Cuba: Sombrillas en el paisaje urbano (FOTOS)

Cuba: Sombrillas en el paisaje urbano (FOTOS)
Fecha de publicación: 
4 Julio 2016
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Imagen principal: 

 ACN FOTO/Osvaldo Gutiérrez Gómez

Siempre fue tradicional del campo cubano, y sobre todo de las serranías, el tropezarse a las mujeres cubiertas por sus sombrillas subiendo o bajando el trillo.

Fui testigo presencial de esa estampa en las lomas de la Sierra Maestra, y entonces no pude menos que evocar aquel verso martiano de «las señoras como flores debajo de sus sombrillas». Porque en verdad que iban como flores, lozanas y frescas, aunque del camino se levantara como un vapor que mixturaba con el polvo, dándole cierto aire de irrealidad a las imágenes.

Hoy, parecen estar multiplicándose esas escenas en otros territorios de la geografía nacional. Las calles de la capital cubana dan fe de tal cuestión. Pero Ellas, cubriéndose con sus sombrillas del sol de las dos o las tres de la tarde, en verdad no parecen flores. Y si alguna semejanza quedara, sería con flores mustias, agonizantes, apachurradas, compactadas hasta el suspiro por el tornillo de banco que es el calor a esa hora. Y antes, y después.

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Jóvenes pasean con una sombrilla para protegerse del intenso sol del verano, en Ciego de Ávila, Cuba.                  ACN FOTO/Osvaldo Gutiérrez Gómez

Aunque no son solo señoras, sino también algunos señores, el verso de Martí no los tuvo en cuenta. Y, por lo general, a Ellos no les gusta llevar sombrilla, por eso no me detengo en esa cara del prisma.

De todos modos, el calor que está sintiéndose por estos días es el que se lleva todo el protagonismo. Es el centro de estas líneas también apachurradas y sofocadas por un montón de grados Celsius que conspiran junto con la humedad, el resplandor, el asfalto humeante, los olores… para conformar una mezcla asesina.

Ignoro si hoy o ayer hubo reporte meteorológico sobre algún récord de altas temperaturas, pero aunque no lo haya habido, es igual que si estuviera en todos los titulares porque los cubanos no hacemos más que hablar del calor, que sufrir y resistir estoicamente el calor.

Hay que ver, bajo esas sombrillas, las caras de quienes transitan después del medio día por la calle. Está más que claro que no andan paseando; solo una necesidad puede impulsar a alguien sensato a entregarse así a los mordiscos del calor.  

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La gente anda apurada, sofocada, con ramalazos de sudor prendidos a las ropas, la frente, la espalda. No pocos llevan el pomito de agua como auxilio. Pero no es suficiente. Ni la sombrilla, ni el pomito, ni refugiarse unos instantes bajo la sombrita del árbol salvador o del techo de la parada.

De tanto fastidiar, el Sol hasta se ha quedado de pronto sin manchas. Al menos así lo reportó por estos días la NASA. Informaron que el Sol se quedó «en blanco», así, literalmente.

Nada tiene que ver con que le haya fallado la memoria sino con que, según esa entidad aeroespacial, ha entrado en una nueva etapa de disminución de actividad. En menos de un mes, el Indio no muestra en su superficie las grandes manchas solares —valga la redundancia— a que nos había acostumbrado, y eso indica que su actividad es la más baja desde febrero de 1906.

Aquí abajito, en esta encrucijada de paralelos y meridianos que entretejen a Cuba, los de a pie no sabemos demasiado sobre ese «reposo» del Sol, pero, por lo que podemos constatar bajo las sombrillas, el tipo, aun cogiendo un diez —o por cogerlo, quién sabe— está que arde. Nos tiene a punto de escenificar, en multitudinaria puesta en escena, el título de la canción del trovador: Desnuda y con sombrilla.

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