«Mi abstracción se basa en hechos reales»

«Mi abstracción se basa en hechos reales»
Fecha de publicación: 
4 Diciembre 2019
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En su más reciente exposición, en la galería Villa Manuela (H entre 17 y 19, Vedado), Enrique Báster (Holguín, 1973) recreó otra geometría, a partir de la geometría más elemental. Un empeño que, en el maremágnum de gráficos que intentan explicar el mundo contemporáneo, pareciera complejizar lo que ya es complejo.

Pero en realidad estas abstracciones poetizan conceptos perfectamente científicos, como la expansión, el movimiento, la velocidad, el desplazamiento. Todo para evocar esa permanente mutación que caracteriza a las sociedades actuales.

Conversamos con el artista, justamente rodeados por sus obras.

—¿Hasta qué punto se puede hablar de abstracción total en su arte?

—A mí me gusta decir que hago una abstracción basada en hechos reales. Mi proceso creativo parte de dejarme «afectar» por la realidad. Y entiéndase eso de realidad en su más amplio espectro: desde una información noticiosa, pasando por las imágenes tecnológicas, hasta las pequeñas rutinas de la cotidianidad.

«Cuando encuentro el tópico, pues lo “devuelvo” desde el lenguaje del arte, desde esa abstracción».

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—¿Y esa abstracción que «devuelve» no implica un planteamiento más allá de la pura estética?

—Por supuesto. En mi idea del arte hay dos nociones que van siempre al unísono: el hecho puramente estético y los contenidos y sus significados. Estoy convencido de que nunca estarán reñidos. Si hago abstracción, no es porque quiera hacer un arte escapista, que eluda sus contextos. Lo que trato es ofrecer otra perspectiva de esa realidad.

«Claro, eso es mucho más subjetivo. No me interesa hacer la crónica. Me interesa más hacer “poesía” desde el análisis de esa realidad».

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—¿Cómo llegó a esa determinación?

—Obviamente no sucedió de momento, fue paulatino, un proceso. Yo vengo de una formación académica, y en un momento determinado quise hacer una regresión en mi propia obra. Quise ir al principio para rescatar ese análisis más estructural, más básico, de las formas geométricas. De hecho, todo comenzó en la geometría.

«Noté que esa geometría elemental estaba presente no solo en la arquitectura, sino en muchas de las cosas que nos rodean. Hemos escogido una geometría para vivir, que representa una estabilidad, una noción de orden.

«Me interesó poner en crisis ese equilibrio. Mis obras comenzaron a hablar del caos, a partir de la repetición de estas figuras básicas. A veces eran solo cuadrados que se iban sobreponiendo. Y esa acción se iba volviendo caótica. Ese suceso puramente formal me permitía establecer un diálogo con la realidad.

«Mis obras le permiten, entonces, al espectador relacionar ese contrapunto, esos contrastes… con contrapuntos y contrastes de su propia cotidianidad. Y más allá, con acontecimientos históricos, sociales, políticos…»

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—Pero viendo las obras no pareciera que fuera un caos por el caos. Más bien parece un caos para algo…

—Efectivamente. En la serie que exhibí en Villa Manuela el proceso es importantísimo. Parto de un tópico tradicional en la pintura: la mezcla en el uso del color. La manera en que lo aplico, esa manera frenética, me permitía crear una especie de tramas que en su culminación trazaban cierto camino. Era imposible que se quedaran en su autorreferencialidad.

«Uno no puede evitar que salten a la vista ciertas alusiones. Hay un interés muy grande por la fragmentación, por la mezcla, por la pugna entre luz y sombra».

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—Los títulos ayudan…

—Uno nunca debería subestimar los títulos de sus obras. Hay que estudiarlos. Yo siempre los asumo como una ventana, una posibilidad… Más que convencer con una afirmación, pretenden interrogar. Me interesa mucho esa capacidad cuestionadora del arte.

«Cuando yo exhibo la obra, la pelota está en el terreno del espectador».

—O sea, ¿asume que el arte está para interrogar? ¿Hasta qué punto debe ser contraparte de eso que llamamos la realidad?

—No me interesa la obra que desde el primer momento plantea una verdad «absoluta», única, explícita… No me interesa el arte que da lecciones de vida, de comportamiento. Yo asumo el arte como un mundo paralelo, que tiende puentes. Y eso no tiene que ver con los estilos.

«¿Por qué, después de tantos siglos, la Gioconda sigue diciéndonos tanto? Porque instaura otra realidad, no del todo descifrable. Ya lo dijo el poeta: de lo posible se sabe demasiado. Por eso necesitamos el misterio del arte».

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—El arte, para usted, ¿es placer, necesidad o trabajo?

—Primero es una necesidad, yo diría que casi fisiológica. Yo no me puedo librar de esa necesidad. Ni quiero. Pero ese momento de pintar es puro placer. Yo no voy a la pintura porque considere que es medio para lograr algo más. Es placer total.

«Claro, en ese placer hay responsabilidades. Con la calidad de tu obra, con tu medio...»

—¿Cree que ya pueda hablar de un estilo conseguido, consolidado, definitivo?

—Más que un estilo, yo creo que hay una identidad, que parte de la pretensión de no falsearme nunca como artista. Voy a la pintura desde la sinceridad. Si al final logro convencer al espectador de eso, estaré plenamente satisfecho.

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