Leslie Anderson: De la reinserción al sueño-dejavú del equipo Cuba

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Leslie Anderson: De la reinserción al sueño-dejavú del equipo Cuba
Fecha de publicación: 
15 Febrero 2020
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Leslie Anderson tiene porte de grande. No lo digo por su condición física, la elegancia de siempre al vestir su uniforme, ni por el hecho de haberse probado y tener resultados en el béisbol de todos los niveles: entiéndase Series Nacionales, equipo Cuba, MLB, Ligas del Caribe y Liga Profesional Japonesa.

Lo digo por el brillo de sus ojos al hablar sentado en una butaca del estadio Latinoamericano, por esa sed de triunfo que aún conserva, a pesar de sus 37 años, por un retorno soñado para cualquier pelotero, uno que incluyó discutir el campeonato con Camagüey y estar luchando a brazo partido para integrar nuevamente la armada tricolor.

Es un jugador que ha pasado por mucho, pero que aún posee combustible en el tanque, además de una maestría incuestionable y ganada con los años en los escenarios antes mencionados.

Arrastrando su batera, cayéndole las gotas de sudor luego de una ardua sesión de gimnasio, siempre con la mirada hacia el diamante, Leslie dialogó con CubaSí:

—¿Cómo fue el fenómeno de reinserción en Series Nacionales?

—Fue un poco difícil. Tuve que hacer un proceso de adaptación a la inversa, retornar a comprender y pulsar el béisbol cubano. Cuando me fui, me pasó algo similar, pero al béisbol profesional, donde la velocidad predomina mucho, así como lanzadores con dominio del cambio.

«Acá los pitchers son más de curva y slider, pocos emplean otros rompimientos como el tenedor, screw ball. Se trató de actualizarme con la velocidad. En esos otros torneos, siempre cuentan con pitchers del séptimo inning en adelante capaces de tirar 96 millas o más. Acá es difícil encontrar más de uno sobre ese rango.

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«Esencialmente, tuve que hacer ajustes en la mecánica de bateo, con los tiempos, la aceleración del swing y el enrosque, a tono con los rompimientos.

«En mi caso, nunca he sido jonronero; por lo tanto, el trabajo debía ser mayor para que, cuando lograra conectar la bola, me caminara un poco más».

—Pelotero de 37 años, ¿cómo has logrado, durante tantos años, mantener la forma deportiva? ¿Cuánto incidió el rigor de la profesionalidad vivido en otros niveles de béisbol?

—La formación que recibí acá en Cuba valió mucho. Decidí probarme en otros niveles con 27 años. Acá siempre hemos contado con excelentes preparadores físicos e históricamente nos hemos caracterizado por desarrollar buenas preparaciones. Esa fue la base para llegar al béisbol profesional. Lo que aprendí acá, mezclado con otras herramientas que adquirí allá, me hizo el camino más fácil.

«La diferencia está en que allí eres tú más solo. Tu rendimiento depende de ti; por ende, el diseño de trabajo, la planificación… todo debe ser para ti.

«Lo mejor creo que fue tomar lo positivo de ambos sistemas. Siempre tuve mis lesiones, sobre todo en el béisbol japonés. Allí se trabaja mucho, creo que en exceso: hacer infield todos los días, sesiones de tiro a las bases. Cuando el cuerpo no es el mismo, choca. Después de una carrera y adaptación a Cuba, en Estados Unidos, la metodología de Japón, pese a considerarla muy buena, me produjo un poco de desgaste por la excesiva exigencia».

—Ese componente ¿cómo se ha comportado acá desde tu regreso?

—Con tanta experiencia y a mi regreso, se colegió con los entrenadores trabajar sobre aquellas cuestiones que consideramos necesidades, personalizamos el trabajo, fundamentalmente buscando entrar en el peso corporal cercano a lo ideal. Llegué fuera y eso se reflejó en un bajón de rendimiento que tuve en la segunda fase de la Serie.

«El trabajo diario me fue dictando el camino; la confianza del director Miguel Borroto fue fundamental para luego ver como todo se me fue dando, y levanté el rendimiento en los play off».

—Dos etapas en el béisbol cubano, tránsito por todos los niveles del profesionalismo, ¿qué lanzadores se te han hecho más difíciles de conectar?

—Acá, en estos momentos, el tunero Carlos Juan Viera se me hizo complicado. Me era difícil descifrarle el ángulo de salida de los lanzamientos, tiene de esos wind-up que se dice esconden lo que tiran, además de una bola rápida que supera las 90 millas.

«Para mí todos fueron difíciles en esta campaña porque a muchos no los conocía ni tenía referencia alguna. De hecho, tuve mayores posibilidades con aquellos que todavía se mantienen en activo desde cuando estaba acá en Cuba que con los muchachos jóvenes».

—¿Y de aquel tiempo?

—En aquel tiempo uno tenía más hambre. Solía pararme en el cajón de bateo a «fajarme» con todos… Para mí, el zurdo cienfueguero Adiel Palma era prácticamente imposible. De forma general, los lanzadores zurdos me complican un poco más los turnos al bate, pero él era bien difícil.

—¿Cómo te caracterizas empuñando en el home plate?

—Siempre he sido un pelotero de tacto y average, que conecta mucho para la banda opuesta. En el béisbol profesional tuve que adaptarme a darle para arriba a la bola, pese a no tener un swing de slugger. Sucede que cuando le pego bien, camina. Soy un bateador de muchos extrabases, dobles.

«Con el tiempo, al ganar tanto en masa muscular, me cierran menos, y tampoco creo que haya muchos lanzadores que lancen bien pegado, salvo casos contados como Freddy Asiel Álvarez. Todo está en salir preparado para pegarle a ese o a cualquier lanzamiento: guerra avisada no mata soldado.

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«Soy un pelotero de experiencia y me concentro más en batear los rompimientos porque cuando le hago swing a una recta y conecto de jit, luego son pocos los pitchers que repiten ese lanzamiento para dominar, por la mentalidad o temor de recibir un batazo grande. Sin embargo, con la edad, es indiscutible que uno va perdiendo aceleración en el swing».

—¿Qué perspectivas de clasificación olímpica le ves a la preselección, de cara al preolímpico de Arizona o al de Taipei, si tienen una segunda oportunidad?

—La preselección creo que se conformó lo más completa posible, con los mejores bateadores y lanzadores de la actualidad. Combinación de experiencia y juventud con leyendas como Cepeda, Alexander Ayala, Raúl González, Despaigne y Gracial. Sucede que vamos a un torneo difícil y con el sedimento de las cosas que no nos han salido bien desde hace años.

«El béisbol en el área es muy similar, acostumbrados estamos a jugar con esa picardía y agresividad de los peloteros latinos y caribeños. Eso sí: no nos enfrentamos a un pitcheo de mucho nivel regularmente y eso nos ha pasado factura con anterioridad.

«Anímicamente, estamos bien. Existe la mentalidad de que podemos salir al terreno a luchar ahora en Arizona y si no, luchar uno de esos dos boletos para el de Taipei. Creo que los 24 que elijan tendrán calidad suficiente para enfrentar ese certamen».

—¿Feliz con la oportunidad que te dio la vida de jugar de nuevo con Camagüey en Series Nacionales, disputar una final de Campeonato y ahora integrar una preselección?

—Indiscutiblemente, para mí llegar a la final de la Serie, algo a lo que aspiran todos los peloteros cubanos, ha sido lo más lindo de mi regreso. Este retorno fue fundamentalmente por un compromiso que hice con mi difunto padre, fallecido hace un año y nueve meses.

«Él siempre me pidió que jugara los últimos años de mi vida en la pelota cubana. Es sinceramente de lo más lindo que me ha pasado en mi carrera, ¿y qué mejor premio que integrar una preselección y luego poder quedar entre los 24 que irán a defender a Cuba en el preolímpico?» 

—¿Primera base o jardines?

—Lo que decida la dirección del equipo, si, en definitiva, lo hago. Primera, jardines, designado o emergente… lo que sea. En lo personal, me gusta más la primera o designado, pero para mí es el lugar donde Leslie Anderson le pueda ser útil al equipo.

La conversación pudo haber durado par de horas. Leslie, con esa muletilla del cubano: «tú sabes», es muy locuaz y diáfano, y recuerda cada momento de su carrera al detalle.

Una que para nada ha sido color de rosa o ha dependido exclusivamente de su talento y estadísticas.

Con la casaca del Cuba tuvo el aval y las experiencias supremas de los Clásicos Mundiales del 2006 y el 2009. «El del 2006 fue lo más grande de mi vida. Jugar contra todos esos “monstruos” fue una prueba durísima. Sucede que los japoneses y nosotros llegamos en mejor forma por la fecha en que se disputó el torneo. Conjugamos eso con el hecho de tener en la nómina a jugadores de primer nivel. De hecho, los restantes equipos de América no comienzan la pretemporada en serio hasta marzo».

Lamenta no haber podido hacer el equipo a los Olímpicos de Beijing 2008, y se mostró sumamente agradecido con el apoyo recibido por Alexei Ramírez a su llegada a los Estados Unidos.

También recuerda con sumo placer el haber compartido junto a Frederich Cepeda en los Gigantes de Yomiuri del béisbol nipón.

Confiesa que ha tenido que tomar decisiones muy difíciles en la vida, como la de abandonar Cuba con 27 años, cuando ni siquiera pesaba en su mente la idea de probarse en Grandes Ligas.

Se vio envuelto en una desagradable situación asociada a un intento de salida ilegal del país, y el temor de no poder jugar más pelota en Cuba lo forzó a esa determinación.

Otro momento gris lo vivió en la MLB, pues, pese a demostrar buenos rubros con las sucursales del Tampa Bay Devil Rays, nunca fue llamado al roster del primer equipo. Su sueño de jugar en Grandes Ligas se vio truncado.

Esas son algunas pinceladas de la vida de este singular pelotero. Al verlo sobre el césped del Latino entrenando con la preselección, vi esa misma hambre con la que irrumpió en nuestros clásicos y escaló hacia planos estelares.

La despedida a ritmo de números:

En nueve clásicos domésticos compiló para 328 de average, con OBP-416 y SLG-486. Además, disparó 85 cuadrangulares, con 168 dobles, 16 triples y 473 carreras empujadas (casi 53 por torneo); anotó 470, y su relación ponches-boletos fue de 345-397.

Algunos indicadores en todas las organizaciones en las que ha militado se fijan en: 801 anotadas; 1 743 indiscutibles (incluidos 311 biangulares, 19 triples y 166 batazos de vuelta completa); 863 fletadas, 722 veces retirado por la vía de los strikes, y 610 transferencias recibidas, además de 2 590 bases recorridas, según datos aportados por www.baseball-reference.com.

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