La Habana amaneció con bombardeos de funky en La Tropical

La Habana amaneció con bombardeos de funky en La Tropical
Fecha de publicación: 
18 Enero 2020
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Bajo el liderazgo del cubano Cimafunk, el pelotón causante de la metralla musical estuvo integrado por las alineaciones The Soul Rebels, Bank and the Gambas y Trombone Shorty, todas procedentes de la ciudad de Nueva Orleans, Estados Unidos.

El espectáculo con el nombre de Getting Funky in Havana y presagiado como un show único nunca antes visto, cumplió con creces su premisa y dejó bien en alto el virtuosismo de sus protagonistas.

Ningún grupo disparó con balas salvas. Cada salida fue certera, cada tiro buscó su blanco y dio justo en el centro del corazón de los melómanos quienes se entregaban complacidos por ser testigos de semejante suceso que ya se puede validar con certeza de histórico.

La Academia Trombony Shorty abrió con todo ráfagas la noche y en la euforia del público se reveló la satisfacción por la avidez de los jóvenes intérpretes, pura fuerza y excelencia en escena.

Después de una pausa animada con ritmos de disc- jockey, volvió el aluvión de alaridos que dio bienvenida a un comando de sobrada experiencia en este tipo de ataques masivos: The Soul Rebels.

El colectivo, dueño de un estilo renovado y auténtico que se alimenta de las sonoridades tradicional de su ciudad para crear ritmos más contemporáneos, lució parte de su arsenal musical con buena dosis de jazz, rock, rap y, por supuesto, soul.

A ellos se sumó Cimafunk y el también estadounidense Troy Andrews, un ser de esta galaxia devenido filántropo, productor, actor, trombonista y campeón de los instrumentos de metal viento que, a juzgar por su talento, pareciera enviado de otro mundo.

Semejante alianza despertó aún más las tensiones. Gritos, tarareos, bailes, puños arriba, saltos hicieron cómplices a artistas y espectadores.

Casi pegado a la media noche, otra carga de dinamita reventó en escena cuando subió Tank and the Bangas con un performance suigéneris que causó asombro para quienes desconocían su estética y despertó más de una exclamación.

Su asombrosa front woman y la fantástica banda que le secunda dejaron muchas bocas abiertas, varios ojos encandilados y cientos de oidos agradecidos de escuchar la excepcional revelación de técnica y fuerza musical y escénica.

La tropa de Erick Iglesias fue la encargada de poner el punto final y puso a disposición de los presentes temas populares de su discografía y nuevas producciones.

Entonces vino la fusión y todos los convidados se unieron. Aquella banda gigante lució armónica, acoplada, feliz.

Cubanos y estadounidenses mezclaron su pólvora en un mismo cañón, lo hicieron estallar y estallaron con él como ejército unido dispuesto a perecer en defensa de un mismo ideal: la música.

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