MIRAR(NOS): Inapetencia masculina

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MIRAR(NOS): Inapetencia masculina
Fecha de publicación: 
11 Marzo 2016
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Amo, compasiva y tristemente, a los complicados hombres que han convertido su hombría en una sanguinaria máquina de sumar.
Gioconda Belli

 

Hace unos pocos días yo escribía sobre los compromisos que impone ser mujer. Seguramente, para algunos de mis lectores funcionaron a la manera de un manual de instrucción que les permitirá lidiar mejor con este producto todavía en proceso que somos nosotras.

 

Si tratara de definirlos a ellos comenzaría anunciando que el 19 de noviembre es su Día Internacional. Fue establecido en fecha más reciente, apenas 1992, y como supondrán fue un XY el autor intelectual de tan macabra idea.

 
Ahora bien, volviendo al meollo de la cuestión, por naturaleza un hombre es adicto al sexo y a la cerveza aunque no siempre tenga que respetarse ese orden.

 

El caso es que siempre quieren sexo sin importar el momento o lugar. Por lo menos, esa resulta la idea más manejada desde los antiguos modelos patriarcales donde tener bajo deseo sexual (bajos niveles de libido) solamente parecía característica propia de XX.

 

Un estudio realizado por la revista Psychology Today y Redbook Magazine preguntó a mujeres la visión que tenían sobre el apetito sexual de sus maridos. 60% de las mujeres de la encuesta declararon que deseaban tener sexo igual o más, del que deseaban sus maridos. ¿Sorprendente no? Se pone mejor ahora.

 

Por lo general, de acuerdo a esa investigación, a ellos les cuesta mucho más trabajo lidiar con el estrés e inclusive con la tristeza. Las banderas de la masculinidad durante siglos han izado la idea de que un hombre no puede llorar y al parecer han añadido el plus vinculado a su imposibilidad de desahogarse a la manera de nosotras, contando las penas no de 2 en 2 y sí hablando con alguien.

 

En algunos casos el deseo sexual disminuido no es episódico, acompaña a la persona desde el inicio de la actividad sexual, estas personas suelen estar muy reprimidas, con indiferencia afectiva o una visión pecaminosa del sexo.

 

Igualmente pocos dominan que existen también causas físicas como el poco flujo sanguíneo o la disminución en los niveles de testosterona.

 

Otra investigación de la Universidad de Aveivo, en Portugal pone en duda la afirmación de la inmanencia del deseo masculino.

 

Se estudiaron las condiciones emocionales y cognoscitivas (atención, concentración, pensamientos, recuerdos, etc.) de 205 hombres, entre 18 y 72 años, casados y solteros.

 
Los resultados ponen sobre el tamiz el significado especial de los pensamientos eróticos para la aparición y persistencia del deseo sexual masculino. Fantasías, la autoimagen durante el acto sexual, los pensamientos positivos respecto a la sexualidad, aumentan sus niveles de deseo.

 

Servida la mesa ya están avisadas mis lectoras y en cuanto a los hombres, sepan encontrar comprensión en sus medios limones. El apoyo femenino existe y está comprobado, no es como la vida en Marte.

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