Ventana mundialista de baloncesto: La cara cubana del éxito

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Ventana mundialista de baloncesto: La cara cubana del éxito
Fecha de publicación: 
24 Febrero 2020
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Cuba continúa con vida en la ventana mundialista de baloncesto rumbo al Mundial de 2021. No pudo regalarles la victoria a sus parciales en el coliseo de la Ciudad Deportiva (cayeron 64-80), pero le asestaron un duro golpe a Islas Vírgenes estadounidenses 91-64 (22-10, 20-16, 19-17 y 30-21) a domicilio.

Y sí, los nuestros revolucionaron su accionar en apenas 72 horas para, en una lección de juego colectivo, desbancar a los isleños y casi sentenciar sus aspiraciones de continuar a la segunda fase de este sistema clasificatorio.

Hablamos de juego colectivo, prestancia bajo los tableros, acierto en la conducción por parte de Yuniskel Molina (repartió nueve asistencias) y Karel Guzmán, y lo más notorio, un Yoel Cubillas intratable en la zona pintada.

Cumplieron los comandados por José «Pepe Ramírez» con casi todos los postulados que planteamos serían cruciales en su afán de conseguir la victoria.

A su rotación certera del balón, mayor efectividad en los tiros de campo y más allá del perímetro, y capacidad para controlar la velocidad de sus oponentes en las ofensivas rápidas o contragolpes, añadieron una férrea defensa capaz de desarticular el juego interior de sus oponentes, quienes tuvieron que depender casi exclusivamente de su habilidoso armador zurdo Walter Hodge (23 cartones-siete asistencias).

Hablábamos del dominio en los diferentes indicadores de juego colectivo de los antillanos, que, desde que pisaron la duela en Islas Vírgenes, demostraron una sed de triunfo y mentalidad ganadora, en consonancia con el desenlace definitivo.

Los números lo constatan, pues Cuba lanzó para el 51% en tiros de dos puntos (de 45-23); exhibió 32% en triples (9 en 28), y todavía en calidad de asignatura pendiente compiló para el 69% desde la línea de los suspiros (18 en 26). Redondeó esos rubros con 50 rebotes, 19 asistencias y ocho robos de esférica.

Del lado opuesto, los anfitriones se mostraron erráticos, sin poder vulnerar los planteamientos de gardeo personal y por zonas indistintamente aplicados por los nuestros, y sobrecargando entonces el virtuosismo de Hodge.

Dan fe de la afirmación su 36% de dos (16 en 45); solo 21% en triples (de 24-5); y el 74 en tiradas libres (de 23-17), señal de que fueron menos a la línea de cobro que los nuestros.

Completaron sus guarismos con 44 rebotes, 13 asistencias y solo tres robos, en la totalidad de los indicadores, con excepción de los libres por debajo de los de la Mayor de las Antillas.

Hubo algo crucial desde mi perspectiva: el oxígeno y visión de los perimetrales, conjugados con la paciencia para hallar al mejor hombre en posición de tiro, incluso sacando la pelota desde la zona de restricción hacia afuera.

Recordemos que en el primer desafío solo se anotaron dos triples en 32 intentos, muchos de los cuales se tomaron sin el debido movimiento del balón o bajo presión extrema y sin conectar con los mejores tiradores o aquellos en posición más holgada.

Esto entró en correspondencia con el sólido trabajo de Cubillas y Rivero, ambos autores de doble-doble.

Cubillas emergió como un hueso infranqueable en la pintura, con 21 puntos, 19 rebotes, y cuatro de los siete bloqueos propinados por los nuestros, dueño del canasto en toda la extensión de la palabra y luchando cada balón.

Le secundaron igualmente con doble-doble Jasiel Rivero (18-10) y Yoanki Mensía con una veintena de cartones, incluidos tres triples y cinco capturas bajo las tablas.

Un reflejo de ellos fue el dominio en materia de encestes en la pintura de los nuestros 44-32, y los puntos conseguidos por concepto de segundas oportunidades (19-11).

También cometieron menos pérdidas (11-13) y dominaron el score todos los cuartos, llegando a tener como mayor ventaja una de 27 unidades y no permitiendo libertades ni igualdad en el marcador siquiera a sus oponentes nunca.

Es válido reconocer lo que es justo. Si acá en casa el juego colectivo de los cubanos dejó mucho que desear, en Islas Vírgenes dieron una lección en toda la ruta de cómo revertir una primera imagen negativa, superando incluso la barrera de 90 cartones en los 40 minutos reglamentarios, algo insospechado en performances anteriores, más loable aún dada la ausencia de un jugador medular como Javier Jústiz.

Con ese desenlace, nuestro quinteto se mantiene con vida en la ventana mundialista y devuelve la fe a sus adeptos. Además, si materializa un desenlace favorable ante República Dominicana o Canadá, más remoto, pero no imposible, teniendo en cuenta la posible incorporación de Jústiz, pudiera incluso avanzar entre los dos agraciados directos a la siguiente ronda.

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