Bolivia: Defendiendo la identidad

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Bolivia: Defendiendo la identidad
Fecha de publicación: 
14 Julio 2020
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Bolivianos mueren por falta de atención médica durante la pandemia.

Cuatro meses después de haber sido detectada la epidemia del nuevo coronavirus COVID-19, el espurio régimen golpista de Bolivia autorizó la compra de insumos para combatir a una pandemia que ha asolado a la ahora abandonada nación suramericana, donde los infestados y muertos se cuentan por miles.

Coincidentemente, la compra fue autorizada poco después de que se informara que la autotitulada presidenta fuese detectada con el virus, al igual que ha sucedido con numerosos ministros y viceministros. El hecho ocurre a pocos meses de unos comicios en los que el hoy opositor partido Movimiento al Socialismo (MAS) está al frente en las encuestas, a pesar de la persecución, encierros carcelarios y confinamiento en embajadas de algunos de sus líderes y simpatizantes.

El propio mandatario depuesto, Evo Morales, exiliado en Argentina, está siendo víctima de sucios manejos judiciales para evitar la postulación a un Parlamento que sigue teniendo mayoría de su partido.

En cuanto a la epidemia, está ha revelado la ineptitud del régimen impuesto por el Imperio, con cómplices en el Ejército y la Policía, ya que ha sido incapaz de mantener abiertos cinco hospitales especializados de La Paz, por estar insalubres y contagiado su personal.

Además, está muy presente como el grupo fascistoide expulsó a los médicos cubanos, reconocidos por su abnegación, no sin antes detener a algunos y amenazarlos con maltratos.

Por estos días vuelven a surgir las protestas populares contra la falta de previsión del régimen y su abierta política de privatizar lo que ya Evo Morales, un presidente indio, había recuperado para el pueblo, principalmente para la masa indígena.

Entonces, quedó claro como el sector más humillado en la historia de Bolivia, en algunos tiempos amenazado hasta el extermino, condenados hasta denominarlos indios sin alma, se integró a un movimiento social junto a los maestros, obreros y otros sectores sociales, para salvar a Bolivia.

Y es que la transformación boliviana se consolidó desde el inicio de una liberación política que comenzó con la implementación de la nueva Constitución Política del Estado, mediante una Asamblea Constituyente; y tras vencer a la derecha y el injerencismo de la Embajada de Estados Unidos, con la decisiva ayuda de mineros, comerciantes transportistas, y especialmente al movimiento campesino conocido como el Pacto de Unidad, todos los cuales aprobaron el proyecto de refundación de Bolivia, sometido al voto del pueblo.

En lo social, antes lo poco que quedaba en Bolivia se privatizaba, pero con el movimiento revolucionario hubo superávit y los recursos económicos volvieron al pueblo.

Ello hizo disminuir el nivel de la pobreza en 22% y, antes del golpe, se luchaba por un desarrollo sostenible que desterrara la inseguridad en los sectores más vulnerables a una crisis económica global.

Evo, un indio, dio el verdadero poder a todo el pueblo, logró el apoyo de todos los integrantes de la Unión de Repúblicas Suramericanas (UNASUR) y fustigó a las naciones que no quieren cumplir o no forman parte de los acuerdos para evitar el deterioro medioambiental.

De Evo, de Bolivia, se seguirá hablando, porque aún permanece en pie de lucha ante los fascistas que hoy tienen el poder, y que, por mucho que traten, no podrán quitar al indígena su logro de la identidad.

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