Espionaje y neoliberalismo: Grandes enemigos de la humanidad

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Espionaje y neoliberalismo: Grandes enemigos de la humanidad
Fecha de publicación: 
25 Agosto 2013
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Seamos realistas: la propaganda desinformativa imperialista aún domina todo el tiempo y, pese a cuestiones escandalosas difíciles de explicar, los «malos» siguen dominando la escena internacional y hacen recaer las culpas sobre la víctima y no el victimario.
                                                                                               

              
Así, la inmensa mayoría de la opinión pública norteamericana es manejada de tal manera, que culpa a Edward Snowden por haber revelado la amplia red de espionaje norteamericano que violaba la privacidad del propio ciudadano estadounidense y accedía a secretos hasta de sus propios aliados.
                                                                  

                        
El exagente de la CIA, quien ha recibido asilo de Moscú, ha sido congratulado por el pueblo ruso por sus servicios prestados a favor de la humanidad.
                             

                                                                      
El resultado es que Estados Unidos no renuncia a seguir espiando, cambiará el método por otro más «transparente» (¿?), solo ha hecho tibias disculpas a otras naciones y seguirá haciendo de las suyas, mientras monta una campaña de difamación contra Rusia por conceder el asilo a Snowden.
                                                                     

                             
Pero no solo la maquinaria imperialista se sale con la suya en esta situación en la que redujo la ética a cenizas, tal como logró que hicieran cuatro naciones europeas —Portugal, España, Francia e Italia— en un hostigamiento al avión que conducía al presidente boliviano, Evo Morales, poniendo en peligro su vida y la de sus acompañantes, en una acción tan servil a Estados Unidos que emularía con la de las dictaduras suramericanas y centroamericanas de hace varias décadas.
                                                 

                                                                 
Y todo esto se desarrolla mientras Estados Unidos, en medio de una crisis que aún no termina, vuelve a lanzar y hace aceptar sus ya fracasadas recetas neoliberales, que solo encuentran resistencia en el grupo de naciones que construyen el socialismo y en algunas de este continente que tratan de escribir su propio destino.
                             

                
O sea, neoliberales e imperialistas son lobos de una misma camada en este juego donde se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas, con el resultado de que siempre pierde el pueblo.
                                                     

En este sentido, hay que sembrar la unidad ante la nueva embestida globalizadora neoliberal del capitalismo mundial, que ya ha tenido desastrosos resultados para las mayorías, no así para quienes la propugnan y sacan ganancias de aparentes pérdidas.
                                    

Se ha dicho miles de veces, pero no se acaba de concretar, que la primera de las necesidades es librarse por entero de sectarismos y de dogmas, porque en esa trinchera que se mueve a lo largo de un eje patriótico-nacional-democrático están presentes figuras y fuerzas disímiles, impensables años atrás.
                                                   

                 
Y todas ellas van a ser necesarias, al punto que deben quedar en la acera de enfrente solo aquellos que se identifican claramente con las políticas de dominación imperialistas.
 

                                                               
Necesidad integracionista

                                                                      

El politólogo y académico norteamericano Noam Chomsky hizo una advertencia que desde hace algunos años está siendo tenida en cuenta por gobiernos progresistas latinoamericanos: «La trampa de la globalización obliga a la formación de bloques económicos y condena a los países de la periferia a mantener severos ajustes internos para entrar a los círculos financieros mundiales, donde solo los grandes grupos empresariales resultan beneficiados».
                                                               

De ahí que los bloques integracionistas de este continente combaten al mundo neoliberal, que ha convertido al mercado en una suerte de ley material suprema, carente de ética, y por eso está regido por una guerra de todos contra todos, en la que solo sobreviven los más aptos. Nada extraño resulta que se proteste contra injerencias neoliberales que tratan de usurpar propiedades estatales, tal como se intenta ahora con Petróleos Mexicanos, para citar el más reciente ejemplo.
                               

Y es porque no tiene nada de avanzado, nada de liberal, ni es libre como predican sus sacerdotes, con sus cantos de sirena de esperanza y de salvación de la pobreza. Las corporaciones más depredadoras son las que prevalecen y se reproducen transnacionalmente, expandiendo sus ganancias.
                                                              

             
Se trata de un juego en el que no hay cooperación, solidaridad ni regulaciones sociales. Se gana o se pierde. Ganan los individuos y las empresas más aptos, más competitivos. Los más débiles quiebran o quedan desempleados.
                                                                                     

No hay mejor ejemplo para demostrar la falsedad del liberalismo que las intervenciones de la Secretaría del Tesoro norteamericano, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), en contra del libre mercado para rescatar a los inversionistas globales de las crisis financieras, como lo hicieron hace algunos años en México, el sudeste asiático, Brasil y Rusia.
                                                                                                   

Ello tiene semejanza hoy con los «rescates» financieros a las naciones europeas en crisis.
                                                                                        

              
Porque sin importarle nada, el imperialismo seguirá ejerciendo todo tipo de espionaje, desde el más burdo al más sofisticado, no solo contra los pueblos, sino también en función de birlar inversiones y negocios; así, como cada día, en manada, sus banqueros, ejecutivos, inversionistas, especuladores, y elementos que viven del pillaje, hacen circular millones de dólares (en operaciones de bolsa, divisas, bonos o créditos) desconectados del comercio y de inversiones directas productivas para crear empleo.
                      

                                                   
El asunto es ganar mucho y más rápido con un comportamiento devastador. Pero cuando pierden, a ellos no se les aplican las leyes del libre mercado, que tiene una manera «eficiente» para castigar las especulaciones riesgosas, que se llama bancarrota.
                     

Espionaje y neoliberalismo al servicio del Imperio, grandes enemigos de la humanidad.

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