia, yo diría que para nosotros los cubanos bastante rara, a la no comedia en el audiovisual. Entonces, si bien el Centro no es el máximo responsable de la creación audiovisual, sí puede, desde su posición, estimular la creación audiovisual alrededor del humor, y por eso es que lo estimulamos, no solo los creadores con obras ya en concurso, estamos potenciando la creación audiovisual con producciones hechas por el propio Centro. Todo lo que tribute al desarrollo del humor a largo plazo, nos interesa».

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