Estilos de vida: Juguemos a organizar

Estilos de vida: Juguemos a organizar
Fecha de publicación: 
6 Enero 2016
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Niñas y niños aprenden jugando, adquieren saberes acerca de las cosas y sus relaciones con el entorno, incorporan roles, entrenan habilidades, socializan con los demás, ejercitan su cuerpo y se desarrollan de modo integral. Los juguetes, por lo tanto, son imprescindibles en su formación.  

 

No siempre las figuras más vistosas o los artefactos caros que eligen algunos adultos resultan los más atractivos para los pequeños de la familia ¿Quién no ha visto a una niña o niño dejar plantado en un rincón el juguete de “última” y centrar su curiosidad en aquel que puede parecer poco importante a otros? Probablemente ese trastico responda mejor a las necesidades de su edad, le haga sentir cómodo y le propicie diversión.

 

Jugar es vivir ese mundo de fantasías, que para niñas y niños no es tan distante del mundo real. Hoy se asumen mamá o papá, mañana nené;  son cosmonautas, bomberos, médicos y pintores al mismo tiempo; desarman y si pueden vuelven a armar; en fin re-crean la vida misma.

El juego es un escenario ideal para introducir e ir desarrollando costumbres positivas, que luego de consolidarse y convertirse en hábitos, serán parte de su estilo de vida ¿Qué tal si, jugando, les enseñamos a organizar?   

 

 

Pudiéramos empezar por motivarlos ¿Alguien sabe dónde viven las muñecas, bolas, carritos… de esta casa? ¿Cómo se sentirán en un rincón del sofá o abandonados en el suelo? ¿Y si tuvieran una casita?

 

 

Sería aconsejable trazarse metas realistas. Si nosotros los adultos aspiramos e inducimos a la niña o el niño a idealizar un fin muy difícil de realizar, podemos decepcionarlo cuando no lo alcance en un plazo breve y posiblemente pierda la motivación. Para la “casa de los juguetes” podemos apelar a materiales que ya tengamos a mano: una caja vacía de cartón y papel para forrarla; un cajón con listones de madera de los que se usan en el campo para trasladar vegetales y barniz o un resto de pintura de cualquier color; retazos de tela de distintos estampados que sirvan para confeccionar bolsas.

 

 

Propiciemos su participación. La confección o arreglo de la caja o bolsa puede ser un juego en sí mismo, agradable, digno de disfrutar. Si el niño o la niña se involucran aportando ideas para su decoración o desempeñando tareas a su alcance, el resultado lo sentirá  suyo, será su “casa de los juguetes”.

 

 

Enfaticemos sus mejores resultados. En lugar de ayudar, el regaño suele despertar enojo y rechazo, así que evitemos frases del tipo “Te salió mal”, “Así no es”, “Tú no sabes, lo hago yo”. Otras, como “Buena elección”, “Te quedó muy bien”, “Se ve precioso” nos sirven para estimular su participación. Por ejemplo, la niña o el niño pueden dibujar paisajes con casitas, árboles y  animales sobre el papel con el que se forrará la caja o pueden sugerir cuál personaje de su cuento preferido mamá o papá pintarán o bordarán.  

 

 

Convirtamos el orden en una costumbre. Sacar los juguetes, desparramarlos, interactuar con ellos, manipularlos, hasta desarmarlos y descomponerlos para ver cómo funcionan y qué tienen dentro, son prácticas habituales. Propiciemos que cada día, después del juego, niñas y niños ayuden a sus juguetes a retornar a sus casas a descansar. Desde edades tempranas ellos empiezan a operar con las nociones de la distribución espacial de los objetos, el orden y la organización. Poco a poco podemos convertir en cotidiano el juego de recoger, a la larga los ayudamos a crear el hábito de la organización. 

 

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