Estados Unidos, en busca de una cura

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Estados Unidos, en busca de una cura
Fecha de publicación: 
20 Marzo 2013
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Masacres, tiroteos, robos a mano armada son titulares cada vez más frecuentes en la prensa estadounidense. El ataque a la ex legisladora de Arizona,Gabrielle Giffords, que dejó doce heridos y seis muertos; los asesinatos masivos en una sala de cine de Colorado y en un templo en Wisconsin; la matanza de veinte niños en una escuela de Connecticut son lamentables sucesos que llamaron la atención sobre el nivel de violencia en Estados Unidos.

 

En ese país cada año mueren 30 mil personas por armas de fuego, mientras 70 mil resultan heridas. Ante este panorama Barack Obama abrió su segundo mandato con una promesa a incrementar el control sobre la tenencia de armas. Unas veinte propuestas forman la más ambiciosa ofensiva promovida en este sentido en las últimas décadas.

 

No podemos esperar a un nuevo Newtown” se ha convertido en el lema de Obama para incentivar a los congresistas a la adopción de medidas concretas. El presidente, para varias, está intentando cumplir su promesa.

 

La iniciativa de la senadora demócrata Dianne Feinsteinde prohibir la fabricación y venta de armas de asalto ya superó un obstáculo en el Senado de Estados Unidos. El texto, que prohibiría la fabricación, importación y comercialización de fusiles fue aprobado diez votos contra ocho en el Comité Judicial del Senado.

 

Pero la victoria en esta batalla no garantiza el éxito en la guerra. Las posibilidades de que la medida sea concretada continúan siendo muy reducidas. Hay una realidad que no puede ignorarse: el Comité Judicial está controlada por una mayoría demócrata. La propuesta, proveniente de ese mismo partido, no ha sobrepasado el bloque republicano.

 

Los conservadores votaron en masa contra la ley, como es habitual su posición es justo la contraria a la de su enemigo antagónico. En este caso aseguran que la ley sería una violación a los derechos ciudadanos defendidos en la segunda enmienda de la Constitución.

 

Además, afirman, las armas de asalto intervienen en una pequeña cantidad de los crímenes cometidos con armas de fuego. Entonces ¿las vidas perdidas en estos “pocos” sucesos no cuentan? Por lo visto los intereses partidistas nada tienen que ver con los de la población estadounidense.

 

Otras medidas promovidas por los demócratas como la verificación de la identidad del comprador en toda adquisición de armas; la penalización de quienes las adquieran a nombre de otras personas y créditos suplementarios para reforzar la seguridad en las escuelas también han obtenido el beneplácito del Comité Judicial.

 

Lamentablemente las probabilidades de que todas estas leyes tengan un final feliz son ínfimas. En los debates celebrados sobre el tema, la necesidad de poner coto a la violencia queda subyugada por el afán de los representantes de ambos partidos de intercambiar comentarios ofensivos y ridiculizar al contrario.

 

De cualquier manera viene a bien preguntarse ¿tendrán estas leyes un efecto real en la disminución de la violencia? La respuesta no puede ser completamente positiva; de hecho varias de las medidas llegan con un fallo de origen: solo se refieren a las armas que serán vendidas en un futuro.

 


Los más de trescientos millones de pistolas y fusiles que actualmente están en manos de civiles en todo el país seguirán a disposición de los criminales. El arma que una persona compró con el único fin de defenderse podría terminar con la vida de muchas personas.

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