Día de los Padres: Sin papeles secundarios

Día de los Padres: Sin papeles secundarios
Fecha de publicación: 
21 Junio 2015
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A los pocos días de separarse de su compañero, a Mayelín O. le confirmaron el embarazo; de todas formas ha decidido llevarlo a término.

Ni siquiera valoró la posibilidad de consultarlo con quien fuera su esposo. “De todas formas él no puede tener dudas de que es suyo, así que lo del apellido y la manutención queda garantizado. ¿Qué más hace falta?”

Las otras cosas que harían falta es probable que se las haga saber su hijo o hija años después. Pero lo que ahora vendría al caso en este Día de los Padres, es, si fuera posible, pasarle la pregunta de “Qué más hace falta” al hombre que la fecundó.

Sucede que Él no es un añadido, sino la otra parte, tan imprescindible como Ella, en el proceso de la fecundación, y al igual que la futura madre también tiene derechos reproductivos.

Sin embargo, poco se ha investigado en Cuba y en el resto del mundo sobre el modo en que son ejercidos tales derechos. Lo cual resulta una paradoja cuando tanto y con tan legítimas razones se aboga por una paternidad responsable.

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No por gusto el Doctor en Sociología y DemografíaJuan Guillermo Figueroa Perea, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México y una autoridad en tema de masculinidades y paternidad, subrayaba “la necesidad de legitimar socialmente la referencia a los varones como seres que se reproducen, y no únicamente como acompañantes de las historias reproductivas de sus parejas, ya que el varón desea y toma decisiones, aun cuando esta consista en secundar o dejarle la iniciativa a ella; y es a través de este proceso, que el hombre llega a concretar su deseo de ser papá.”

Abundan las exhortaciones a que la figura paterna se involucre de una manera plena en la atención a su descendencia. Y eso equivale a mucho más que ocuparse de su sustento, del autorizar o prohibir –herencia de una cultura patriarcal que confiere a la figura masculina el rol de la autoridad- o de la formalidad de una pensión alimentaria.

Pero es difícil propiciar ese necesario y deseado rol paterno si se conoce tan poco sobre las entretelas del coprotagonismo masculino en la reproducción.

“¿Conocemos sus necesidades?, ¿qué sabemos de sus vivencias reproductivas?, ¿cuáles son sus demandas? Si no somos capaces de conocer las interioridades de estos fenómenos no tendremos la capacidad de diseñar y posteriormente implementar políticas y programas que contribuyan a un mejoramiento de la salud sexual y reproductiva de hombres, pero también de la pareja en sí misma, que posteriormente tendrá repercusiones en la descendencia.”

Así asegura la investigación ¿Deciden los hombres en su reproducción? Resultados preliminares de un estudio con un grupo de jóvenes a partir de algunas características sociodemográficas, llevada a cabo por el equipo integrado por Raynier Hernández y Laritza Solares, del Centro de investigaciones Psicológicas y Sociológicas; y Niuva Ávila, del  Centro de Estudios Demográficos de La Universidad de La Habana.

Encontrar respuestas a esta y otras preguntas es importante considerando también las perspectivas demográficas de la Isla, donde la fecundidad se ha mantenido desde 1978 por debajo del nivel del reemplazo.

Al respecto, los autores indican que al tratar de identificar el lugar que ocupan los varones en los diferentes modelos de interpretación demográfica en cuanto a la fecundidad, constatan que en la mayoría se sigue considerando que son las mujeres las que se reproducen y a los varones no se les ve como coautores, sino en papel secundario. De ahí, señalan, que haya un mayor desarrollo de métodos anticonceptivos para las mujeres, así como de programas llamados de salud materno infantil.

Estamos embarazados

Esa frase, que la redactora escuchó pronunciar entre sonrisas a una pareja en la consulta de gestantes, será imposible que la pronuncie el papá del hijo por llegar de Mayelín.

Sucede que el deseo de ser padres, afirman los expertos citados, debe entenderse como un proceso de construcción de cada hombre en la relación con su pareja. Y esta negociación, que necesariamente no es explícita ni implica una relación de equidad entre ambos, está mediada por factores que incluyen creencias románticas, mitos, disponibilidad emocional, presiones familiares y de amigos, finanzas, trabajo y edad, entre otras.

La disposición a ser padres se asocia en buena medida a que el hombre se sienta realmente parte del proceso reproductivo y ello, indican los investigadores, depende de los significados socioculturales que le atribuyen a la paternidad dentro de su proyecto de vida.
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Es en este punto donde los tres analistas llegan a una interesante conclusión luego de trabajar con una muestra integrada por hombres profesionales que laboran en centros de Educación Superior de La Habana y que aún no han tenido hijos.

Según respondieron a entrevistas y luego de profundizar en sus historias de vida, la indagación revela que para todos ellos formar pareja sigue siendo un ideal, al igual que la conformación de familia, aunque en menor medida. Esto último debido a que para ello necesitan condiciones que muchos no poseen y consideran esenciales. Entre dichas condiciones incluyen: el cumplimiento de proyectos profesionales, tener un lugar para compartir con su pareja o casa propia, mayores ingresos para el sustento del futuro hogar y refieren también otros planes personales que se verían limitados por la conformación de una familia.

Algo similar ocurre con la planificación de los hijos. Existe un deseo explícito en la mayoría de los hombres estudiados por tener al menos un hijo, pero en un mediano y largo plazo.

El texto señala en cuanto al espacio de tiempo para tener un segundo hijo, que a diferencia de los datos sobre el mismo tema en mujeres, estos hombres nunca han reflexionado al respecto. Dejan al azar o a su compañera tal decisión “Una vez que me decida a tenerlos da lo mismo si se demora el segundo cuatro años que cuatro meses”, expresa uno de los entrevistados.

También es peculiar que el ideal del número de hijos no coincida ni con el de las mujeres ni con el de otros datos de investigaciones puntuales sobre hombres. Como tendencia, el ideal son varios hijos, pero dicen que solo tendrán uno. Argumentan que más descendencia no les permitiría darles a todos una educación y atención de calidad.

Los especialistas llaman la atención en cuanto a que, entre los hombres estudiados identifican “la superación profesional y a su propio trabajo como un motivo jerárquicamente superior, al menos en estos momentos, a la tenencia de hijos y/o la conformación de una familia.”

La investigación –presentada en el Congreso Internacional de Investigadores sobre Juventud, en marzo de 2013- señala que en el caso de las mujeres, indagaciones anteriores mencionan entre los motivos para una baja fecundidad su nivel educacional y su participación en la esfera pública (ocupación). Lo cual les permite independencia económica y un empoderamiento que alcanza al control y regulación de su vida reproductiva.

“Más recientemente –agregan- los estudios apuntan a otras causas como pueden ser la posposición de la fecundidad a causa de los proyectos migratorios, las condiciones socioeconómicas y la recurrencia de situaciones de infertilidad.”

Lo cierto es que en este Día de los Padres vale encerrar en círculo rojo la importancia de continuar indagando sobre los móviles, sentimientos y deseos de los hombres como copartícipes del proceso reproductivo.

Hace falta escabullirse, en la práctica y en la teoría, de la trampa de los estereotipos que legitiman a la mujer como principal responsable de la procreación, expropiando así a los hombres, a los futuros papás, de ese legítimo derecho.

Justamente ayer sábado, en un espacio televisivo vespertino, el profesor Calviño resumía en contundente frase cuánto de hermoso puede entrañar el ejercicio de ese derecho y de la cotidianidad que continúa luego del nacimiento, dándoles a los hijos primero raíces y después alas: “Uno es mejor persona cuando asume la paternidad.”

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