Responsabilidad ante el trabajo: Estar no significa hacer

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Responsabilidad ante el trabajo: Estar no significa hacer
Fecha de publicación: 
17 Junio 2016
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Fotos: Annaly Sánchez

Vaya forma de saber, que aún puede llover, sobre mojado… Derechos, deberes y responsabilidad ciudadana.

Trabajo, variable sobre la que necesariamente volvemos. Su simple mención abre el espectro de sucesos y aristas posibles, muchos de ellos asociados a la responsabilidad, el sentido de pertenencia, productividad y remuneración, entre otros.

Hace unos días en este mismo portal describimos un fenómeno creciente: la reducción, o distorsión más bien, de la jornada laboral de viernes por disímiles causas. Fue como desatar un diluvio, pues muchos de los lectores expusieron sus visiones y asumieron posiciones frente al asunto.

 

Ciertamente hay que hurgar en las estructuras o sistemas que rigen los establecimientos e instituciones que brindan servicios. Casi la totalidad de ellos carece de jornada laboral extendida, lo que significa que de alguna forma esta limitante incide en la ocurrencia de salidas en horario laboral, traducidas en indisciplina o violación cuando algún trámite o problema toca a nuestra puerta. El horario de almuerzo, o la mágica hora-media hora previa a la salida, se perfilan como los horarios más propensos para la escapada resolutiva.

 
Acompáñame al Agro de Tulipán, sacaron papas en el EJT; vamos a la shopping, que surtieron detergente y picadillo… ¿Por qué no me haces la media a la terminal?

 

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Estas manifestaciones, más allá de diversas causas o estructuras “maquiavélicas” han proliferado. Eso es incuestionable, como también lo ha hecho otra asociada a la irresponsabilidad, la ineficiencia o la improductividad: el estar sin hacer.

 

Algunos de los que asumen esta posición, incluso, se auto catalogan de intachables. Llegan temprano a diario, en apariencia están muy activos o siempre ejecutando alguna tarea, pero en esencia no producen ni tributan mucho al objeto social de su entidad. Buena parte de esta especie pasa por los endebles procesos de selección y completamiento de la plantilla en cada sitio. Para nadie es un secreto que en no pocos centros de trabajo, donde una o dos personas deben cubrir sin contratiempos la ejecución del contenido de trabajo, nos hemos encontrado cinco. No solo se propicia de esa manera que varios de los trabajadores soporten o recarguen su actividad sobre aquellos compañeros más conscientes o capaces, sino que evidentemente estamos en presencia de otra variante de paternalismo.

 

Al término del año 2014, y según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), la población cubana en edad laboral ascendía a 7 097200 personas, de ellas 5 105500 se consideraba activa. En esa misma cuerda de datos estadísticos, 4 969800 ciudadanos se hallaban oficialmente ocupados. ¿Nos hemos puesto a reflexionar, ̶ sin contar los trabajadores por cuenta propia, cooperativistas o del sector privado, que en teoría tienen otros incentivos y estándares de exigencia ̶  cuántos de esos millones han incurrido o practican de algún modo la filosofía del estar y no hacer? ¿Hemos pensado en cuánto velo de improductividad y gastos, de ineficiencia y poco sentido de pertenencia, de brechas en la fluidez de los procesos nos cubre a diario por estas razones?

 

Eso sin contar aquellos funcionarios, ocupantes de puestos de dirección o no, que padecen de “reunionismo”. Un virus que bien pudiera atribuírsele al peor de los insectos, familia en el árbol genealógico del mosquito Aedes Aegypti. Esos compañeros que sencillamente centran su accionar e incluso lo cuantifican en correspondencia con su presencia en reuniones. Aquellos inoculados o con la teoría del quórum y los múltiples informes que entregar adheridas.

 

“Disculpa, pero estoy muy ocupado con un informe que debo presentar. Perdona, si puedes ventilamos ese asunto el lunes pues tengo una reunión en 15 minutos…” Más o menos así de hueco nos suena su modus operandi.

 

Es sinceramente una espiral, en la que no estamos despreciando ni devaluando la pobre remuneración, el grado de insatisfacción existente o simplemente el desagrado o no realización respecto al camino profesional o laboral escogido. En ella, como montaña rusa volvemos una y otra vez sobre los mismos senderos. El paternalismo, ese compañero fiel durante décadas, nuevamente acecha.

 

Como manifestamos con anterioridad, los valores y las posturas que asumimos, no siempre son obra y gracia de la espontaneidad o voluntariedad, también se inculcan, aunque para ello, en ocasiones, tengamos que apelar al control, la fiscalización y otras medidas que coadyuven a que deberes y derechos transiten por el mismo cauce de responsabilidad. Solo así estaremos enrumbando esta nave de nombre Cuba, y expresión país hacia el puerto deseado, tal y como lo expresara en más de una ocasión y partiendo del postulado marxista, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Raul Castro: “A cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”.

 

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