Homenaje a Leonela Relys: Ella sí pudo

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Homenaje a Leonela Relys: Ella sí pudo
Fecha de publicación: 
19 Enero 2015
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Cuando el método “Yo sí puedo”, ideado  por ella, daba sus pasos iniciales a modo de experimento, tuve la oportunidad de entrevistarla por primera vez, y desde entonces, quedé conectada a su bondad, altruismo, y a su modestia sin poses, nacida del centro mismo del pecho.

“Soy la misma mujer sencilla de siempre, que hace cola, atiende su casa… sigo igual. Aunque internamente me siento ahora más humana que antes. Lo alcanzado hasta aquí me ha permitido trazarme un objetivo en la vida”, me confesó en aquel  2005.

Del analfabetismo decía: “Esa es la injusticia social más grande que he visto en la vida, porque cada analfabeto está asociado al hambre, a la miseria, al desempleo, a condiciones infrahumanas. Y cuando tú le das una cuartilla y un lápiz, esa persona te besa y te abraza como si le hubieras dado lo más grande del mundo. Entonces, como es tanto el amor que he recibido, creo que tengo que seguir pagando así, con amor”.

Participante en la Campaña que permitió declarar a Cuba primer territorio libre de analfabetismo en América Latina, ni la propia Leonela, camagüeyana de cuna, pudo suponer la trascendencia de su aporte aquella noche de abril de 2001 cuando, iluminada por la tenue luz de un candil de kerosén, allá en Haití, dio por terminada la cuartilla. “”En aquel momento solo sentí que había hecho realidad una idea del Comandante. Cumplía una misión y nada más, como hacemos todos los cubanos”, relató a esta reportera.

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En aquel diálogo aseguró que “Solo durante la realización del Primer Congreso Mundial de Alfabetización, un encuentro de los educadores que trabajamos en bien de la humanidad, comencé a comprender la real magnitud política de la tarea, la idea verdadera de Fidel, que no es solo alfabetizar, sino vindicar a los excluidos de la tierra, lograr un movimiento social que los una como seres humanos, transformar el mundo. Nunca averiguo cuántos alfabetizados ya hay por el método Yo, sí puedo, ni por cuántos países anda. No pregunto para evitar el susto.”

“(…) Muchas veces, cuando estoy en otros países ayudando con la alfabetización, personas que no conozco vienen a mí, me besan y me dicen: Dios la bendiga, señora. Eso me asusta”.

De entonces a este día, cerca de ocho millones de personas en el planeta han aprendido a leer y a escribir gracias a Leonela. Entre ellos, el campesino mexicano Benjamín González, de Michoacán, cuyo testimonio, recogido por la redactora hace ya mucho, habla más que una medalla de la ayuda brindada por esta pedagoga cubana:

“Tengo 55 años, yo nunca pude ir a la escuela hasta el año pasado y como en dos meses y medio me enseñaron a leer y escribir, antes firmaba con el dedo. Unos maestros cubanos llegaron a mi casa y me invitaron a estudiar. Hoy quiero seguir aprendiendo, terminar mi primaria si Dios me da licencia. Deseo agradecer al señor gobernador del estado donde vivo, al gobierno de Cuba y a los maestros de la televisión, a mi familia que también estudió conmigo, y a todos los que confiaron en que sí podía. Yo sí puedo porque me enseñaron a confiar en mí y a ser un hombre más feliz”.
Benjamín se alfabetizó en menos de 90 días utilizando el método Yo, sí puedo.

Al interrogar a Leonela  sobre el porqué del nombre dado al método, explicó:

“Aunque tiene un yo que pareciera individualizar, está dirigido a todo el mundo. Por ejemplo, el facilitador cuando lo lee en su manual, se dice yo sí puedo alfabetizar aunque tengo 7mo. grado;  el participante, al escuchar el yo sí puedo en cada una de las clases, se siente comprometido con sus resultados. Si hablamos del gobierno, de un alcalde, este también repite yo sí puedo, y se estimula. Sin pedirle permiso al comandante Raúl, cuando leí en un cartel su frase de Sí se puede, decidí tomarla. Al verla me dije: es optimista, da confianza, y toda misión que Cuba emprenda debe llevar ese signo, la esperanza y el convencimiento de que es posible hacerlo.”

Esta profesora,  Heroína del trabajo de la República de Cuba -entre muchos otros reconocimientos-,  no solo alcanzó a ver el fruto de empeño tan noble como el de enseñar a los desposeídos los secretos de las palabras, sino logró sentirse realizada, feliz, recompensada sobre todo con sonrisas como las de Benjamín. Leonela sí pudo.

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