En Cuba, un fin de año diferente

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En Cuba, un fin de año diferente
Fecha de publicación: 
31 Diciembre 2014
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Cuando faltan horas para darle la bienvenida al 2015, los preparativos de los cubanos nada tienen que ver con alistarse para ir a nadar a heladas aguas como hacen los holandeses, quienes,  luego de ponerse casi azules por el gélido chapuzón,  toman una sopa de guisantes que llaman snert, chocolate caliente y ron. Bueno, para tomar ron no hay que estar necesariamente cianótico, caballero.

Tampoco andamos aderezando un guiso de lentejas, según acostumbran los italianos para su cena de 31, cuando, junto a cada una de las doce campanadas, comen una cucharada del potaje suponiendo que es sinónimo de buena fortuna.  A esa escurridiza reina de las billeteras la buscan los colombianos guardando una semilla de laurel en sus carteras, y si el asunto es cambiar de trabajo, pues se ponen tres hojas de laurel adentro del zapato para esperar el nuevo año.

De cara a los festejos, a las cubanas no se nos ocurre llevar ropas con lunares, a imitación de las filipinas, las cuales suponen que eso les traerá dinero en el año entrante porque las bolitas de la ropa simbolizan monedas.

Mucho menos tenemos en planes verter plomo fundido en vasos con agua -¡solavaya, y si se rajan los vasos, con lo caros que están!-según hacen los alemanes para leer el futuro en la figura formada por el metal derretido. Y qué decir entonces de imitar la costumbre asentada en Dinamarca de romper platos en la puerta del vecino buscando la buena suerte. Si por acá hacemos eso, en vez de buena suerte lo que nos buscamos es tremendo lío, con el vecino y con la propia familia por romper los platos.

Mientras nosotros ponemos el pedacito de cerdo para la cena, en Groenlandia lo que va al centro de la mesa es un plato típico llamado Kiviak. Se trata de carne cruda de ave acuática que, meses antes, mantuvieron enrollada en piel de foca. Muchos de nosotros lo que por poco perdemos la piel tratando de pescar la porción de mamífero nacional en las ferias por fin de año, ahora imagínese si la servimos cruda.

Aquí sí metemos la gran limpieza general, igual que en otros países de Latinoamérica, pero nada de esconder luego escobas y trapeadores como los noruegos, pensando que brujas y malos espíritus salen en medio de la noche buscando esos utensilios para, a modo de bicitaxi volador, emprender viaje a las alturas.

Algunos aseguran que llevar ropa interior de color rojo para recibir al primer día de enero, asegurará  amor y pasión; y que si es amarilla, atraerá dinerito. La buena fortuna, la abundancia, los de esta Isla sabemos que no la vamos a asegurar esta medianoche con determinadas prendas de vestir o rituales extraños. Solo trabajando mucho, muchísimo, podremos abrirle las puertas.

Este último día del año habrá quienes, desde diferentes latitudes del mundo, al pasar balance a las buenas cosas que les acontecieron en 2014, celebren por la llegada de un hijo, un ascenso laboral, premios, herencias, matrimonios y quizás hasta por divorcios.

Los cubanos, además de festejar logros personales, este 31 de diciembre brindaremos por un puñado de razones  que solo son nuestras, de nadie más en el planeta, y que atañen a todos en este país  marcándonos el porvenir: el aniversario 56 de la Revolución cubana; el regreso a la patria de los cinco compatriotas injustamente encarcelados durante 16 años,  y el restablecimiento de las relaciones con los Estados Unidos. ¡Enhorabuena!

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