ESCENARIO: Maneras de reinventar la tradición

ESCENARIO: Maneras de reinventar la tradición
Fecha de publicación: 
14 Noviembre 2019
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Muchos le piden al Ballet Nacional de Cuba (BNC) una reinvención que podría implicar hasta una ruptura con su tradición. Y hay consenso en que hace falta renovación en el repertorio (actualización, matizan otros), pero, ¿se pueden ignorar las marcas de identidad de una compañía emblemática en el panorama escénico de la región? Ahí está la cuestión.

La más reciente temporada en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso pudiera ser una señal alentadora para los que claman continuidad con cambios. Junto a la reposición de clásicos (El poema del fuego y Las sílfides) subieron al escenario dos estrenos en Cuba de coreógrafos extranjeros que con cierta audacia rinden tributo al acervo del ballet.

Concierto DSCH, del ruso Alexei Ratmansky, resulta un homenaje a ese pilar (podría decirse que el principal) de lo que conocemos como ballet americano: el inmenso George Balanchine. Sobre una partitura profusa y hasta cierto punto ardua de Dmitri Shostakóvich, el coreógrafo crea un entramado pletórico de énfasis y dinámicas cambiantes.

A primera vista se trata de “traducir” la música, pero es notable también cierta vocación aristotélica que distancia la pieza de la pura abstracción (si es que podemos hablar de pureza en la abstracción). El espectador puede encontrar una lógica más allá del movimiento, encarnada en pequeñas historias sugeridas desde el humor.

La pauta neoclásica se “contamina” con otras referencias más contemporáneas, pero sin llegar nunca a desdibujarse. La organización del grupo en su alternancia con los solistas tributa alegremente a la tradición de las grandes compañías neoyorkinas. Quizás el mayor extrañamiento sea el hermoso adagio, que introduce un lirismo contrastante.

El elenco de la compañía ha asumido la obra con entusiasmo y suficiencia, por más que el estilo le plantee no pocos desafíos, sobre todo al cuerpo de baile. Balanchine honró a Petipa, pero al mismo tiempo lo dinamitó. A todas luces los bailarines del BNC están más cómodos con Petipa; salir de la zona de confort siempre es un reto. Ojalá se multiplicaran las oportunidades de hacerlo.

El otro estreno de la temporada, Love Fear Loss, del brasileño Ricardo Amarante, propuso un “formato” visto una y muchísimas veces: otro “ballet con piano”. Hay una lista considerable de piezas con estos presupuestos en el repertorio del BNC, incluso con estructura casi idéntica: sucesión de dúos con pianista sobre el escenario. Pero esa circunstancia ni le quita ni le pone.

En apoteosis del neoclásico (también “aderezado” con ciertas audacias en el vocabulario y la sintaxis), Amarante pulsa resortes muy efectivos, ligados a la sensibilidad de buena parte del público y su fascinación con los eternos altibajos del amor y la pasión. Es sencillo y diáfano el núcleo dramático… y está muy bien planteado.

Marcos Madrigal se prodigó en el piano y las parejas bailaron con arrojo: bastó para redondear la emotividad de una música que de por sí evoca.

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