Se nos fue La Gacela Oriental

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Se nos fue La Gacela Oriental
Fecha de publicación: 
3 Diciembre 2019
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Hoy en día es toda una quimera ver a una velocista cubana en los planos estelares, pero la santiaguera Miguelina Cobián no solo se rodeó de la elite de su deporte a mediados del pasado siglo, sino que fue protagonista en la única presea olímpica de Cuba en la velocidad para damas, en la amplia historia de la mayor de las Antillas en citas bajo los cinco aros.

Tras debutar internacionalmente como los grandes en los Juegos Centroamericanos y del caribe de Kingston 1962 (oro en 100 y plata en el relevo 4x100), dio la clarinada al avanzar hasta la final del hectómetro en los Olímpicos de Tokio 1964, algo que ninguna mujer latinoamericana había conseguido hasta entonces.

Cuatro años más tarde alcanzó el logro más importante de su carrera deportiva, al conseguir la medalla de plata junto a Fulgencia Romay, Marlene Elejalde y Violeta Quesada, en el relevo 4x100 metros planos de México 1968, tras recibir en el último tramo en la quinta posición.

Anteriormente había ganado los cetros en los Centrocaribes de 1966 y agregó otros en los de 1970 (única velocista en la historia en obtener tres medallas de oro consecutivas en pruebas de velocidad), y otros metales en Universiadas Mundiales, y aunque en Panamericanos solo se coronó en la posta, cerró su carrera con 14 preseas en citas regionales, entre las máximas premiadas de estas lides.

Desgraciadamente sufrió una seria lesión en los Panamericanos de Cali 1971 que le cercenó su carrera deportiva, con solamente 29 años, cuando podía sumar muchos más lauros a su palmarés, en especial el ansiado oro continental, pero en definitiva dijo adiós meses después con ese sinsabor.

No obstante, ya su nombre estaba escrito en tinta imborrable en el deporte cubano, al que siguió tributando después de su retiro como entrenadora, y luego en la Comisión de Atletas, hasta que la salud se lo permitió.

En noviembre del año 2005 su trayectoria fue reconocida por la Confederación Centroamericana y del Caribe, que la exaltó a su Salón de la Fama.

Tras el adiós de su generación la velocidad femenina cubana cayó en un letargo del cual todavía no se recupera y tampoco se avizora nada en el futuro inmediato, una de las cosas que la entristecía sobremanera, como nos comentó en una ocasión, en la que seguía desbordando vitalidad pese a estar gravemente enferma. Así de grande era La Gacela Oriental, a quien descubrió nada menos que el legendario corredor checo Emil Zátopek.

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