DE LA HISTORIA DEPORTIVA: Gertrude Ederle se llena de gloria por fin

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DE LA HISTORIA DEPORTIVA: Gertrude Ederle se llena de gloria por fin
Fecha de publicación: 
20 Enero 2020
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La estadounidense Gertrude Ederle es la favorita para las pruebas de natación estilo libre en los VIII Juegos Olímpicos, acogidos por París en 1924. A sus 19 años- nació el 28 de octubre de 1904- ha logrado tiempos magníficos. Los expertos le han colgado el cartelito. Basta de frases: acompáñeme a la batalla en la piscina...

Final de los 100 metros de esta modalidad. Las competidoras se lanzan al agua. Con sus cuerpos van las ansias, las esperanzas, las aspiraciones. La pretendiente mayor enca... ¡Mi madre, se rezaga…! La sobrepasan sus compatriotas Ethel Lackie y Mariechen Wehselau al lograr 1:12.4 y 1:12.8.

Para la Ederle, el bronce, con un minuto, 14 segundos y dos décimas. Pero si ella paraba los relojes en menos tiempo... De nuevo la vida con esa costumbre de mofarse de los entendidos.

Bueno, le quedan los 400. Le pone todo y... debe conformarse con otro escalón tercero porque ¿qué le habrán puesto Martha Norelius (6:02.2) y Helen Wainwrigth (6:03.8) que llegan antes? Para la joven de bronce, 6: 04.8. Menos mal: integra el potente seleccionado del relevo 4 x 100, aunque están las británicas, las suecas. Ni hablar: aquí el pronóstico se hace realidad, incluido el adiós a la marca mundial al conseguir 4 minutos, 58 segundos y 8 décimas, no obstante el esfuerzo de las inglesas y las de Suecia, plata y tercer sitio.

La única crítica a los llamados expertos en tanto el canto a la Ederle radica en que le dieron la espalda a la investigación. Amigos, una cosa son el papel, las estadísticas: otra, la propia existencia. En cualquier sector hay que ir a ella o usted está perdido. Una lesión, aunque ligera, había atacado: a la favorita de todos, y vino la burla a sueños y predicciones.

La muchacha se marcha cabizbaja sin que la satisfagan sus tres premios. Quería más y tenía para más, entrenó fuerte, se cuidó, fue disciplinada. Si pudiéramos alcanzarla y decirle que algún día conquistará un galardón supremo. Y ni así: ¿cómo vamos a convencerla? Tampoco la deportista tiene que redimirse como un periodista expresó, aliado a la superficialidad y lo antihumano: lo esencial es contender con dignidad, entregarse a plenitud. Ella lo ha hecho.

HACIA UN NUEVO ENSUEÑO

Estalla en su mente una ilusión nueva: cruzar el Canal de la Mancha. Ninguna mujer lo ha realizado, ni siquiera se ha atrevido. El primero en conseguir la proeza: Mathew Welb en 1875, empleó 21 horas y 45 minutos. Cuatro personas lo imitaron con éxito; muchos más fracasaron. Al opinar de los escépticos, a ese "¡Tú estás loca! Esto es para hombres duros de verdad", responde con "Las mujeres podemos hacerlo…".

Lo intenta en agosto de 1925. Cerca de la meta, flota para descansar. Quienes la acompañan la creen desmayada, acercan el bote, la socorren… ¡Descalificada! Otra vez, las frías y mediocres palabras de los descreídos. Contesta con la acción. El entrenamiento es todavía más riguroso.

Siete de la mañana del seis de agosto de 1926, se zambulle en aguas francesas del Canal de la Mancha. La envuelve una piel de oveja, lleva gafas de motociclista y una gorra. Enfrenta un mar revuelto, medusas, tiburones, los vientos, las corrientes, el frío... Catorce horas, 31 minutos después de su entrada a las olas, arriba a Inglaterra. Debió recorrer más de lo establecido: 33 kilómetros. Con tantas dificultades, su travesía no pudo ser en línea recta y según algunos cálculos se extendió a 36. La frustrada en París 1924, se convierte en la primera mujer y el sexto ser humano en conquistar la hazaña, con el añadido de quebrar el récord de la competencia.

Actos, homenajes, loas, cintillos en la prensa... Cabalgata en su honor en Nueva York, la felicita el propio presidente Calvin Coolidge. La vida de la deportista, con adiciones de ficción, al teatro y el cine; en ocasiones, ella misma se personifica. Un filme más profesional será rodado muchos años después con Esther Williams en el papel de la atleta.

Cuando Gertrude Ederle murió el 30 de noviembre de 2003, su gloria era mucho más robusta que la fama gozada por algún tiempo. Aquel esplendor es el verdadero y no se lo pueden escamotear.

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