Día de la Mujer: Peligros al borde de cazuela y trapeador

Día de la Mujer: Peligros al borde de cazuela y trapeador
Fecha de publicación: 
8 Marzo 2016
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Dianelys andaba apurada, muy apurada, y para ganar tiempo pensó que lo mejor era echarle a la bañadera salfumante y cloro a la vez. Así quedaría limpia más rápido.

Pero si no llega a ser por lo rápido que actuaron sus vecinos, hubiera sufrido un paro respiratorio y a esta hora no estaría celebrando el Día Internacional de la Mujer.

Salvo ante acontecimientos sonados como este, y otros de peor desenlace, no es usual que estos temas engorden el diálogo cotidiano, donde solo quedan a modo de comentarios o narraciones sin mucha trascendencia.

En consecuencia, poco, casi nada, puede encontrarse en el ámbito académico e investigativo referido a tal tópico.
 
Sucede que “los riesgos físico-mentales que las tareas domésticas provocan, usualmente se tornan irrelevantes debido a la invisibilidad física y social de este trabajo y por el desconocimiento que existe acerca de la repercusión del mismo en la salud humana”.

Así lo explica Magela Romero Almodóvar, máster en Estudios de Género y en Sociología, y autora de una de las pocas investigaciones publicadas al respecto.

“La repercusión del trabajo doméstico en la salud femenina” es el título del estudio de la también profesora del Departamento de Sociología de la Universidad de La Habana, quien abunda en cuáles pueden ser las consecuencias negativas de estas cotidianas faenas entre cazuelas y trapeadores, muchas veces continuación de una primera jornada en el centro laboral.

En su indagación, la profesora menciona precisamente la exposición a tóxicos químicos como uno de los tantos riesgos a que se enfrentan las mujeres durante las tareas domésticas, debido al contacto con productos químicos que conforman desincrustantes, detergentes, ambientadores y otros limpiadores.  

 

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El salfumante y la lejía de cloro se cuentan entre ellos y son bastante usuales durante la limpieza de los hogares cubanos. En otras latitudes, el frasco de salfumante trae junto a la calaverita que aquí también le ponemos, la advertencia explícita de “no utilizar junto a otros productos (cloro). Puede liberar gases tóxicos”.

Por su parte, en la etiqueta de la lejía también suele indicarse que no se debe mezclar con ácidos.

Pero Dianelys tuvo que descubrirlo por terrible experiencia propia. Sucede que el salfumante es ácido clorhídrico, HCl, con una concentración entre el 16 y el 20%. Al combinarlo con la lejía o cloro, como también se le llama, se produce una reacción química que libera cloro gaseoso, sumamente tóxico.

El cloro diatómico (Cl2) resultante de esa reacción de oxidación-reducción es un compuesto tan nocivo, que puede llegar a producir la muerte. Tanto es así, que ha sido utilizado como arma química en algunas guerras a lo largo de la historia.

Ojalá esta información cubra en algo los vacíos que a este respecto deja el mercado, formal e informal, y así evite posibles sustos a otras Dianelys.

Riesgos en bata de casa

El descrito arriba es probablemente el peligro al que más se abocan, por desconocimiento, las cubanas que día a día se “fajan” con la limpieza del hogar. Pero no es el único.

La profesora e investigadora Romero Almodóvar menciona también que el tiempo invertido frente a cocinas y hornos, con sus humos y calores, puede acarrear enfermedades respiratorias y alérgicas como bronquitis y asma.

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Es común ver en los consultorios médicos, policlínicos y en las terapias más variadas a mujeres buscando remedio a sus dolores de columna, de cuello, cintura o de cualquier otra parte del cuerpo aquejada por el levantamiento de pesos.

Y no porque la halterofilia sea su ocupación, sino por las tantas cargas pesadas que se asocian a las tareas domésticas: desde cargar al niño, cubos de agua, palanganas llenas de ropa recién lavada, hasta la sempiterna jaba con lo que pudo encontrarse en el agromercado.

A propósito de estas y otras prácticas similares, la investigación mencionada refiere que “…no son raras las lesiones graves en la espalda, los abortos y los prolapsos uterinos que provocan”.

Otro peligro hay, que no por intangible resulta menos preocupante: los riesgos psicológicos.

 

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Son causantes de estrés el carácter rutinario y repetitivo del trabajo en casa, así como el bajo prestigio social que le acompaña, y va asociado al desentendimiento o poca participación de otros miembros de la familia, quienes a veces ni siquiera reconocen la importancia de estas labores.

“…se demostró que la presencia y el nivel de depresión en las mujeres con doble jornada laboral es tres veces mayor que el del resto”, se cita en el estudio mencionado. Entre los padecimientos más frecuentes vinculados a este estrés menciona la irritabilidad, trastornos afectivos y de autoestima, angustias, miedos, estrés, desgano, falta de concentración, desvalorización, cansancio, ansiedad, displacer, y enfermedades psicosomáticas, entre otras.

Esos estados de ánimo en oportunidades van asociados al uso y abuso de sustancias potencialmente peligrosas. Entre ellas, la profesora Magela Romero Almodóvar menciona la automedicación con tranquilizantes, el consumo de cigarrillos y de alcohol.

 

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Otro de los fantasmas que acompaña en ocasiones a las mujeres en sus quehaceres hogareños es la violencia doméstica. No por gusto la también estudiosa mexicana Soledad González Montes, citada por Magela, ha asegurado que “las mujeres están habitualmente más protegidas en el mundo público del trabajo que en el mundo privado del hogar”.

Claro está que esa sentencia no debe generalizarse para el caso cubano, pero las estadísticas nacionales hablan de que no es despreciable el número de mujeres que, en su rol de domésticas y de cuidadoras, son maltratadas física, verbal y emocionalmente en hogares marcados por la impronta patriarcal.

Como portada y contraportada de un mismo libro se dan la mano con lo ya mencionado las afecciones en la salud sexual y reproductiva.

Si el estrés y/o el maltrato la machucan junto a los dolores musculares; si se ha tomado un bulto de Alprazolam para la angustia y otro de Ibuprofeno para los dolores, ¿de qué placer sexual estamos hablando?

La investigación tomada como fuente menciona “la incidencia de situaciones estresantes en la aparición de signos de sospecha de anorgasmias, falta de deseo sexual, irregularidades menstruales, maltrato marital y violencias sexuales”.

Como tapa al pomo, también se hace referencia a enfermedades osteomusculares derivadas de posturas inadecuadas que se asumen durante el trabajo doméstico. Entre estas afecciones se apuntan la artrosis, osteoporosis, contracturas y dolores musculares, lo cual a veces se hace acompañar por una malnutrición debido a los intentos por privilegiar en la alimentación a hijos y otros familiares.

Quien no corta el pelo, no hace cucarachas, y quien está usualmente cercana a la cocina, corre el riesgo de quemarse. De ahí que potenciales accidentes domésticos aguardan junto a la mujer que realiza labores en casa, desde quemadas hasta caídas limpiando.

 

De acuerdo con reportes del Sistema de Estadísticas e Indicadores con Enfoque de Género, mientras los hombres son mayoritariamente víctimas de accidentes automovilísticos, las mujeres lo son de accidentes en el hogar.

 

Pero se mueve

 

Quien haya llegado hasta aquí en la lectura, probablemente se andará preguntando a qué viene tal rosario de calamidades a propósito de este 8 de Marzo.

 

Pues sí que viene, porque el trabajo doméstico no remunerado es de las estrategias familiares que tributan a la subsistencia de los cubanos. Es así, aunque muchos quieran hacer como el avestruz, y no ver al cerca de un millón 854 mil 753 mujeres que se dedican por completo a esos quehaceres, sin contar que del millón 838 mil 600 cubanas con un empleo laboral, la gran parte se ocupa de una segunda tanda en casa.

 

Vale también el tema porque las labores domésticas están entre las cifras más altas del trabajo por cuenta propia en el caso de las mujeres, y este es también el Día de ellas.

 

El estudio exploratorio de la profesora Romero Almodóvar llama a profundizar en las consecuencias de las labores domésticas para la salud femenina, en función de elaborar propuestas que contribuyan a una redistribución social más justa y eficiente de las tareas del hogar, y lograr una mayor igualdad entre géneros en el ámbito de la salud.

Que así sea, porque a pesar del dolor en la cintura, del estrés y otras sombras, Ella estará hoy, como siempre, preparando la comida. No porque le guste ser la más sufrida, y sin obviar que la distribución de roles y transformaciones aún más profundas van moviéndose a su favor. ¿Pero… quién será la que prepare la panetela, la ensalada y los bocaditos para la fiestecita en el barrio por este 8 de Marzo?

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